ÉPALE 235 CRÓNICAS

POR GUSTAVO MÉRIDA @GUSMERIDA1 / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

Argumento: razonamiento para probar o demostrar una proposición, o para convencer de lo que se afirma o se niega (Diccionario del idioma español).

“Si un peatón se queja del estado de las aceras, de la relación de la disposición del espacio para los vehículos y para las personas que caminan, imaginen qué puede pensar una persona que use silla de ruedas o un bastón porque es ciego o porque está viejo”.
Anónimo.

Cuando el motorizado agarró impulso, el tipo que casi lo linchan tensó todos los músculos adoloridos —porque la coñaza era evidente: la sangre le chorreaba, lenta pero no espesa, desde la cabeza, bajando por el cachete izquierdo, llenando la nariz, metiéndose en los ojos, guindando de la barbilla— y esperó el cascazo (sin agachar la cabeza), que sonó como suena un cascazo con impulso desde abajo, desde el asfalto marchito hasta la cabeza del tipo que casi linchan (que es la forma correcta de decirlo, si es que no se desdeña el pleonasmo): fue un sonido triste. Y seco.

El tipo estaba sentado en la parte trasera de una pick-up de la Policía Nacional Bolivariana que llegó a tiempo para evitar que muriera a cascazos, a coñazos y a patadas, y por todo eso que hace que un tipo pierda la vida cuando un grupo de personas quiere arrebatársela, como a dentelladas, como si tuviesen mucha hambre y quisieran devorarlo para desaparecerlo y que solo queden los huesos desperdigados o, quizá, sean llevados como trofeos o medallas por participar en eso que llaman linchamiento en, vaya homenaje, a un tipo que tenía el apellido Lynch. Gringo, por casualidad. El rostro del motorizado era, convencionalismos estéticos convenidos, menos agraciado que el del tipo al que casi linchan porque, según los curiosos que veíamos sin hacer nada (porque, entre otras excusas, cuando se está linchando a alguien, quien se oponga corre el riesgo de que le suceda lo mismo, a menos que sea un grupo más numeroso de quienes intentan linchar o que llegue una autoridad, que igual tiene que irse rápido porque dos policías, aunque armados, tampoco es que puedan hacer mucho contra un grupo humano cuando este es convertido en horda), lo que se afirmaba era que “estaba robando un celular en la camionetica”. Daba la impresión que el motorizado, por esa rabia con la que dio el golpe, nunca se hubiese parado en su moto sobre el rayado. O que los crímenes de odio se parecen igualito. En otras palabras, el motorizado con el casco lucía más “cara ’e culpable” (Gino González dixit) que el tipo al que casi linchan. La camionetica, para las y los lectores que desconocen a Caracas y sus modos de comunicación, es un pequeño autobús, por lo general de marca Encava, propiedad de una persona (que a veces tiene muchos, pero muchos) que se lo arrienda a un chofer para que este, a su vez, maltrate a las personas que se montan y que pagan un pasaje costoso e impuesto porque estos pasajeros, además, no se han organizado en sus comunidades y dejan que este chofer y su colector les maltraten de ese modo (arrancando antes que se siente la persona de tercera edad, no montando a estudiantes, parándose en medio de la calle e impidiendo la libre circulación de otros vehículos y etcétera), que es “necesario”, además, porque lo que le tienen que pagar al dueño de la camionetica es bastante y si no lo hacen así no montan a muchos pasajeros y no se ganan nada por andar todo el día luchando contra otros choferes de camioneticas que hacen lo mismo porque si no lo hacen no se ganan nada, y así. Cuando lo bajaron de esa camionetica a punta de coñazos y patadas y kungfú, el tipo que casi linchan pretendió huir en otra.

¿Por qué siguen robando en las camioneticas que van a lo que llaman ciudades dormitorio?

 

ÉPALE 235

 

 

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