TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO •@MAGODEMONTREUIL

ÉPALE248-TRAS EL DISCURSO 1El filme Arma Mortal 4 (EEUU, 1994), como es de esperarse, es un fiel representante del cine cotufa, un necesario gancho comercial que demandaba su casa productora: un blockbuster. Para ser justos, de la saga sus dos primeras entregas son rescatables. Pero las dos últimas son dignas de ser defenestradas; sobre todo la cuarta entrega, en cual se evidencia, además de su obvio agotamiento, una de las pocas cosas que no debería suceder con una película: gastar metraje fílmico para no decir nada. Este mutis semántico viene dado por un rosario —mal rezado— de inadmisibles lugares comunes: corrupción en el servicio de inmigración de EEUU; humor barato derivado del juego de palabras entre los agentes policiales y sus torpezas cotidianas; policías negros cometiendo excesos; y un largo etcétera de innecesaria mención. La mítica pareja disfuncional Martin Riggs/Roger Murtaugh (Mel Gibson/Danny Glover), por lo visto, no tienen malhechores locales a los cuales aprehender, por lo que no les queda más remedio que enfocarse en combatir a la mafia china de su localidad.

Como ya se mencionó, el filme data de 1994, año en que el yuan chino o renminbi (literalmente, “moneda del pueblo”) no estaba considerada como una divisa plenamente convertible, pero… el sistema sabe cuándo no le van bien las cosas; ergo, para la década de los 90 la primera economía mundial ya avizoraba su irremediable decadencia. Y, en un desesperado acto de premonición, casi adivinanza, para el año de su estreno el filme lanza su teoría haciendo uso del clásico ardid gringo: la demonización de todo aquello que no sea estadounidense. En este caso particular, la satanización, no solo de China como nación ni de los chinos como gentilicio “demoníaco”, errático, sino de su moneda. Este es el metamensaje que se desea instaurar. Hartos ya de retratar a los responsables de su carcomida sociedad (narcosociedad, narcoestado), es momento de expiar las culpas por otros derroteros: la mafia y militares chinos corruptos han de ser los nuevos responsables de sus lacras sociales; el yuan chino falso, mal habido e inoperante (solo sirve como sucedáneo del papel higiénico) es un cáncer que hay que extirpar desde su cuna. Un enunciado hipócrita, como pocos.

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