Cómo estructurar una pieza dramática

Por Rodolfo Porras / Ilustración Erasmo Sánchez

El paso inicial es tener una idea: cosas como cuando a uno le ocurre o es testigo de algo insólito y comenta “esto está como para escribir un cuento, o hacer una película”. Luego identificamos al personaje central o protagonista, éste puede ser individual o colectivo. Seguidamente viene el hecho que lo lleva a trazarse un objetivo. La obra consiste en las acciones para conseguirlo. Por supuesto falta un antagonista, un personaje que va a hacer de todo para hacerlo fracasar. Estos personajes se desenvuelven en un contexto: momento histórico, un grupo familiar, una situación previa, etc. Tanto el protagonista como el antagonista van a tener aliados. Y van a tener dudas internas. Es decir, es posible que un personaje, sin querer, haga peso para ayudar a su contrincante. Entonces la tarea está en vencer los motivos internos y mientras o después los obstáculos que genera el contrincante. Esta contienda se va desarrollando hasta llegar una escena clímax: el encuentro definitivo entre las fuerzas en pugna. Esta escena no solamente desanuda el conflicto, sino que abre paso al final de toda la pieza.

Pongamos un ejemplo:

El personaje central es el Gobierno de un país. Este Gobierno tiene numerosos enemigos internacionales que responden a unos intereses económicos claramente identificables. También tiene enemigos nacionales que actúan como cómplices de esas fuerzas. Esto que se acaba de describir no es la historia que va a contarse sino el contexto donde ocurre.

Comienza cuando un perfecto desconocido, apoyado por grupos internacionales, se autodenomina presidente de ese país. Lo hace anunciando que una caterva de países lo reconoce. Aunque al principio la situación es totalmente ridícula, se torna terrible porque el individuo y sus secuaces comienzan a robar muchísimos bienes del país. Todo bajo el amparo de una morisqueta institucional por parte de los países cómplices. El asunto es que además del dislate internacional, el cerco lo coloca al país en el borde de la quiebra. Una amenaza de invasión se convierte en un chantaje que también le da cancha al desconocido. El personaje central pareciera atado de manos. Pero se plantea el objetivo de derrotar al agente autonombrado presidente. El asunto es que lo extraordinariamente torpe del autonombrado y un manejo político del Gobierno dentro de los cánones legales, hace que el enemigo se despeñe por el barranco del fracaso absoluto. Sin embargo, el tipo sigue allí… repitiendo sus mentiras y torpezas. Ahora el protagonista tiene que llegar al clímax de esta historia: que el ladrón pague lo que debe… aunque el contexto en donde se desarrolla la trama no se haya modificado mucho. Esta escena está por escribirse.

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