POR JOSÉ ROBERTO DUQUE / ILUSTRACIÓN L. “RAZOR” BALZA

ÉPALE 239 BOLEROSHacia 1993, una profesora de la escuela de Historia de la UCV aseguró, en un seminario sobre el Caribe, que la palabra “caribe” no fue usada como gentilicio sino hasta mediados del siglo XX. Y que el documento que inauguró ese decir, destronando al impuesto y eurocentrista “antillano”, había sido una canción “cantada por Daniel Santos” (así dijo ella, lo juro). Intenté tibiamente corregirla, mi tibieza no logró convencer a nadie de que “Caribe soy” no había sido grabada por Daniel Santos sino por Leo Marini. Me quedé con la duda. Si alguno de ustedes escuchó o sabe dónde queda ese “Caribe soy” cantado por Daniel Santos, por favor cuéntemelo.

Me obsesioné entonces con las señas particulares de la canción, de la que es muy fácil quedarse pegado porque nos retrató en algún momento de la vida: Busco un amor / que me quite del alma el pesar / que me llene de felicidad: / un amor tropical. Pero están, además, estos dos pequeños detalles: quién es su autor (no cómo se llama Ángel Luis Alday, no: dígame alguien quién es) y a cuenta de qué, mediante qué artes malditas una piezota que casi se convierte en himno de los nacidos en el Caribe no fue inmortalizada por un caribeño sino por un argentino. Voy y le planteo la cuestión del autor a la querida Lil Rodríguez, para quien se supone que el Caribe no tiene secretos. Créanme que no esperaba ver a Lil doblarse como se dobló ni decir “coño” como lo dijo ni rascarse la nuca como se la rascó. Me dijo: “Dame unos minutos”. Y al cabo de unos minutos regresó con algo: “Ángel Luis Alday es cubano y en los años 40 pegó otras canciones, por ejemplo: ‘El plato de María’”. Me prometió averiguar más con unos amigos suyos de Cuba. Me puse a indagar y por ahí está, en Youtube, “El plato de María” (1944), cuya letra puede merecer el honor de ser considerada precursora del reguetón.

La ruta de resolución del problema es más o menos esta: el bolero como género, y también como industria y negocio, estaba calando tan profundo en el Caribe en los 40 que los empresarios, productores y músicos quisieron expandir sus tentáculos más hacia el sur, y lo lograron. A un músico académico argentino (Américo Belloto) le dio, en 1943, por crear en Buenos Aires una orquesta que manoseaba el tango hasta darle aires de bolero, y a la que le puso por nombre Don Américo y sus Caribes. Simultáneamente, Leo Marini conoció en Chile a un pianista cubano llamado Isidro Benítez, quien lo puso a grabar boleros. Cuando Marini (nombre real: Alberto Batet Vitali) y Belloto se juntaron en Buenos Aires grabaron, por primera vez en 1944, la versión original de “Caribe soy”. Marini no será caribeño por ningún lado pero, ¡vergación!, cómo nos pone a suspirar todavía con esa pieza.

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