Caracas con tapaboca y a pedal

Las calles diáfanas, abandonadas por automovilistas y peatones, abrieron una grieta para que se colearan los ciclistas y declararan territorio conquistado. Es justo, luego de años de intentos frustrados. Hoy, en medio del Coronavirus, son los reyes del asfalto y operan en todos los frentes con la idea de quedarse sujetados de la nueva normalidad 

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Fotografía de portadilla Javier Campos

Sin y con flexibilización de la cuarentena, una de las postales más repetidas de la urbe en esta extraña etapa de sobresalto viral —que ha detenido y transformado nuestra forma de relacionarnos con la ciudad— es la circulación exclusiva, o gregaria, de los ciclistas en sus bólidos de dos ruedas, pedal y bomba: tracción a sangre.

En el tramado de las ciclovías que sobreviven en el municipio Libertador, costeando las avenidas y calles transversales de los municipios aledaños, muchas veces a contracorriente, el flujo de bicicletas no cesa en su afán de acortar las distancias en la Caracas del coronavirus, que fue abandonada por los peatones, los autobuses atestados, los vehículos impertinentes y amenazantes, mientras el reino sobrevenido de los ciclistas se ha impuesto —casi— como un nuevo factótum de la circulación urbana.

Como la necesidad es la madre de las invenciones, a la gente le dio por desempolvar sus viejos armatostes espichados

Es un signo de los tiempos: como la necesidad es la madre de las invenciones, a la gente le dio por desempolvar sus viejos armatostes espichados y desmontar las pantaletas e interiores que reinaban sobre sus manubrios transformados en percheros, para ser nuevamente investidos con los poderes mágicos del movimiento.

Los ciclistas se lanzaron otra vez a conquistar la ciudad. Una cruzada insospechada que emergió, primero, gracias a las restricciones reglamentadas por el decreto de Estado de alarma constitucional, que impuso la cuarentena colectiva y social en todo el país; y, segundo, a partir de la escasez de combustible.

El delivery: una oportunidad dorada para el rebusque. Foto Bernardo Suárez

Fue la oportunidad de posicionar viejas luchas gremiales, enarbolar las causas del pedal como solución vehicular para una ciudad normalmente caótica en tráfico, y en todo lo demás, pero también un filón para el rebusque emergente, como el servicio delivery que, una vez puesto de moda por las marcas comerciales y los consumos urgentes, se ensañó con su plus por envío contra el consumidor promedio.

También sirvió para la respuesta solidaria, como la gente dispuesta a hacerle el mandado a los adultos mayores, a las madres solas con hijos pequeños y a todo el que estuviera imposibilitado de lanzarse a las calles clausuradas a adquirir medicamentos y comida.

Las y los ciclistas se lanzaron a conquistar la ciudad en medio de la cuarentena. Foto Bernardo Suárez

El mito: Caracas no es apta para ciclistas

Para Nelson de Freitas es más que obvio: la situación de pandemia, más la crisis de la gasolina, han generado una enorme ventaja para el ciclista urbano en Caracas. “Menos tránsito automotor. Esto significa vías más libres, más seguras, menos contaminación y más ciclistas en la vía demostrando que es posible”.

Es artífice, junto a un montón de gente más, de una simpática y poderosa iniciativa reunida en torno a la organización social Una Sampablera por Caracas, que desde 2011 realiza actividades urbanas para lograr una ciudad “más humana, feliz, sostenible, inteligente”, con la organización de biciturismo urbano a través de rutas de café, cacao, cocuy, golfeado, etcétera, pasando por rayados peatonales, tertulias sobre la ciudad y la edición de libros, como se puede apreciar en su dirección electrónica: http://sampablera.org.ve/.

Acusa, para esta etapa, las dificultades de siempre: “No ha habido apoyo de ninguna autoridad política para promover el uso de la bicicleta como medio ideal de transporte en tiempos de pandemia, así como lo han hecho muchas ciudades del mundo, sin distinción política, y como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Acá no nos han apoyado, por ejemplo, permitiendo que tiendas y talleres de bicicletas abran (con las debidas precauciones de salud) para los repuestos de los ciclistas”.

