Compasses: más allá del joropo

Es un cuarteto que explora en la potencialidad de la música llanera, y también se aventura a experimentar con otros elementos sonoros y ritmos de todas partes del mundo. Es una propuesta bien arriesgada

Por Mercedes Sanz /  Fotografía Cortesía Humberto Ramírez

¿Joropo metal? Todavía joropo jazz, pero la otra categoría sí que fue nueva al momento en que algunos “descubrimos” a ese cuarteto en unos videos en YouTube, ya hace tiempo. “Dream Theater criollo”, así le pusieron a esas imágenes. Ni idea de quiénes eran. “Es demasiado brutal”, “¡Qué bolas el solo de bajo! Jajajá, unos genios”, “¡Felicitaciones desde Ecuador, son extraordinarios!”, y este tipo de comentarios se leen.

Eran un arpista, un cuatrista, un bajista y un maraquero en una descarga o jam session al estilo de grupos de jazz, de rock o de salsa. Era impresionante escuchar aquello: un joropo recio, con arremetidas de alguno de los instrumentistas; con solos de cuatro, arpa, bajo, o con contrapunteos. El cuarteto lograba crear la misma intensidad de las bandas de géneros “duros”. De allí que varios bautizaran su modalidad como joropo progresivo o joropo rock.

Eran unos desconocidos, hasta que fueron buscados, comenzaron a entrevistarlos y a darlos a conocer. Eduard Jiménez (arpa), Alis Cruces (cuatro), Nelson Echandía (bajo) y Andrés Ortiz (maracas) le dan vida al proyecto Compasses.

“En caso del joropo, se trata de variar rítmicamente con figuras bastante agresivas. Muchas variaciones sincronizadas con todos los instrumentos. Esto hace que el joropo tenga una transformación más fuerte. Y sí nos han señalado de joropo progresivo, metalero —risas—. Pero digamos que nuestro estilo va orientado ahorita a eso que llaman world music, y eso está evidenciado en el disco Sotavento, por todo esto de la fusión”, comenta Cruces.

Jiménez es de Maracay, mientras que Echendía y Ortiz son de San Carlos (estado Cojedes) y Cruces es de la población de Güigüe. Todos tienen formación en sus respectivos instrumentos. “El fundador es el arpista, que quería hacer un grupo de música instrumental con tendencia a los festivales de joropo entre Colombia y Venezuela. Y nosotros cuatro venimos trabajando desde septiembre del año 2011, que fue nuestro primer ensayo. Nuestro encuentro se dio porque nos conocimos en los festivales de joropo”, agrega el cuatrista.

Búsqueda sonora

De todo ese trajinar en la música llanera, especialmente el joropo, surge esta propuesta que suena a tradición y vanguardia. Compasses no se apega a modelos cerrados, conservadores, ni tampoco copia a otros ensambles. Sin duda que para haber trascendido es porque algo tiene; suena diferente, más a ciudad. Y no es exagerado ubicarlos dentro de las vanguardias. Por otra parte, provoca verlos en vivo. La soltura con la que manejan los instrumentos y de una forma tan natural.

La perseverancia de estos muchachos los llevó a grabar en 2015 su primer disco, Acoustic Play, y el año pasado presentaron el segundo: Sotavento, con invitados como Miguel Siso (cuatrista ganador del Grammy Latino), el baterista Andrés Briceño, el flautista Eric Chacón, el sonero Marcial Istúriz, el trompetista “Chipi” Chacón, y más colaboradores.

Esta nueva placa muestra la versatilidad del cuarteto al encarar no sólo el joropo, sino otros ritmos venezolanos y del mundo: gaita zuliana, merengue caraqueño, jazz, onda nueva envenenada con giros roqueros, como en “Carretera” (de Aldemaro Romero); o esa samba brasileña que es “Odalis”, escrita por Alis Cruces. Y, así, cada tema tiene una particularidad.

Sotavento es todo un desafió sonoro y también compositivo. Es una evidencia de lo que son capaces de hacer los cuatro músicos, quienes no repiten el esquema de su ópera prima, sino que se reinventan musicalmente. ¿Con qué más vendrán?

ÉPALE 397