Carlos Arellán: “No lo he hecho tan mal”

Es el muchacho de moda en Venezolana de Televisión (VTV). Al menos, desde que sustituyó a Walter Martínez y su célebre dossier, tras un polémico forcejeo institucional. Poco a poco, va reenamorando a las audiencias

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografía Cortesía

Si yo dudara de mi virilidad, no me atrevería a decir lo que pienso. Carlitos es un bello. No solo es joven, agraciado físicamente, inteligente, vivaz, reconocido profesional y atento. Además, cuenta con dos atributos que lo convierten en un rara avis de la televisión venezolana: es humilde y respetuoso.

Se podría pensar que fue punta de lanza de un atentado contra Walter Martínez, por lo menos, de su salida presurosa de “el canal de todos los venezolanos, VTV”, en un movimiento que generó escozor entre una audiencia matrimoniada con la gestión de gobierno, pero sorprendida por lo que consideró un agravio contra uno de los duros del periodismo comprometido con la revolución bolivariana a través de su célebre espacio Dossier.

Cada quien lo interpretó a su manera, dada la opacidad de la medida que descartó de la plantilla del canal a uno de los periodistas más reconocidos del país para poner en su lugar, en uno de los horarios más ambicionados del prime time a un muchacho con cara de asustado que antes se dedicaba a la fuente de deportes.

A ciencia cierta, pocos apostaron por El mundo en contexto y la conveniencia del cambio, pero luego de un Premio Nacional de Periodismo y una audiencia que a regañadientes, poco a poco, ha regresado a las pantallas de VTV de 9:00 a 10:00 p.m., Carlos Arellán cumplió la tarea, con creces.

—¿Te molesta que te comparen con Walter Martínez? ¿Sientes un peso por haberlo sustituido en su horario imbatible?

—No me molesta. Al contrario, me halaga y me exige. Pero no para igualarme a él o superarle, ya que creo que el profesor es de una raza de periodistas auténticos que no se repiten. Más, estar en su horario, sí nos ha planteado como equipo crear nuestro propio formato. Copiar al profe es un riesgo peligroso de quedar en ridículo y eso sería el peor tributo que se puede hacer a un sabio del periodismo. Así como él creó y consolidó un estilo, nosotros en el programa buscamos con nuestros recursos, talentos y capacidades, hacer igual.

—Entre la fuente deportiva y la internacional, ¿cuál prefieres?

—No es que ahora prefiera una sobre otra. A cada una le debo cosas insustituibles. Con deportes viajé fuera del país varias veces. Estuve en unos Juegos Olímpicos y fui testigo de la segunda medalla de oro de nuestro país en la máxima cita. En internacionales comprobé que puedo tomar otros retos, y por lo que dicen las personas que me ven, al menos no lo he hecho tan mal, y al mismo tiempo me ha dado otra proyección y la oportunidad de merecer un Premio Nacional de Periodismo y tener al mismo tiempo el comentario como televidente del presidente Nicolás Maduro. Que el presidente de tu país te vea en alguna ocasión a pesar de sus ocupaciones, es tremendo mérito y eso me lo ha dado la etapa en internacionales.

—¿Sientes que los venezolanos nos distanciamos del contexto geopolítico internacional para concentrarnos más en el maruto?

—Y cómo no hacerlo si los problemas nos afectan en lo cotidiano. Son abrumadores y es inevitable que no todos podamos sacar una relación de que todo tiene que ver con todo, que Venezuela es un epicentro clave en el pulso de una nueva geopolítica, y que nuestro país mucho más que antes está insertada en las grandes ligas de lo que pudiera resultar en el establecimiento de un nuevo orden mundial. No nos subestimemos. Sí, hay muchos problemas que se derivan de nuestras propias fallas, pero no son menos las que son inducidas y agudizadas. Nadie es libre impunemente.

Nació en la ciudad de El Tigre, estado Anzoátegui, un 19 de octubre de 1985, y hace 11 años llegó a Caracas en pos de una aventura que aún no ha completado, confiesa, porque ni siquiera conoce bien toda la ciudad. Es un orgulloso egresado de la Universidad Católica de Guayana y su experiencia televisiva comenzó en TVes, en los días de Lil Rodríguez, hasta que lo absorbió Venezolana de Televisión.

También escribe. Profesionalmente y como parte de su oficio, lo hizo para Ciudad Caracas y Correo del Alba, y actualmente para Redradio. Por un mes presentó las emisiones de Deportes Telesur, durante el Mundial de Brasil 2014. En radio, hizo escarceos para el circuito de PDVSA.

—¿Qué piensas de la gente que llama a VTV “narniavisión”?

—Me afecta pero no los juzgo. Ciertamente nos falta, como plataforma de comunicación, montarnos en los problemas del pueblo, pero no para flagelarnos, sino para resolverlos. No hacer eso ha generado la percepción de una fatal falta de empatía con la gente que cree, sin culpa, que desde los medios públicos nos hemos propuesto la supuesta y deliberada intención de instalar una narrativa “narniana”. Con todas las fallas comunicacionales que tenemos, si nos hubiéramos propuesto hacerlo así, no nos habría salido tan bien.

—¿Debe ser más crítico y combativo el periodismo oficialista?

—Primero, no me gusta el término de periodismo oficialista, pero lo entiendo como una categoría de análisis para distinguirlo del periodismo que no se hace desde medios públicos. Sí, creo que debe ser crítico y combativo; y añado que innovador, renovador, enfocarnos en replicar lo bueno y añadirle nuestro toque. Creo que además de afinar el fondo, tenemos que trabajar también en la forma. Cómo se ve lo que se dice es tan esencial como el discurso de la información.

—¿A cuáles periodistas venezolanos admiras particularmente? 

—Al profesor Walter. Me impresiona la sencillez aguda e inteligente de Earle. Esa capacidad de decir mucho con poco en su columna Kiosko Veraz es envidiable. Admiro la distinción, aplomo y sobriedad de un amigo y colega que se llama Juan Carlos Rozo. Me parece que es un periodista y presentador extraordinario que ahora está en Irán. Madelein García y su vocación inagotable por la noticia y el rigor que pone en cada uno de sus trabajos. También admiro el trabajo de un colega joven, venezolano pero que está ahora en Colombia, se llama Carlos Arturo Albino. Si bien no es nada amigable con la causa revolucionaria, creo que tiene el alma innata de un periodista que se desvive por su trabajo. Así no comparta sus ideas, su vocación es admirable.

—¿Qué noticias te esperanzan más? ¿Cuáles te deprimen?

—Me esperanzan las hazañas humanas, los milagros y las revoluciones populares y me deprimen o me abisman los sucesos, los asesinatos, el aumento del dólar, la pobreza, las revoluciones de colores y la alegría de los imperialistas.

ÉPALE 405