Campo Elías y un cierto odio de paisanos

Por Marlon Zambrano @marlonzambrano / Ilustración Erasmo Sánchez

A veces nos resulta imposible entender los resortes que impulsaron a nuestros héroes durante la Guerra de Independencia, más aún cuando sus acciones lindaron con la crueldad extrema.

Bolívar y el Decreto de Guerra a Muerte; Arismendi decapitando a presos en La Guaira; Ribas y Bermúdez desconociendo a Mariño y al mismísimo Libertador; Juan Vicente Campo Elías jurando, siendo español, “acabar con todos los españoles y, luego, cuando no quedara ninguno, suicidarse para que no quedara ni uno solo de su raza”.

Ante el asombro, sólo consuela advertir que el enemigo era aún peor, y en los lances de la guerra el concepto de humanidad queda postergado para otro tiempo: el de la paz.

El caso de Campo Elías es demoledor. Aunque por años se desconoció con precisión histórica su lugar de origen, se supo luego que era oriundo de un pequeño pueblito de La Rioja española llamado Soto en Cameros, donde nació en 1759.

Siendo pequeño viajó a las Américas y desembarcó en tierras andinas, donde hizo vida entre Trujillo y Mérida y prosperó como comerciante, hasta que al comienzo de la gesta independentista conforma, junto a otros, la Junta Patriótica de esa provincia a partir del 9 de abril de 1810.

Aunque su nombre no es tan popular como el de otros titanes de nuestra historia, y apenas alcanzó para designar a uno de los 20 municipios del estado Trujillo y a un par de escuelas públicas del interior, hizo los méritos suficientes para ubicarse en el mismo pedestal de los más grandes.

Combatió en la Campaña Admirable junto a Bolívar. Fue héroe de la batalla de Bárbula y junto a su batallón (Barlovento) derrotó al Atila, al terror de Boves en varias avanzadas, como la batalla de Mosquiteros de 1813; y también un año después, al apoyar a José Félix Ribas con apenas 220 hombres en la batalla de La Victoria; para luego rematarlo en Patanemo donde forzó la huida del Urogallo.

En su cruzada ofensiva por los Llanos venezolanos, detrás de la “legión infernal” de Boves, nos cuenta dramáticamente Juan Uslar Pietri, en su extraordinario libro Historia de la rebelión popular de 1814, que Campo Elías exhibe su más virulento odio hacia el bando realista. Degüella con machetazos al vuelo a, por lo menos, 3.000 personas entre paisanos, canarios, llaneros y simples pobladores de esos territorios, salvajismo que llevó a muchos a alistarse en las abominables filas españolas.

Finalmente, herido de gravedad, luego de la respuesta de Boves, quien se hizo fuerte en Villa de Cura y se lanzó con todo el arrebato que lo caracterizó a combatir en San Mateo, muere en un hospital de campaña en 1814 sin los suficientes honores de su épica heroica y su apresto colérico contra sus propios connacionales, a los que enfrentó con las vísceras desde el bando patriota.

ÉPALE 364

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