Claudio Perna: El artista no oficial que pintó con la luz

“Estoy atenta, constantemente, a los detalles y efectos dados por la Luz, sus formas y fenómenos. La fotografía abre mi mente, mi periferia, aumenta mi sensibilidad con el entorno. Puedo decir que avivó mi espíritu para este volver al cauce, a la fuente y sentir mi realidad en completa armonía”. (Zorelin Gómez)

Por Ketsy Medina Sifontes / Fotografías Enrique Hernádez

Para llegar hasta Claudio Perna debía encontrarme antes con Arturo Michelena y Cristóbal Rojas; me habían dado una dirección, no tenía claridad de si los tres estarían juntos en una misma sala; parte de la pauta para realizar este escrito daba indicios de que me toparía con el fotógrafo cerca de los pintores.

Caminé por toda la avenida Universidad, en sentido este, desde Capitolio hasta la Galería de Arte Nacional (GAN), pasando frente a la fuente de Narváez de Parque Carabobo y el liceo Andrés Bello; una vez en la entrada, atravesé el largo pasillo techado que da la bienvenida a las salas y pregunté por Claudio, llevaba conmigo la emoción del encuentro de la primera vez.

Sentados alrededor de una mesa, los encargados del espacio me regalaron de respuesta unos segundos de reflexivo silencio. Se notaba que hurgaban en sus memorias, como quien mete las manos en un archivador y recorre carpetas llenas de documentos. Pronunciaron su apellido en voz alta, hicieron una pausa, pero no lo encontraron. Dijeron: Aquí sólo hay pintores, no tenemos fotógrafos”.

Para llegar hasta Claudio Perna debía encontrarme antes con Arturo Michelena y Cristóbal Rojas

Pensé retirarme, pero decidí darme unos minutos para mirar. Miranda en La Carraca me observa y pregunta cómo es posible que no me impresione su impresionismo. Un poco apenada, viendo directamente los pliegues de su rostro cansado, bajo la presión de quien visita un museo sin ser especialista en crítica de arte, le pido que me dé un instante.

Evado a Miranda… montado en su colchón de paja. Un vestido azul, sobre el que caen unas manos atadas a la espalda y un rostro altivo de cara al Sol, me atrapa: es Carlota Corday  camino al cadalso de Arturo Michelena; a su izquierda, La joven madre, del mismo autor; a su derecha, La Miseria, de Cristóbal Rojas. Quedo perpleja.

Con estas imágenes en la cabeza salgo de la GAN a buscar a Perna en el Museo de Bellas Artes (MBA). Apenas entré, allí estaba, haciéndose un selfie en medio de la carretera. Así nos conocimos o, bueno, así fue que lo conocí.

Un artista no oficial reconocido por la oficialidad

Claudio Perna nació en Italia en 1938, pero su nacionalidad fue la venezolana. Geógrafo de carrera, formó parte de la plantilla de profesores de la Escuela de Geografía de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Como maestro convirtió sus aulas de clase en espacios de investigación, en los que fomentó en alumnas y alumnos el uso de la fotografía pura, también conocida como fotografía directa.

Perna, hombre de espíritu libre y salvaje, en su recorrido por parte importante del territorio nacional capturó con su lente un sinnúmero de imágenes, que hoy nos muestran los instantes de un país en proceso de transformación; su trabajo nos lleva, en cada exposición, a vivir una experiencia perceptiva, formativa y reflexiva particular.

Asumiéndose como artista no oficial, Claudio Perna fue reconocido en el mundo de la cultura y del oficio audiovisual oficial como ideólogo, historiador y transgresor, lo que le permitió ocupar el puesto de pionero del arte conceptual latinoamericano.

En su recorrido por parte importante del territorio nacional capturó, con su lente, un sinnúmero de imágenes, que hoy nos ofrecen instantes de un país en transformación

La fotografía fue su punto de partida y con ella se paseó por géneros como el documentalismo, la fotografía de calle, el fotorreportaje, la fotografía abstracta, el autorretrato, el light graffiti (conocido en español como pintar con la luz), las autocopias (retratos con máquinas xerox), el performance, la exploración con medios impresos, en los que no incorporó la serigrafía a sus recursos artísticos.

El valor de Claudio Perna no sólo se vincula a su producción artística diversa, donde exploró incluso en el video; su obra se potencia con los aportes investigativos e historiográficos en los que, desde 1975 a 1979, gestionó la memoria visual del país, resultando de su trabajo minucioso la creación del Archivo Audiovisual de la Biblioteca Nacional de Venezuela.

