POR MIGUEL POSANI  •@MPOSANI / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

EPALEN245_19.indd

ÉPALE245-LIBREMENTEPodemos definirnos de muchas maneras: como personas, como cuerpos, como ciertos valores y características que nos definen o creemos que nos definen.

Pero me quiero permitir jugar con una metáfora, o varias.

Qué tal si definimos nuestra vida y a nosotros mismos como “un viaje”. Sí, un recorrido que vamos escribiendo todos los días, día y noche, cuando estamos despiertos y cuando estamos dormidos, de forma consciente e inconsciente.

Eso es, a final de cuentas, nuestra vida, nuestro recorrido.

Una historia que te cuentas tú y que sabes tú; una historia con sus errores y aprendizajes, con aciertos, alegrías, momentos de dolor, sorpresas, bienestar, abandono, culpa, remordimientos, carencias; y también momentos de asombro, plenitud, felicidad, bienestar.

Somos una vida que se despliega y en la que participamos como núcleo consciente, desde el “yo”. Nacemos y vamos, gradualmente, construyendo esa consciencia que somos, con un cuerpo finito que, más o menos, debería durar unos 80 años de buena manera. Bueno, somos esa vida que se despliega pero que no controlamos como quisiéramos. Sí, están los deseos, los anhelos y también las necesidades que nos mueven hacia adelante en nuestra historia.

Pasa el tiempo inevitablemente y seguimos escribiendo nuestra vida, con su drama, sus continuidades y repeticiones cotidianas; con momentos que se salen de esa repetición, que buscamos como diversión y aventura y que pueden ser también de muerte y violencia.

Somos un viaje del cual, si bien no tenemos control, al menos podemos recitar unas estrofas propias o inventar alguna salida o entrada en la escena de la vida.

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