Comer en el Catedral

Por Andrés Paravisini Rodríguez

Seguimos aquí, en el centro de la galaxia de concreto caraqueña, donde se levanta en un escondido pasaje del casco histórico de la ciudad capital: el restaurant Catedral.

Asimismo, uno de los mejores secretos del funcionario público caraqueño se esconde en un pasillo oscuro y casi escondido detrás del escaparate de una tienda de ropa entre las esquinas de Torre y Madrices.

Llegado al punto descrito usted podrá reconocer la entrada al local por un desfi le de maniquís de plástico. Al fondo, “caleta”, bajo un toldo amarillo se encuentra con Catedral, un lugar donde se puede comer sabroso sin pagar un alto costo.

Vale acotar aquí que el menú, además de solidario, es sortario (dado que la calidad, disponibilidad y calidad de los platos varía según el día de la semana); además, el día que fui, pedí y comí en diez minutos. No hay servicio más rápido, que yo conozca, en todo el centro de Caracas.

El menú, sobrio, muy poco condimentado, pero gustoso. Tiene mucho de sabor a fogón pero, como sabemos, la rapidez y la escala siempre van en detrimento de un mejor servicio. El menú tiene dos páginas donde se puede escoger entre la oferta tradicional y los platos del día.

El menú solidario cuesta cuarenta bolívares. Normalmente, la oferta del plato del día es parte del menú tradicional: atún al ajillo, pollo a la plancha, asado negro, costilla de res, chuleta de cochino, pescado frito, lengua o chivo al vino, un tradicional pabellón o una sopa de res. Si es parte del menú del día, incluye jugo por el mismo precio.

El día que fui esperé más por una mesa que el tiempo en el que me atendieron y sirvieron el plato. Austero, de aspecto un poco lúgubre, pero lo suficientemente limpio para no caer en contradicciones morales de tipo sanitario.

No obstante, precauciones y advertencias, el mejor indicativo sobre el lugar lo da su clientela. Ese día, un miércoles a las doce y media del mediodía, había al menos siete policía almorzando. Aquí en Caracas, el efectivo policial es como el gandolero en la carretera, donde usted vea uno comiendo párese, porque si no come bien al menos descubre algo interesante.

El próximo es en un restaurant subiendo de Torre a Veroes, un vegetariano diagonal al Café Artesanos. Luego te doy más señas.

ÉPALE 382