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DURANTE TRES MESES UN GRUPO DE MUCHACHOS ANDUVO POR SELVAS Y CAMINOS, POR RÍOS QUE LLEVAN A MINAS DE ORO Y A VECES A OTROS RÍOS, LEVANTANDO UNA INFORMACIÓN CRUCIAL: QUIÉNES SON Y CÓMO TRABAJAN LAS PERSONAS QUE SACAN LA RIQUEZA DEL SUELO EN EL ARCO MINERO DEL ORINOCO. SUENA FÁCIL Y HASTA SABROSO. PERO HAY QUE SABER PARAR EL OÍDO

POR CÉSAR VÁZQUEZ / FOTOGRAFÍAS EMILIO GUZMÁN

Comienza la asamblea informativa con los mineros, antes de comenzar el censo. Están en una comunidad cerca de Tumeremo, pero más cerca del territorio Esequibo, adonde han llegado en un viaje de varias horas en lancha. Los muchachos del Ministerio de Desarrollo Minero Ecológico explican a qué van; algunos hombres intervienen, interrumpen, quieren hablar varios al mismo tiempo, por momentos se pone pesada y difícil la conversa. De pronto llega un caballero a poner “orden” a su manera: saca una pistola y suelta un tiro hacia el techo. Y entonces sí, los demás guardan silencio. Entérense: hay muchas formas de hacer respetar un derecho de palabra.

El primer objetivo es determinar índole y carácter de cada minero

El primer objetivo es determinar índole y carácter de cada minero

¿Y QUÉ HACES TÚ AQUÍ?

Durante tres meses un equipo de técnicos y profesionales del Ministerio del Poder Popular de Desarrollo Minero Ecológico, acompañados por chamos y chamas de Misión Piar y el Plan Chamba Juvenil, conformado en su mayoría por jóvenes desde los 17 a los 35 años, decidieron salir de sus zonas de confort para sumergirse en la selva y levantar a pulso, desde lo vivencial, codo a codo, el Registro Único Minero (RUM); para conocer y dar a conocer de cerca la realidad de los pueblos mineros que habitan el área demarcada y conocida como Arco Minero del Orinoco.

Dicho así, todo eso suena como una acción más, una tarea más de la burocracia estatal. Hasta que uno se entera de los datos más profundos del contexto y ya la hazaña empieza a entenderse: hubo áreas adonde nunca antes ninguna institución del Estado había llegado, y hasta allá tuvieron que ir estos chamos y chamas, a zambullirse de pronto en zonas donde todavía se desplazan grupos y sujetos que ejercen el control y la autoridad a lo mero macho. Tipos que habían olvidado un detallazo: que esa región pertenece a un país y en ese país hay leyes e instituciones. La Revolución decidió no mandar a hacérselo saber con tanques, aviones y una tropa armada (que es lo que provoca en esos casos) sino con unos carajitos de sonrisa franca, un poco de ingenuidad y ganas de trabajar. Al frente de ese equipo cabalga Félix Caraballo, un guerrero de La Vega que hasta hace pocos meses no sabía mucho sobre minas pero sí sobre dimensiones humanas y organización social.

Anteriormente el minero acudía a un lugar donde se centralizaba la información; esta vez, de la mano de las organizaciones populares y mineros organizados, más de 70 jóvenes convivieron con ellos dentro de las minas de oro del estado Bolívar. Allá en esa otra Venezuela, oculta para la mayoría, anduvieron, abrazando con vigor y aprehendiendo con las neuronas frescas una realidad al margen de lo cotidiano.

En labores del Registro Único Minero

En labores del Registro Único Minero

PEQUEÑOS (GRANDES) MINEROS

En ese recorrido desentrañaron algunos datos que todavía permanecen ocultos para el resto del país, un país que, por cierto, ha sido sometido a una propaganda sostenida para criminalizar una actividad de la que no se conoce la historia ni los adentros. La visión macro del cuento es la siguiente: en 2017, año en que fue decretado el Arco Minero del Orinoco, Venezuela ha depositado en las arcas de su banco central más oro del que había ingresado entre los años 2012 y 2016. En ese período el país dispuso para sus reservas de 5,1 toneladas del metal precioso; en 2017 la cantidad ingresada fue de 8,5 toneladas. Los 1.346 kilos que llegaron al BCV solo en el mes de julio superan la tonelada que se produjo en todo el año 2014. Lo sospechoso es que en esos mismos años Curazao, un país que no tiene minas de oro, exportó 2.300 millones de dólares en oro. No hay que ser muy vivo para imaginarse el resto de la maniobra.

