Cocteles lujuriosos postpandémicos

Por NiedLinger Briceño • Colectiva Tejiéndonos Mujeres • @colectivatejedora                     Ilustración Justo blanco

“La salud sexual es un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad. Requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia”.

Luego de leer esta definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la educación sexual me gustaría conocer —mujer que me lees— cómo vives tu sexualidad en esta nueva normalidad pandémica y qué es lo que esperas que suceda en un escenario de postpandemia, pero está claro que no tenemos confianza. A ver, si te animas un poco, te expondré algunas experiencias que conozco muy de cerca y, si te fluye, cuéntame cómo lo vives tú.

Así lo viven ellas. ¿Cómo lo vives tú?

Mili y Yana —una pareja lesbiana que decidió juntarse a convivir, luego de un año de relación, justo cuando anunciaron la cuarentena indefinida—, ellas sí que no pierden tiempo, andan en una luna de miel de infinitas escapadas improvisadas, el sexo casual y las noches de tragos y coqueteos. Virginia recuerda esas noches con nostalgia en esta nueva normalidad pandémica. Patricia y Víctor lo que extrañan es hacer amor en cualquier parte de la casa: sofá, lavadora, cocina, etcétera, mientras las crías están en la escuela. Viviana ya no tiene esa privacidad en casa, ni siquiera para palparse, sentirse o hacerse el amor sin que nadie le toque la puerta: “¿Qué haces, Vivi?, ¿puedo entrar?”. Con tanta familia en el espacio ella fue perdiendo su privacidad.

A Ana Claudia le agarró la cuarentena en Barinas y su novio quedó en Caracas, ¡ay, qué tristeza tiene esta mujer!, arrepintiéndose de no haber comprado el vibrador que tanto desea. Y ni hablar de la relación entre Clara y su amor chileno, Camilo, quienes llevan más de dos años con una relación sexual-afectiva a distancia que, aunque sean a kilómetros, amerita tiempo y espacio íntimo.

Otras niñas y adolescentes sólo anhelan volver a sus cotidianidades para dejar de vivir violencias sexuales por sus primos, tíos, papás, abuelos y vecinos. Este es el caso de Lucía, una niña de 8 años que es tocada constantemente por su tío, un cuidador evangélico que se muestra amoroso y correcto ante toda la familia. No es secreto que la violencia sexual se ha incrementado en confinamiento. Espero que el caso de Lucía no sea el tuyo; y, si lo es, no dudes en contactarme, te puedo ayudar, no estás sola.

Flavio no ha podido ver a su amante y aunque Brenda, su esposa, sabe que la tiene, anhela que todo esto acabe para que deje de violarla casi todas las noches y pueda saciar su machismo, también, con la otra. Y no, no la juzguemos, ella tiene tantas carencias materiales y económicas que se aguanta las infidelidades para que sus hijos e hijas se acuesten con las tres papas del día. ¿Te identificas con Brenda?, no estás sola.

Sea cual sea tu realidad, es claro y evidente que la salud sexual consentida y placentera se ha visto afectada con esto de mantener distancia, pues somos seres de contacto, de roces y fluidos, abstenerse no es una opción. ¡Qué cosa tan difícil compañeras! Toca reinventarnos y experimentar prácticas nuevas. El postporno podría ser una buena opción, pero si no sabes a lo que me refiero, te recomiendo la edición número 384 de esta revista, específicamente en la columna de “Soberanías sexuales”.

¿Cómo te lo imaginas en un escenario de postpandemia?

El estrés aumenta poco a poco y el sentir placer sexual se va convirtiendo en un reto para muchas, en un rapidito mientras lxs niñxs duermen, en una llamada caliente, en un mensajeo erótico y/o en una tocadera fugaz. Las que somos más de roces, fluidos, contactos y jugueteos presenciales sólo esperamos con ansias ese momento para reencontrarnos con esa persona que nos empapa de lujuria y nos acaricia sutilmente la flor, la ostra o la concha, como la llaman las argentinas.

¿Tú te has imaginado ese momento? Cuanto ya no haya virus al que temer, cuando juntar los sudores y salivas no sea un riesgo de contagio, cuando el tapaboca y los guantes estén mejor en la basura y podamos fusionar las cuerpas con otrxs al sumergirnos en un coctel hormonal.

Yo les confieso que lo que más extraño es abrazarme con mis hermanas de lucha, reencontrarnos en un círculo de mujeres “todera”, que tantos nos alivia el alma; también iré por unas birras en algún lugar de Caracas, apreciando la Luna desde afuera y conectada con esta ciudad nocturna que es fácil recordar.

Te quiero libre, te quiero fogosa, te quiero viva

Me imagino a Virginia bailando toda la noche en algún lugar nocturno y teniendo sexo con Laura, con quien conectó con el ritmo de la salsa brava y el repique de tambores; a Patricia y a Víctor haciendo el amor sobre la lavadora durante el centrifugado; a Viviana teniendo multiorgasmos durante varias horas en la intimidad de su cuarto, sin que nadie le interrumpa. A Claudia y a su novio me los imagino en cámara lenta reencontrándose en un cuarto de hotel, desnudando sus cuerpos y gimiendo de placer como si fuera la última vez que echarían un buen polvo.

A Lucía y a Brenda sólo las imagino libres, suyas, acompañadas por otras, sin miedo, sin sacrificios ni castigos, sin penas ni culpas, que no duela, que no apriete, que no asfixie, que no rompa. Las imagino sintiendo, viviendo y amando.

Quizá no nos daremos cuenta cuando todo haya pasado, pues esto vendrá de forma prolongada, sólo permítete sentir y pensar cómo te gustaría que fuera ese reencuentro con tu sexualidad anhelada.

ÉPALE 386