CARLOS MARQUEZ

CON UN TALENTO DESLUMBRANTE, INDOBLEGABLE AL PASO DEL TIEMPO, EL YA MÍTICO ACTOR SIGUE SOBRE EL ESCENARIO, ESTA VEZ HABLANDO DE SU LARGA VIDA Y DE LOS PERSONAJES QUE QUISO SER Y NO FUE. TAMBIÉN DE LOS QUE SÍ FUE, COMO ELEAZAR MELÉNDEZ, EL TOSCO HACENDADO QUE SE PELEÓ CON SU PROPIO HIJO POR EL AMOR DE “MI CATIRRUCIA”

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ • CLODOHER@YAHOO.COM / ILUSTRACIÓN ALFREDO RAJOY

Se graduó de bachiller pasados los 50 años de edad y obtuvo el título de licenciado en Artes, en la Universidad Central de Venezuela, cuando tenía 63. Obviamente, Carlos Márquez no es de las personas que piensan que ya se les hizo tarde para aprender algo nuevo o vivir experiencias inéditas. Conocidos esos datos, no es de extrañar que el destacado actor ande por ahí —en la octava década de su vida— montado en los escenarios con un monólogo.

El unipersonal, que tuvo gran resonancia en el Festival de Teatro de Caracas, toca el tema de las limitaciones que derivan de la edad de la gente. A Márquez primero le negaron la posibilidad de representar a ciertos personajes porque era demasiado joven; luego se los negaron porque estaba en sus tiempos de galán de televisión; y más tarde se los negaron por viejo. En Inolvidable, el actor aprovecha para desquitarse y encarnar a quien le vino en gana y, a la vez, deleitar al público con su deslumbrante talento, indoblegable al paso del tiempo.

Márquez nació en 1926 en Guanoco, un poblado del estado Sucre que fue célebre por tener el lago de asfalto natural más grande del planeta, aunque ahora (dicho sea de paso) ese yacimiento está abandonado y el pueblo sumido en la pobreza. Allá estuvo tan solo nueve de los 88 años que recién cumplió el 19 de abril.

Con una inclinación natural por las artes escénicas, ya a los 17 años daba en Caracas sus primeros pasos de la mano de otro sucrense, el cumanés Manuel Rivas Lázaro. Inquieto, y con muchas ganas de aprender, Márquez se relacionó con varios maestros de teatro, hasta que en la década de los 50 conoció a Juana Sujo. “Ella me formó en lo intelectual y en lo artístico, pero sobre todo en lo humano”, dice el actor cada vez que se le pregunta por su vínculo con la legendaria argentina, que terminó siendo su esposa, hasta que falleció, prematuramente, víctima del cáncer, en 1962.

INQUIETO, Y CON MUCHAS GANAS DE APRENDER, MÁRQUEZ SE RELACIONÓ CON VARIOS MAESTROS DE TEATRO, HASTA QUE EN LA DÉCADA DE LOS 50 CONOCIÓ A JUANA SUJO

La vida de Márquez le guardaba aún otros dos matrimonios: primero con Adilia Castillo, de quien se separó, y luego con Dolores Beltrán, que falleció hace apenas unos meses luego de 47 años de unión.

Como casi todas las figuras de la farándula, Márquez tuvo una juventud signada por las farras y los excesos. Naturalmente, los años lo aplacaron, pero más influyó su incursión en la religión rosacruz, a la que califica como “una búsqueda y un encuentro para superar las pasiones”. En el templo rosacruz de La Candelaria suele vérsele desde hace unos 40 años, luego de que comenzara a interesarse gracias a su amigo, el cantante Rafa Galindo.

Márquez interpretó varios personajes que marcaron época en la historia de la telenovela venezolana, pero tal vez el más recordado de todos sea el de Eleazar Meléndez, un tosco hacendado que rivalizó con su propio hijo (encarnado por el galán José Bardina) por el amor de la protagonista (interpretada por Doris Wells). Su actuación en La Fiera fue tan descollante que aun hoy, cuando en el monólogo Inolvidable Márquez se transfigura en Eleazar y dice “¡Venga acá, mi catirrucia!”, no son pocos los adultos mayores y contemporáneos del público que derraman una que otra lágrima de nostalgia.

ÉPALE 80

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