Bueno, pues

Por Gustavo Mérida / Ilustración Rosenvelt Collazos

“Este grito colectivo no debe de parar hasta que aparezca el compañero Carlos Lanz”.

Era miércoles. Como todos esos días, al mediodía, un colectivo, con banderas, zancos, consignas, recorre las 4 esquinas de la plaza Bolívar.
Los acompaño. Desde la esquina de Gradillas, con las ventanas abiertas, en la redacción, se escucha clarito. De Gradillas a Monjas, las otras ventanas abiertas de la casa donde reside el poder eclesiástico, debieron ser puente comunicante. “No estamos desfilando, estamos protestando”. En el Concejo Municipal, ventanas abiertas. Una puerta abierta en un 50%. De Las Monjas a Principal las fachadas van cambiando; puertas y ventanas cerradas de la Casa Amarilla; de Principal a La Torre, la casa sede del Gobierno del Distrito Capital, por donde pasa todo el mundo, incluyendo este colectivo (Carlos Lanz lleva 7 meses desaparecido), tiene puertas muy bonitas y llamativas. Las ventanas, todas con vidrios, no permiten el paso de otra consigna, que empezaba así: “Conversaíto, conversaíto…”. Lo que sucede es que, y Nicolás Maduro lo hizo una vez en una marcha, hay consignas en las que es mejor que quién las vocea, lo diga. Él cedió el parlante. Yo solo sé como termina la cosa si se hace como termina la consigna.

En la Catedral de Caracas sucedía la misa. Los últimos de las filas, como pasa a veces, son los que se enteran de primero. En Gradillas, una oficial de policía, muy joven, pregunta de qué se trata. Uno que otro transeúnte se acerca a preguntar, porque el apuro no da tiempo de oír todo el mensaje. Toda la gente de la plaza lo sabe ahora. Los tapabocas impiden recuerdos de los encuentros entre militantes del Movimiento 80 y Ruptura. “¿Y tú eres tal?” (Ponga usted aquí un apodo con el nombre de un animal; digamos que un zamuro, aunque no era. Nunca le pregunté si podía contar ese encuentro). “No; soy…”

Y se alegraron del reencuentro.

ÉPALE 401