POR FREDDY FERNÁNDEZ • @FILOYBORDE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE263-CHAVISMONo había un solo sector que defendiera al gobierno de Carlos Andrés Pérez. Los empresarios exigían medidas de protección frente a la “apertura de mercados”, las empresas nacionales no estaban en condiciones de producir de manera competitiva frente a los productos importados. Acción Democrática, la maquinaria para el triunfo electoral de Pérez en 1988, se quejaba porque el Presidente gobernaba sin el partido. En las oficinas y en los centros educativos se repetía que la clase media había sido la más afectada por la crisis porque “los pobres siempre habían sido pobres y siempre serían pobres”. Es decir, a los pobres solo les quedaba la resignación y la desesperanza. En estas condiciones los rumores de golpe cundían. Sorprendía los niveles de indiscreción y la aspiración de convertir una acción militar en una actividad popular.

Es 1992, el año en que Francis Fukuyama publica El fin de la historia y el último hombre, donde postula que, con la desaparición del bloque socialista de Europa, han muerto las ideologías y terminado las guerras y las revoluciones. Allí sostiene que en el mundo se habría impuesto “el pensamiento único”, con su democracia representativa y su libre mercado. Ahora la humanidad iba a satisfacer sus necesidades a través de la economía. No habría resistencia a la corriente globalizadora.

En la madrugada del 4 de febrero de ese año Venezuela despierta con la noticia de un intento fallido de golpe de Estado y conoce a Chávez. El jefe de la rebelión admite ante la televisión su derrota táctica, pero indica que su lucha es de carácter estratégico. Fue como una de esas pequeñas explosiones, aparentemente insignificantes, que, sin embargo, crean la grieta que hará imposible el sostenimiento del sistema.

El impacto de la Rebelión del 4F, aún hoy, sigue expandiendo su onda renovadora. Frente a la visión hiperoptimista del “pensamiento único” el chavismo ha impulsado una revitalización y actualización de los postulados humanistas, ha retomado la generosa noción de patria de los libertadores, con su convicción de hermandad con todos los pueblos del mundo, y ha demostrado que el ideal socialista es necesario y viable. En su desempeño ha probado que es posible alcanzar mayores niveles de equidad en la distribución de los ingresos del país.

Así se entiende por qué los enemigos internos y externos se han propuesto rendirnos por hambre. El criminal asedio económico y político contra nuestra revolución bolivariana tiene como objetivo borrar el anhelo de justicia social de todos los pueblos. Las élites no toleran un chavismo victorioso. Su dignidad y su fuerza es muy contagiosa para todos los pobres del mundo.

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