ÉPALE310-DOLARIZACIÓN

DESDE HACE ALGUNOS AÑOS, EL MANEJO DEL DÓLAR POR VÍAS DEL MERCADO NEGRO HA VENIDO COBRANDO AUGE, AL PUNTO DE QUE LAS TRANSACCIONES SON CADA VEZ MENOS CLANDESTINAS Y MÁS FLAGRANTES, A PLENA LUZ Y SIN CONTROL. ¿ES BENEFICIOSA ESTA TENDENCIA? EN CASO DE NO SER ASÍ, ¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL GATO?

                  POR MARÍA EUGENIA ACERO COLOMINE • @ANDESENFRUNGEN                                 FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

Arrancó 2019, y con el nuevo año también empezaron a manifestarse nuevamente los aumentos continuos de precios en bienes y servicios. Esta práctica no solo ha pasado a convertirse en hábito comercial, sino que desde el año pasado la fijación de tarifas se está basando, cada vez más, en la moneda estadounidense. Así, ya no es sorpresa, al pedir un presupuesto, que las cifras que oferten los proveedores sean en dólares. Esta tendencia no solo se viene suscitando en el área de la venta y alquiler de bienes inmuebles, medios de transporte y afines. A niveles mucho menores, desde un plomero hasta una profesora de yoga o un veterinario, están pasando a cobrar por sus servicios en divisa norteamericana. En diciembre, las ferias navideñas ofertaron pinos, guirnaldas, regalos, cestas navideñas y hasta dulces artesanales entre $5 y $300, ante la aceptación pasiva de los consumidores. Se observa entonces, y cada vez con mayor naturalidad, que en nuestra cotidianidad actual la sociedad está vivenciando una dolarización de hecho.

El artificio de la cotización enunciada

El artificio de la cotización enunciada

Las razones que esgrimen comerciantes y prestadores de servicios en general se basan en la hiperinflación rampante y en la manera en que estos están buscando mantener cierta estabilidad en la liquidez ante la devaluación sin control que estamos experimentando. La página Dólar Today y la cuenta de Twitter Monitor Today constituyen los referentes que sugieren cuánto pedir o pagar por la moneda, al margen de las tasas que se manejan para adquirir la divisa legalmente a través del sistema Dicom.

El pasado 20 de agosto de 2018, el Gobierno del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, arrancó la segunda reconversión monetaria del bolívar, diez años después de la creación del bolívar fuerte. Ambas medidas se tomaron para atajar la hiperinflación desmedida y ge nerar un poco de orden en el desbarajuste cambiario, producto de los ardides del mercado negro.

Mediante la eliminación de cinco ceros del valor de la moneda, la reconversión de 2018 se trazó como objetivo dejar atrás las consecuencias del historial de inflaciones sobre la moneda y reforzar la confianza en el signo monetario, simplificar los cálculos aritméticos de importes denominados en moneda nacional, lograr un empleo más eficiente de los sistemas de cómputo y registro contable, facilitar la comprensión de cantidades muy grandes de dinero y facilitar las transacciones monetarias.

Por desgracia, el nuevo cono monetario ha tenido, aparentemente, poca duración o una vigencia muy corta. Por un lado, el deslave de sobreprecios y bachaqueo comercial no se detuvo con la medida: a pesar del llamado del gobierno central a hacer contraloría popular y denunciar a los especuladores, el aumento diario de precios no se detuvo. Peor aún: esta alza, aparentemente indetenible, aceleró la velocidad al punto de que actualmente los billetes de Bs 2 y 5 sufren de rechazo generalizado por no valer nada.

