Catia, rebelde en febrero

                                     Por Francisco Aguana Martinez • fcoaguana@gmail.com                               Fotografías Mairelys González@mairelysg27 y Archivo

Quiso el destino, la voluntad decidida de hombres y mujeres y hasta la iniquidad de seres malvados que mucho de los sucesosque han determinado nuestro devenir histórico hayan ocurrido  en el mes de fecrero, conformando una efemérides que , en algunos casos, es esquiva y veleidosa con acciones populares osadas y hasta heróicas realizadas en contra de los opresores de los pueblos. Como “la memoria está hecha de olvidos” vale la pena recordar, enrtonces los sucesos ocurridos en Caracas, en general, y en Catia, en particular el 14 de febrero de 1.936 y sumarlos a los que se integran, desde hace tiempo, bajo el rótulo de “febrero rebelde”.

Estos son los hechos y sus protagonistas

Al catiense le viene de muy lejos la rebeldía que lo caracteriza: es levantisco, desobediente e irreverente; irreverencia que, en algunos casos se ha transformado en anarquía e inconsciencia social  en algunas de sus colectividades: lo que ha servido para aprovechamiento político de sus propios opresores.

Esa rebeldía tuvo sus primeras expresiones en el momento mismo en que los colonizadores llegaron al Valle de Maya al que luego bautizarán como Caracas. Por el lado oeste le correspondió a los Toromaimas y Tarmas enfrentar, acechar y acosar al conquistador para impedir, primero, y luego retrazar su definitiva instalación en estas  tierras. Con los siglos, el deshabitado territorio catiense sirvió de refugio a los perseguidos por el poder colonial, a los afectados por pestes malignas y por los que padecieron las consecuencias de pavorosos terremotos. Aquí encontraron la seguridad necesaria para conservar la vida y seguir la lucha; el clima benigno para aliviar sus padecimientos y el teritorio para recomenzar sus vidas: a tal punto que en 1.812 al quedar destruida la pequeña ciudad se pensó en Catia para reedificarla. Los siglos siguientes vieron crecer, en Catia, una comunidad aguerrida, una amalgama cultural que comienza en los años 30 del siglo 20 que tuvo que luchar, a lo largo de ese siglo , por los derechos más elementales; lucha que se extendió al ámbito político nacional  porque fue una de las zonas más combativas durante la dictadura de Pérez Jiménez y la del puntofijismo. Durante la primera, era cosa practicamente diaria la captura de multígrafos y emisoras clandestinas. Durante la segunda y en trágicos primeros diez años se convirtió en un cardumen de revolucionarios distribuidos en los sectores emblemáticos de la lucha; tanto así que la guerrilla urbana la bautiza y la organiza como la “zona noviembre”. Fue en el abra de Catia, en mayo de 1.595 que el valiente caballero Alonso Andrea de Ledesma plantó cara, el solo, a la banda comandada por el pirata ingles Amyas Preston:  Por la misma ruta el general Pedro Vicente Aguado realizó su famosa proclama contra el gobierno conservador el 2 de agosto de 1.859 cuando se formó “la sanpablera”.  Fue de su concha en Pérez Bonalde que salió, la noche que lo mataron, Leonardo Ruiz Pineda; el 1 de enero de 1.958 fue de aquí, del cuartel Urdaneta  que salió la columna de tanques que se dirigió a Miraflores al mando de Hugo Trejo; Jorge Rodriguez salió de una reunión política en El Caribe el día que lo asesinaron. Fueron muchos, en fin , los cadáveres que quedaron flotando sobre pozos de sangre  con el fondo negro y humeante del asfalto.

La plaza Pérez Bonalde continúa siendo epicentro de toda Catia

El 14 de febrero de 1.936:

