ÉPALE247-CARTA CARLOS COVA

POR CARLOS COVA /CARTA

Caracas mía:

Ahora que puedo, quiero dejar anotados un par de recuerdos que me ayudarán a comprender por qué me siento tan suyo y a usted la siento tan mía.

Y anoto aquella ocasión en que perdí el transporte que trasladaría a todo el sexto grado de primaria al Museo de Ciencias. Fue acaso la primera vez en que debí sufrir a causa de mi impuntualidad. Entonces, sin apenas conocerla a usted, supe que llegaría por mi cuenta para alcanzar a tiempo a mis compañeros. Corrí entonces desde la calle Cervantes de Colinas de Bello Monte por las riberas del Guaire, bordeando luego la autopista Francisco Fajardo por una acera hecha para suicidas. Ya en predios del Teresa Carreño el cansancio me hizo resbalar por el lateral de un montoncito de tierra. Con el codo sangrante, resoplando y empapado en sudor, alcancé a entrar a la sala del Museo cuando mi grupo finalizaba su visita.

Y anoto también esa otra serie de ocasiones en que me perdí casi a propósito entre sus calles. Trabajando para mi padre como mensajero elegí guardarme siempre el dinero del taxi, comodidad que el viejo me procuraba como ligera precaución para el adolescente que entonces yo era. A eso deberé entonces las caminatas interminables por sus avenidas en busca de direcciones imposibles, en cumplimiento de misiones que apenas me importaban.

Debió habérseme metido en la cabeza desde temprano que las ciudades son entes orgánicos que alojan a sus naturales con una especie de tierna condescendencia. A la falta de miedo le llaman temeridad, pero eso no explica la forma en que me acostumbré a transitarla, a recorrerla, a husmear, incluso, en aquello que pudiera considerarse su intimidad: territorios baldíos, jardines secretos, ventanas y balcones abiertos, fábricas abandonadas…

Siempre suyo.

Carlos Cova

ÉPALE247-POSTAL CARLOS COVA

ÉPALE 247 EDICIÓN 5° ANIVERSARIO

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