El antropólogo y músico Daniel Mora, quien junto a su compañera Zafra Miriam, lleva adelante un emprendimiento socioproductivo de siembra y procesamiento de aceite comestible en Paracotos, nos comparte sus impresiones y experiencia: Más allá del papel que deben ejercer las instituciones en monitorear y ejercer control sobre la dinámica cambiaria del dólar, donde se debe profundizar es en el comportamiento económico de la población. Si nos remontamos a la historia, nuestra sociedad se levantó hace 500 años sobre la base de sangre y fuego y, como pueblo, aún no hemos aprendido ni a unirnos ni a hacer valer nuestros derechos como ciudadanos ni como consumidores. En las giras que he llegado a hacer con la Big Landin Orquesta, hemos visto que en Europa, cuando un comerciante decide motu proprio disparar los precios de un producto, la comunidad se organiza para boicotear y no adquiere el producto hasta que bajen los precios. Ese tipo de comportamiento no es común aquí. En Venezuela, gracias al que fuera por varias décadas nuestro ministerio de educación, el canal de Cisneros, Venevisión, nos acostumbramos a mantener la actitud del ta barato, dame dos y a ser pródigos y sauditas a fin de mantener un estatus de tener capacidad adquisitiva, en lugar de asumirnos pobres y actuar en consecuencia. Ahora que estamos en un momento en que algunos empresarios e instituciones, apoyados por la CIA, cartelizan los precios, están saliendo a flote los demonios de nuestro inconsciente colectivo. De ahí que, en lugar de entreayudarnos, más bien como sociedad estamos arremetiendo unos contra otros bajo la excusa del sálvese quien pueda. A nivel macroeconómico, el Gobierno nacional y el Estado están fijando pauta al ofrecer la fórmula de anclar nuestra moneda al petro y al ofrecer al pueblo la alternativa de ahorrar en oro. El verdadero problema que estamos experimentando es social ya que, al caer presa del desespero por causa de una hiperinflación inducida por los propios comerciantes, el ciudadano de a pie opta por plegarse a la moneda estadounidense. Lo curioso es que mientras el dólar está cayendo en todo el mundo y avanza rumbo a su extinción, aquí lo están revalorizando. Esa burbuja tendrá poca duración y está destinada a explotar más temprano que tarde, sobre todo si el Presidente decide sincerar las tarifas del dólar y tumbar así el negocio del mercado negro. Aquí lo que debe transformarse es el comportamiento social del venezolano en torno al manejo del dólar. Por otro lado, a partir de nuestra experiencia socioproductiva hemos evidenciado que al producir se gana territorio ante los especuladores. Este tipo de experiencias es la que se debe fomentar, sentencia Mora.

Una advertencia a la orden del día

Una advertencia a la orden del día

La periodista especialista en materia económica, Yolanda Ojeda, nos comparte: Cuando hay devaluación e inflación la gente tiende a refugiarse en divisas porque sabe que esto protege el valor del dinero, y cuando una persona va a adquirir los mismos bienes y servicios espera poder comprar  igual cantidad y por eso adquiere moneda dura. Eso es un comportamiento universal. En Venezuela se ha extendido es decir, en otro momento del país ha ocurrido con la gente que tiene liquidez o dinero disponible porque en la actualidad hay una hiperinflación producto, entre otras cosas, de megadevaluaciones y por decisiones erradas en la política económica, y así no hay soberano que rinda. Gracias a las remesas que envían familiares mucha gente tiene en su poder moneda dura menuda (dólar), y por eso se puede ver gente pagando con billetes de 20, de 10 y de 50… y por supuesto que de 100. En definitiva, las remesas han aliviado a muchos venezolanos. La economía se mueve en dólares porque es tanta la inflación que es preferible transar, por ejemplo, con 20 dólares que con 20.000 bolívares soberanos, si el cambio fuera hoy de Bs.S 1.000; y porque el bolívar ha perdido y sigue perdiendo valor cada día sin que haya ninguna confianza en la moneda local. El otro fenómeno que está ocurriendo es que, al parecer, el tipo de cambio paralelo, o negro, se está moviendo en forma rezagada con el valor de los precios (inflación), lo que hace que se necesiten más dólares para comprar los mismos bienes y servicios. Eso hace que las familias le digan a los suyos manden más, mijos, porque ya esto no me alcanza, especialmente aquellos que reciben las remesas convertidas en bolívares soberanos. Y tienen razón. Este desequilibrio económico hace que la gente y los comerciantes fijen precios en bolívares y en dólares, y los dos aumenten. Muchos se preguntan ¿cómo un caucho que venden en 40 dólares, al poco tiempo cuesta 50 dólares o 60 dólares, cuando deberían ser los mismos dólares? Es que cuando el vendedor cambie esa moneda dura por bolívares y quiera comprar los mismos bienes, al haber un rezago, no puede hacerlo porque en bolívares le piden más que el equivalente del cambio de $40, hipotéticamente pactado. Por eso ese vendedor se anticipa y pide más. Es lo que llaman la dolarización espontánea, lo que para los economistas es muy peligroso, concluye Ojeda.

