POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

El bolero “Cenizas”, de “Wello” Rivas, es el propio barranco para cuando en una relación sentimental se sube la gata a la batea, cuando el amor naufraga, cuando solo cenizas hallarás de todo lo que fue mi amor. Como dicen los cronistas: “Es una oda a los ÉPALE243-BOLEROScorazones rotos que levantan sus propios pedazos, con el único propósito de no mirar para atrás”.

Manuel “Wello” Rivas Ávila, además de compositor, fue cantante e hizo una buena llave con el portorriqueño Rafael Hernández. Aparte de las de El Jibarito cantó sus propias composiciones, incluyendo “Cenizas”, solo que la versión más emblemática fue la de María Antonia del Carmen Peregrino, Toña La Negra, a pesar de ser cantante casi exclusiva de los boleros de Agustín Lara. De hecho, “Cenizas” formó parte de la banda sonora de la película Arráncame la vida (2008) de Roberto Sneider. Para la versión de la cinta contó con la participación de Eugenia León, quien interpretó a Toña cantando “Cenizas” del yucateco Rivas en un filme titulado como el bolero de Lara. Los redactores de Ecured son categóricos: “Si bien la voz azucarada de La Negra se especializó en el cancionero de Agustín Lara, su éxito se dio con la tórrida ‘Cenizas’ de Rivas. La canción habla de un corazón herido que tiene una dignidad y un orgullo que lo diferencia del resto de los corazones, del resto de las canciones que denuncian el mismo pesar”… La letra es, ciertamente, matadora: Ya no podré ni perdonar ni darte lo que tú me diste, has de saber que en un cariño muerto no existe rencor. Y si pretendes remover las ruinas que tú mismo hiciste, solo cenizas hallarás de todo lo que fue mi amor.

La ocurrente tía Eloína de Luis Barrera Linares cuenta desde su ya lejanísima y casi invisible juventud —vivió más de un vil desengaño con el bolero “Cenizas”—; recuerda “que frecuentemente alguno de sus maridos ocasionales decidía marcharse a un puerto supuestamente más apetecible. Luego regresaban arrepentidos con el cuento de que se habían equivocado y le solicitaban, llorosos, el ‘reenganche’. Ella buscaba fuerzas en su maltrecha egoteca y después les asestaba el golpe de gracia en tono bolerístico: Has vuelto a verme para que yo sepa de tu desventura —les decía—, pero solo cenizas hallarás de todo lo que fue mi amor”. Jajajá.

ÉPALE 243

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