Pero el dato importante, desde el punto de vista social, es ¿quién sacó todo ese oro en tiempo récord? No fueron, como se lo quiere imaginar el antichavista más por desorden neuronal que por ignorancia, un montón de máquinas desguazadoras de ríos y selvas: lo sacaron los pequeños y medianos mineros, la mayoría de perforaciones mínimas que no causan daño ambiental y con procedimientos cada vez más limpios (disminuye o desaparece gradualmente el uso del mercurio). Son sujetos y familias que viven desde hace muchas generaciones de la minería y hasta hace poco eran considerados ilegales. Ahora se han agrupado en el Consejo Popular Minero y negocian directamente con el Gobierno su regularización; el Gobierno les garantiza dignificación y seguridad y los mineros llenan de oro la caja de ahorros de la nación.

DE LA METRALLA AL HIMNO NACIONAL

Liss Lares tiene 30 años, es socióloga y asistente adjunta a la Dirección General de la Gestión Productiva de la Pequeña Minería; ella formó parte de ese equipo que se fue a la selva a buscar a esos venezolanos semiolvidados. “Nos quedamos dentro de las minas en los municipios El Callao, Cedeño y Piar; dormimos en espacios solamente techados, en hamacas o sin ellas, con un mosquitero, en zonas con brotes de paludismo, donde existen dinámicas de violencia. Comimos lo que los mineros comen, porque de eso se trataba la experiencia. Para nosotros fue un proceso transformador, siempre estuvimos dispuestos a llegar a las minas más profundas y así como nos lo propusimos lo logramos”.

El Registro Único Minero tuvo por objeto la caracterización de las áreas dedicadas a la minería y sus realidades conexas: quiénes son, de dónde vienen y cuáles son las expectativas de esas personas que van a sacar el oro y otros minerales de la tierra. A Liss en particular le interesaba conocer la situación de la mujer dentro de la minería; crear este instrumento, que le permitirá al Estado direccionar las políticas sociales de la mano con el pueblo minero, fue una buena oportunidad para acercarse a esa realidad.

Liss Lares, aclimatándose al ritmo minero

Liss Lares, aclimatándose al ritmo minero

Esa es la forma decente y elegante de decir que las mujeres son quienes peor la han pasado en un territorio y una actividad donde abundan, mezclados entre los mineros de raigambre y cultura de trabajo, aventureros de todas partes de Venezuela y otros países, que al llegar a una zona minera (a una “bulla”: el lugar donde se descubre oro y comienza a formarse una comunidad) instalan en cambote un campamento caótico e insalubre, lleno de barracas y techo de plástico; se organizan para perforar agujeros de varios metros de profundidad, sacarlos a los “molinos” y recuperar oro a razón de un gramo cada 200 kilos de material bruto. En la cultura del minero, todo trabajador nuevo que saque sus primeros gramos de oro debe gastárselos en las currutelas (prostíbulos), donde las muchachas cobran en gramos (casi 5 millones costaba un gramo en diciembre). También hay mujeres mineras, pero la estigmatización ha hecho que a toda mujer que trabaje en una mina o comunidad minera la cataloguen y la traten como objeto sexual.