ÉPALE310-DOLARIZACIÓN 3Este fenómeno sucedió hace algunos años fuera de nuestras fronteras. En Ecuador, el 10 de agosto de 2000, el entonces presidente Jamil Mahuad tomó la decisión de dolarizar formalmente la economía del país mediante el llamado “feriado bancario”: el cierre de bancos por varios días y el ajuste automático del sucre al dólar. Esta medida aniquiló la soberanía de la moneda ecuatoriana, llevó a la quiebra a bancos, empresas y particulares y a la desvalorización, de un solo golpe, de bienes inmuebles. Este desplome generó suicidios masivos, especialmente de adultos mayores que pasaron a perderlo todo por no contar con ahorros en dólares, y al éxodo multitudinario de ecuatorianos desesperados por no hundirse en la miseria. Ni siquiera la llegada de un gobierno socialista a Ecuador logró revertir la medida impuesta hace casi 20 años, y hoy en día los sucres solo sirven para coleccionistas de numismática. En su reportaje La espantosa dolarización de Ecuador, en Diario VEA, la periodista Luisana Colomine rememora los hechos en el país andino: Las grandes cadenas de farmacias y supermercados empezaron a cobrar dólares en caja. Para intentar conservar liquidez, los bancos llegaron a ofrecer hasta 50% de interés anual por ahorros en sucres y 8% por ahorros en dólares. También los dueños de casas, departamentos y oficinas empezaron a cobrar las rentas en dólares. En ese punto era imposible contar con un presupuesto familiar, porque todo, desde productos de la canasta básica, medicamentos, gasolina, etcétera, cambiaban de precio constantemente.

Actualmente en Venezuela se están observando señales similares al fenómeno ecuatoriano. A diferencia del caso andino, el problema en Venezuela no es precisamente la falta de liquidez. Por una parte, el aporte de los compatriotas del exterior a sus seres queridos mediante remesas y transferencias le ha dado fuerza al poder adquisitivo de muchos. Por esta razón, los precios siguen aumentando, incluso en divisa extranjera, sin que haya reproche ni resistencia por parte de los consumidores. Adicionalmente, el tránsito de comerciantes desde Colombia a Venezuela ha traído la venta de divisa de acuerdo con las tasas del mercado negro. Otro elemento que está ejerciendo influencia es la contratación de mano de obra venezolana y el pago de salarios en dólares. Empresas de maletín y por internet, y portales como Upwork, por ejemplo, están contratando a venezolanos para trabajos a destajo pagándoles en moneda estadounidense a través de servicios como Paypal y localbitcoin.com.

REALIDADES PARALELAS

Entretanto, los canales regulares del Estado mantienen un mundo paralelo en el que ofertan dólares en la tasa oficial, que para la fecha de cierre se ubicaba en Bs 704,57; en tanto que la tarifa Dolar Today ubica la moneda, vía mercado negro, en Bs 1.120,17. Las instituciones del Estado no desestimulan la adquisición de dólares e incentivan al ciudadano a recurrir a los canales regulares para su compra. Sin embargo, en el ambiente se percibe que quienes lideran el control cambiario no son precisamente las entidades públicas. Al no haber penalización ni consecuencias, no solo en la hiperinflación inducida, sino en la dolarización de hecho, la tendencia que se está generalizando, con cada vez mayor rapidez, es la de presionar al consumidor a asumir el pago de bienes y servicios en divisa extranjera. Se observa que la reacción de la población en general se mantiene pasiva y sin generar ningún tipo de respuesta que contrarreste este comportamiento. Tal vez la falta de regularidad y contundencia por parte de organismos como la Sundde ha traído como consecuencia la resignación silente del consumidor, que acepta sin chistar los dictámenes comerciales. A inicios de un nuevo ciclo presidencial, el reto para desentrañar este cangrejo financiero pareciera ser una responsabilidad compartida, tanto para el Gobierno nacional como para el pueblo. Como reflexiona Pascualina Curcio en su nota Retos para el año 2019: No es el anclaje del bolívar al petro lo que permitirá derrotar el ataque a la moneda. La relación bolívar-petro, tal como ha sido diseñada, depende no solo del valor del barril de petróleo, sino del tipo de cambio oficial (Dicom), el cual, a su vez, está persiguiendo, como se esperaba que ocurriera, al dólar criminal. Combatir la corrupción, sancionar a quienes boicotean el abastecimiento de alimentos, medicamentos y transporte y a aquellos del sector privado que se han llevado las divisas baratas, son tareas pendientes.

Sin embargo, el pueblo debe reaccionar también del letargo y asumir su corresponsabilidad y poder de transformación de esta realidad. La trampa del desabastecimiento organizado y el aumento rampante de precios despierta demonios capitalistas de egoísmo, que pudieran frenarse si dentro del mismo soberano se empieza a implementar la contraloría, presión y hasta boicot a los especuladores.

ÉPALE310-DOLARIZACIÓN 4

ÉPALE 310

Artículos Relacionados