Familia Italiana

Familia Italiana (1953), de Paul Strand, fue una de las imágenes que influenció fotográficamente a Perna a muy temprana edad. En una entrevista de Guberlín Rojas, publicada en el Diario del Caribe (1989), señala que sin poder decir con exactitud lo que le gustaba de aquella imagen, el hecho de haber podido dialogar con su influenciador a través de una de sus fotografías le había resultado satisfactorio.

Con Barbero en Araya (1967) Claudio Perna se conecta con su adolescencia, con sus raíces familiares, su infancia, registrando en un instante la cotidianidad y el realismo puro de un pueblo del estado Sucre en el que, al mismo tiempo, se plasman sus nostalgias familiares, de un hogar con un padre inmigrante.

En palabras de Giuliano Salvatore, fotógrafo, documentalista y profesor universitario de las artes y de la comunicación popular, “Claudio Perna es uno de los grandes, es uno de los fotógrafos más importantes de Venezuela. Hizo un trabajo documental y, además, desarrolló un trabajo de intervención plástica de las fotos. Es un tipo excepcional, Claudio Perna es una maravilla”.

Salvatore, miembro activo del colectivo Cacri-Fotos, dialoga, a través de sus trabajo de registro, con las imágenes de Claudio Perna. Su “oficio puro”, como el de Diko Betancourt, Cacica Honta, Nika Guerrero, Marcelo Volpe y otros compañeros de esta conjura, quienes se propusieron como tarea documentar la cotidianidad sin poses y apariencias, en pocos años pasarán a ser parte de quienes aportaron para incrementar el capital simbólico y cultural del archivo que resguarda la memoria fotográfica iniciada por Perna.

Pintar con la luz

La exposición acogida por el Museo de Bellas Artes, como iniciativa de la Fundación Claudio Perna, invita a revisar e indagar; las imagénes nutridas con textos, en la que resaltan correcciones, notas a grafito y una basta exploración, advierten a quien visita el espacio que no se encuentran frente a una simple exposición fotográfica. Disfrutar el espacio implica darse el tiempo necesario para explorar en sus escritos, hojear los cuadernillos, mirar su recorrido en mapa; visitar esta exposición es como lograr ser parte de una de sus aulas de clase.

Claudio Perna, Cristóbal Rojas, Reverón, Arturo Michelena, Zorelin Gómez, quienes forman parte del colectivo Cacri-fotos y quienes gustan de la fotografía tienen en común la luz. De distintas maneras se reflejan en sus trabajos las alternancias entre zonas de luz y oscuridad (también llamadas claroscuro), lo que brinda dramatismo e intensidad en su obra.

La sensibilidad al jugar con la luz (natural o artificial) ha permitido en la pintura crear zonas de alto contraste, y en la fotografía capturarlas. Pintar con la luz es resguardar para la posteridad lo que hemos sido, lo que estamos siendo.

Una ciudad al arte libre

En nuestro paso acelerado, rutinario del día a día, recorremos la ciudad mirando, pero no admirando y reconociendo en nuestro alrededor las obras de artistas de la plástica y la arquitectura que pasan desapercibidas a nuestro paso. El tiempo de la ciudad, con sus recorridos puntuales, nos limita a rutas básicas, que marcan el trayecto casa-trabajo, trabajo-casa.

Para Margarita DAmico, Claudio Perna es un artista venezolano único, cuya obra visionaria merece mayor conocimiento y valoración por parte de las generaciones actuales. Porque las anteriores ya lo hicieron”.

Si bien la obra de Perna podemos apreciarla en la sala del MBA, al salir de allí y mirar a nuestro alrededor podremos apreciarla en lo cotidiano, cobrando valor y sentido lo rutinario.

Con sus fotos realistas, mágicas, logradas sin cámara, sin negativo; con sus fotos llenas de distorsiones, texturas, colorización a mano y cortes en el papel, Perna indaga y vitaliza el poder del arte libre vivido en la calle que transitamos

Cerramos este trabajo con una cita de este maestro de la luz: “Nos cuesta trabajo admitir que todo lo que nos forma intelectualmente, de una manera u otra, procede de imágenes. A fuerza de construir imágenes nos olvidamos de la imagen. Se puede hacer duradero lo fugaz y se puede hacer fugaz lo duradero. Soy incapaz de establecer las fronteras de la imagen”.

Reconocimientos

1994: Premio Nacional de Fotografía.

1995: Premio Nacional de Artes Plásticas.

1998: Participación póstuma en la VI Bienal de La Habana.

 

 

 

ÉPALE 356