Una “bulla” llaman al lugar donde se descubre oro y comienza a formarse una comunidad

Una “bulla” llaman al lugar donde se descubre oro y comienza a formarse una comunidad

Hilgardo Medina trabaja como analista en el ministerio, su principal preocupación es el impacto ambiental que ocasiona la minería. Dentro de un vehículo tipo fun race viajó ocho horas de Tumeremo hasta la mina de Botanamo. Tratar de recuperar la capa superficial vegetal donde se nota el daño ambiental es la razón de ser de eso que llaman “minería ecológica”, y que tantas dudas y sospechas ha levantado entre gente que cree saberlo todo sobre las minas pero nunca ha ido a una. “El lugar de más difícil acceso no es el camino físico sino llegar a la conciencia del minero”, dice Hilgardo. “En Botanamo, hace dos años, hubo una operación de la Guardia Nacional que acabó con el campamento para dar con el cabecilla de una banda criminal que operaba en ese territorio. Cuando los mineros retomaron el asentamiento se reinstalaron como una organización popular, con sus reglas internas para restituir el orden y con un gran nivel de conciencia. Ahora, cuando regresamos nos recibieron cantando el Himno Nacional”.

ASUSTA EL PALUDISMO, POR LOS ESTRAGOS QUE DEJA EN EL CUERPO: TE DA UNA VEZ Y QUEDAS CON EL ORGANISMO RESENTIDO PARA SIEMPRE. SAYDUBI SANTANA ANDABA ENTERÁNDOSE DE ESO CUANDO LE TOCÓ CONOCER A UN MINERO A QUIEN SÍ LE HABÍA DADO PALUDISMO, PERO 79 VECES

En esta imagen del 17 de noviembre de 2015, mineros artesanales separan la gravilla con tamices mientras buscan diamantes en una mina abandonada de Areinha, en el estado brasileño de Minas Gerais. Durante un proceso de minería que toma varias semanas, el grupo excava la tierra hasta llegar a una capa de grava a unos 50 metros (yardas) de profundidad. (AP Foto/Felipe Dana)

Mineros de condición artesanal

Alexandra Meneses, ingeniera geóloga, egresada de la Universidad de Oriente, tiene 26 años y, aunque su especialidad es el petróleo, por vocación social atendió el llamado para conformar este equipo. Durante cinco semanas estuvo recorriendo diversas áreas para llegar hasta los frentes de minas e inspeccionar y georreferenciar (a punta de GPS) cada uno de los asentamientos. “Una vez llegamos a la mina de Hoja de Lata, ubicada en el municipio El Callao, a las 9 de la noche. A esa hora levantamos el campamento; al día siguiente nos despertamos a las 5:30 de la mañana para bañarnos con medio cuñete de agua y desayunar, rodeado de chivos, vacas, perros, gallos. A veces caminamos durante dos horas y al llegar a la mina nos poníamos a trabajar inmediatamente con la gente, pero desde tempranito uno se reunía con el equipo para proyectar cómo sería la asamblea de apertura con los mineros, para informarles sobre qué era lo que nosotros estábamos haciendo allí. Luego regresábamos a El Callao como punto de encuentro para lavar la ropa, descansar y recolectar la data que habíamos reunido”.

Saydubi Santana es caraqueña, tiene 25 años, es activista de la comunidad sexodiversa y su equipo, además de su cámara, era el encargado del registro audiovisual. En el recorrido de seis horas ida y vuelta a El Chivao en lancha, en El Dorado, se enfermó y, por los síntomas, tuvo que ser trasladada de regreso porque se sospechaba que había contraído paludismo. Al final se supo que no era ese mal sino un parásito que se le introdujo por los pies. Asusta el paludismo, por los estragos que deja en el cuerpo: te da una vez y quedas con el organismo resentido para siempre. Andaba enterándose de eso cuando le tocó conocer a un minero a quien sí le había dado paludismo, pero 79 veces.“Ver tantos niños enfermos de paludismo, ver a muchachas de 15 años prostituyéndose en una currutela para sobrevivir al alto costo de la vida y la marcada división de roles de género, es decir, el hombre en la mina y la mujer en la cocina, es algo realmente muy chocante”. Se supone que el Arco Minero fue creado para acabar con esas y otras cosas chocantes, pero, por esas cosas de la propaganda, mucha gente sigue creyendo que fue el Arco Minero el que creó esos males. Qué le vamos a hacer. Algún día aprenderemos a escuchar historias en la voz de quienes se zambulleron en la Historia.

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