Bye, Bye, Miss American Pie

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez

Se aproximan las elecciones en Estados Unidos y es primera vez que el panorama luce sin muchas esperanzas. Nuevamente entran en disputa los contendientes de las toldas republicana y demócrata, quienes han venido gobernando desde hace varios lustros, pero ninguno de sus representantes inspira mucha confianza.

Por un lado, está el actual presidente de la república, Donald Trump. Se pudiera decir que este ha sido el primer mandatario más controvertido e impopular de la historia de Estados Unidos, quizás desde los tiempos de Richard Nixon. Durante su mandato se perpetraron agresiones contra Siria, se ensañó en el bloqueo contra Venezuela y extremó medidas contra los migrantes ilegales en el país. También cuenta en su haber el hecho de que Estados Unidos se encuentra, quizás, en la peor situación económica de todos los tiempos. El racismo se exacerbó en estos últimos años a niveles extremos y se estimuló el odio e intolerancia. Por otra parte, su gestión de la covid-19 ha sido un rotundo fracaso. A nivel personal, su administración ha estado plagada de escándalos bochornosos, que dan cuenta de un hombre con muy pocos escrúpulos.

Por el otro, Joe Biden es uno de los líderes políticos que más ha apoyado la lucha contra el terrorismo. Se pronunció a favor de la invasión a Afganistán y respaldó la decisión del entonces presidente George W. Bush de enviar tropas a Irak, donde él mismo dijo que el mandatario tenía razón en mandar personal militar para la búsqueda de Saddam Hussein y la desarticulación de armas de destrucción masiva que, supuestamente, estaban en ese territorio. Durante la administración del republicano, también apoyó extender los recortes de impuestos a las empresas, además de respaldar el rescate financiero a Wall Street en 2008. A nivel personal, se rumora fuertemente sobre la debilidad de este candidato por la pedofilia.

El cineasta Michael Moore reflexiona en torno a estos comicios: “No hay forma de culpar a la opinión pública ni a Rusia (esta vez). Ahora le toca al candidato y al partido. Nos arriesgamos a sufrir una gran tragedia. La campaña de Biden necesita realizar cambios que inspiren y atraigan a jóvenes, negros, latinos y mujeres. La base de Trump es fiel, odiosa, animada y está ansiosa por votar. ¿Dónde está la emoción por Biden?”, pregunta.

En el debate presidencial ambos candidatos deslucieron. “Nunca ha habido un gobierno tan maravilloso como éste”, aseguraría Trump, mientras Biden aprovechó la ocasión de atacar a su oponente tildándolo de “poco inteligente”. Trump citó alegaciones infundadas de que Biden se benefició personalmente de los negocios de su hijo. El demócrata, por su parte, sacó a relucir las opacas cuentas fiscales del Presidente.

El escenario no muestra un panorama muy alentador. Si bien Biden está haciendo propuestas que incluyen una economía respetuosa del medio ambiente, también es cierto que, de ganar, la política exterior estadounidense mantendrá la línea, que ha seguido en los últimos períodos presidenciales, de invasiones e intervenciones. Venezuela pudiera ser uno de esos blancos.

Si Trump repite, simplemente se reforzarán las políticas y el estilo que lo ha caracterizado en estos últimos años. El mandatario republicano seguirá favoreciendo a las trasnacionales en detrimento del pueblo, el racismo y la intolerancia hacia los migrantes se institucionalizarán y la cultura del odio blanco tendrá bases más fuertes para su desarrollo.

Dicho de otro modo, gane quien gane, todos terminarán perdiendo.

ÉPALE 388