Muere Gómez en diciembre de 1.935y su Ministro de Guerra y Marina, Eleazar López Contreas es designado Presidente  de la República encargado y es ratificado luego el 31 de diciembre y designado Presidente Constitucional en abril de 1.936. Apenas sepultado el cuerpo del dictador, el pueblo comenzó a  sacudirse el miedo apelmazado durante los largos 27 años de dictadura. La temperatura de las protestas fue subiendo gradualmente hasta estallar el 14 de febrero de 1.936. El pueblo reclamaba las libertades conculcadas y el gobierno de Caracas, absurdamente, emitió un decreto que profundizaba su negacion. La gente reclamaba, además, la permanencia aún, de los anteriores miembros del  gobierno o lo que se llamaba “el gomecismo sin Gómez”. Así que el 14 de febrero la gente comenzó a concentrarse, espontaneamente en la plaza Bolívar de Caracas, centro político del país. El día anterior los medios radiales e impresos, entre los que se encontraba el representante de Radiodifusora Venezuela, que se instalaría, en la década siguiente, en la calle Chile de La Nueva Caracas,  decidieron no salir al otro día . La plaza era un hervidero burbujeante de indignación; ya no habia murmullos sino, por el contrario, gritos destemplados y consignas antigobierno; la escatología fustigante  subía de tono y los cuerpos iban compactándose hasta formar una sólida barrera  que avanzaba, estrujando su rabia y su sudor, como una marabunta  hacia el edificio de la gobernación. Galaviz, el gobernador del Distrito Federal, se encontraba en el palacio de Miraflores con el Presidente y otros ministros; repentinamente tres descargas sucesivas de fusilería se abatieron sobre la indefensa concentración humana  provocando 10 muertos y más de cien heridos entre los que hubo muertos pisoteados por la estampida humana que corría hacia todos los lados de la plaza para guarecerse de la metralla que no cesaba o se iba hacia sus parroquias de origen y el boca a boca – hoy radio bemba- cundió por toda la ciudad desatando la furia popular que saqueó y quemó todo a su paso; arremetiendo, principalmente , contra negocios y propiedades de individuos identificados con el gobierno. Los sobrevivientes que llegaron a Catia a través de la estrecha avenida Sucre se concentraron, en su colera en la plaza “Juancho Gómez”: hermano del “bagre rehabilitador”que fue gobernador de Caracas desde 1.915 a junio de 1.923 cuando lo cesan en sus funciones dándole 27 puñaladas. El gobierno actúa de muy mal humor apresando a los dos principales humoristas del país: Leoncio Martinez “Leo” y Francisco Pimentel “Job Pim”. Al poco tiempo se descubre que, ¡horror para la época!: el hecho ocurrió por una vendetta homosexual. El capitan Isidro Barrientos, dueño de una alfarería en Cútira fue señalado como el matador por una rivalidad con Juancho por el amor de un efebo puertorriqueño. El gobierno convierte al occiso en martir de la causa rehabilitadora  y ordena crear una plaza con su nombre y con un busto broncíneo en el centro. Para tales efectos se crea una Junta o comisión en la que estaban, entre otros: Ruperto Lugo, dueño de una ferretería.

El 14 de febrero de 1.936 quedó marcado como hito histórico en Caracas

Circundaba la plaza el inconcluso proyecto de la urbanización La Nueva Caracas; promovido por y para gente con dinero. El proyecto tendría parques, piscinas, canchas de tennis, iglesias, teatros y las casas serían quintas y chalet’s suizos.  Ese día 14, luego de destruir la plaza y hechar a rodar la cabeza del busto de “Juanchito”, la furia popular se distribuyó, principalmente, en las casas de los gomecistas. Así pues, la quinta de Regina Gomez “La Bruja”, situada en el terreno del equipo “Magallanes”, fue destruida como lo fueron el bar “El Pulmonía”, en cuyo terreno se erige en 1.949 el Teatro Esmeralda, y el bar de “La Laguna” de Carlos Delpino, alquilado al exgobernador de Caracas, Rafael María Velasco, quien lo cedía a su querida barragana o garçonnière (según las lenguas viperinas de la época). La marabunta también se llevó por medio el depósito del Ministerio de Obras Públicas de la avenida Sucre , la quinta de los Díaz González y la quinta del General Sayago, prefecto de Caracas, en la que encontraron hasta parque infantil. Al lado se levantó, ese año, el cuartel de los Scouts y en la quinta, el mercado períferico número 2 o mercado libre de Catia.

La quemazón tuvo un momento de receso porque en la tarde del mismo día 14  un grupo que se constituyó en vanguardia de las protestas convocó para una marcha a Miraflores que fue acompañada por la impresionante cifra de cincuentamil personas en una ciudad que apenas llegaba a doscientos cincuenta mil habitantes. Esa vanguardia copada por personajes que luego ocuparían el escenario político del país por el resto del siglo 20 penetró en el palacio de gobierno, habló con el General Presidente, quien astutamente supo imponerles sus condiciones a un liderazgo torpe y dubitativo que no confió en la fuerza popular que lo respaldaba, para imponer las exigencias que esta defendía. Como en muchas otras ocasiones de nuestra historia, el pueblo puso los muertos, su fervor y su decisión, por lograr una vida más justa y mejor, y otros que usurparon su representación,  terminaron traicionándolo.

Ancestralmente eran los indios Toromaimas y los Tarmas que poblaran la geografía catiense

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