Sus demandas son visibles a través del sitio: biciculturave.wordpress.com.

Pedalista urbano desde 2011, Nelson precisa, sin estadísticas a la mano, que evidentemente se han multiplicado los ciclistas en las calles y las opciones delivery en bicicleta, “lo que significa, de por sí, un gran paso para el ciclismo en Caracas y sus mitos urbanos, uno de los cuales señala que no se puede andar en bicicleta por sus cuestas, por la inseguridad. Hay otro paso aún mayor ahora, que si no se da puede hacer que se pierda lo ganado: dar el ejemplo de buen ciclismo, pues hay nuevos ciclistas que están circulando con riesgos para ellos y para otros. Hace falta fortalecer la educación sobre movilidad”.

Yesenia Sumoza, de Bicicultura Venezuela, asegura que quien disponga de una bicicleta en este momento tiene más posibilidad de movilizarse a ciertas distancias, de entre tres y diez kilómetros, o incluso un poco más, para abastecer sus necesidades básicas, “porque el ‘quédate en casa’ es muy lindo, pero resulta que hay comida para dos o tres días máximo en la mayoría de los hogares, y estoy siendo demasiado optimista. En lo personal, yo trabajo para una institución del Estado que no está funcionando ahorita, y tengo que pagar alquiler, ayudar a mi familia; no me puedo quedar en casa”, advirtió en un reciente video-foro organizado por La Sampablera.

Niños y niñas, monarcas históricos del manubrio. Foto Javier Campos

Una doctora a pedal

Lo de la doctora Betsabé Montes supera todo lo esperado. Es una médica que anda pedaleando Caracas de Este a Oeste y de Norte a Sur, ofreciendo sus servicios de atención primaria bajo el lema “proteger a los saludables, servir a los heridos”.

Se promociona a través de sus redes con el nombre de Bicidoctora y se erige como una alternativa ante el colapso de los centros hospitalarios que, ahora más que nunca, están destinados a verdaderas emergencias, en medio de la lucha campal contra la
covid-19.

No sólo es interesante por su gesta ciclística, sino por el anecdotario que ha ido acumulando, con imágenes y testimonios, de sus batidas en distintas comunidades caraqueñas, a donde se ha desplazado a atender situaciones de salud que van desde crisis hipertensivas hasta infecciones respiratorias, a bajo costo y con posibilidad de trasladar laboratorio.

“Comprendo que puede ser un poco extraño que un médico ande en bicicleta, sobre todo por todo el esfuerzo que amerita estar en la misma y que, tal vez, no sea lo más común. Creo en la salud desde la prevención, por eso ofrezco este servicio a domicilio y uso la bicicleta como medio de transporte, además que llego a tu domicilio un poco sudada pero contenta y satisfecha de haber hecho todo el recorrido para atenderte, con mi fiel compañera. Aunque no lo crean, cada persona que anda en bici está siendo un promotor de la prevención en salud, un ejemplo de una movilidad diferente y un cambio en su calidad de vida”, advierte con tono divertido.

Lo de la doctora Betsabé Montes supera todo lo esperado. Es una médica que anda pedaleando Caracas de este a oeste y de norte a sur, ofreciendo sus servicios

Nelson de Freitas, quien además es politólogo por la Universidad Central de Venezuela (UCV), con postgrados en Filosofía y Gestión de Ciudades, cifra esperanzas en que, más temprano que tarde (quizás en el marco de la nueva normalidad), el ciclismo llegue a convertirse realmente en una opción consolidada para la movilidad en Caracas.

“Lo deseamos y, material y técnicamente, es posible, pues tiene todo el apoyo, esfuerzo y dedicación de cientos de activistas urbanos que luchan diariamente por distintos medios para esa realidad, desde hace años. Sin embargo —insiste—, en el mediano plazo no se logrará si no se tiene el apoyo de las autoridades políticas. Ese es nuestro llamado”.

La doctora se lanzó en bici a aplicar atención primaria. Foto Betsabé Montes

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