Comunicalle: teatro panfletario, incluyente y de barro

Siete años después de su fundación, la agrupación mantiene intacto el espíritu rebelde que rechaza las grandes masas y se alimenta del encuentro íntimo, en un acto donde el arte y la necesidad de comunicar bullen con la gente

Por Marlon Zambrano @marlonzambrano /  Fotografías Archivo

Cuando se subieron al estrado, durante la entrega del Premio Nacional de Periodismo 2015, en el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores, el batallón de Comunicalle cantó un panfleto al aire que quedó inscrito como su documento de actitud: “Comunicadores populares no se callen / agarren los megáfonos y publíquenlo en la calle”.

Se hacía patente, para las grandes mayorías, lo que ellos preconizan en su mínima cruzada artística y comunicacional, no por ello menos trascendente.

Sí quieren ser panfletarios, agitadores, comunicar mirando a los ojos y, eventualmente, tocando

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No están cazando público masivo, no pretenden calar sobre las multitudes, no quieren repetir las convenciones de cualquier plataforma comunicacional al uso.

Sí quieren ser panfletarios, agitadores, comunicar mirando a los ojos y, eventualmente, tocando, inspirados en experiencias como el “teatro periodístico” del brasileño Augusto Boal, creador de la escuela de Teatro del Oprimido, que da vocería y espacios a sectores marginados, que no tienen lugares donde hacerse sentir.

Durante la entrega del Premio Nacional de Periodismo 2015

Comunicación sin “masas”

Uno de sus creadores, el periodista y hombre de las artes escénicas, Armando Carías, define a Comunicalle como un colectivo artístico y comunicacional que, a través del teatro, la música, la danza, el circo, las artes visuales y cualquier expresión sublime, transmite información al modo de un medio de comunicación convencional, pero con otros artificios.

Recuerda que la agrupación nació de la conjunción de varios factores: en 2013, siendo ministro de comunicación Ernesto Villegas (admirador desde niño del teatro El Chichón), éste le propone a Carías crear en el Minci (Ministerio de Información y Comunicación) algo que vinculara su experiencia artística  con el periodismo.

En ese momento se estaba impulsando el Sistema Bolivariano de Comunicación e Información (Sibci), cuyo propósito se expresaba en un lema: “Comunicación más allá de los medios”.

En ese contexto, Carías, que venía de dirigir por 28 años al célebre grupo de teatro universitario, El Chichón, de la Universidad Central de Venezuela, y de dirigir la señal juvenil de Radio Nacional de Venezuela (RNV activa) de 2005 a 2013, acepta, a instancias de Villegas, encabezar la dirección de arte comunicacional del ministerio, cuyo primer proyecto fue Comunicalle: una manera de hacer comunicación alternativa que, con el tiempo, redefiniría como comunicación artesanal, “que se hace con el barro de la calle, con la urdimbre del semáforo y el rallado, con todo lo que significa la ciudad”.

Arriba la calle

La trayectoria de Comunicalle se ha quedado prendada del asfalto. Desde que apareció ha ejercido un reinado en el corazón de los sectores populares del municipio Libertador, donde ha desplegado sus artes con destreza y alegría.

En 2015, en el prólogo de una publicación que acopiaba su, para entonces, joven gestión, Carías se refería a Comunicalle: “Este, nuestro testimonio de un año de intensa actividad y encuentro con otros colectivos, con comunidades, con un público inesperado y sorprendido con el despliegue de titulares en plena vía pública, con canciones que dan noticias, poemas que hablan de precios justos, obras que pregonan el Plan de la Patria, mimos que edifican con sus gestos las casas de la Misión Vivienda y malabaristas que vocean los productos de Mercal. Eso es lo que en Comunicalle llamamos ‘la revolución en escena’. ¡Arriba el telón! o, mejor dicho, ¡arriba la calle!”.

Ese mismo año recogían sus frutos: recibían el Premio Nacional de Periodismo mención Periodismo Comunitario, por su publicación Comunicalle, una experiencia comunicacional desde el arte, encartada en el diario Ciudad CCS.

En 2019 se hacía acreedor del Premio del Ministerio del Poder Popular para la Cultura de manos del propio Villegas, en reconocimiento a su trabajo con los niños, en vista de que el grupo teatral Comunicalle se dedica a trabajar con los chamos y chamas, “entendiendo, además, que la cultura es el pueblo”, en palabras del ministro.

No es teatro ni comunicación al uso: es agitación de calle

Sus activistas

Félix Leal, desde sus filas, advierte que Comunicalle es el espacio que le permite expresarse a través del teatro, comunicarse en vivo y directo, a diferencia de la TV o la radio, mirando directamente al público receptor.

“Es una ventana -sigue- para promover los logros de la Revolución Bolivariana y ejercer un derecho a réplica cuando la canalla mediática trata de imponer una matriz de opinión contraria a la realidad, y así poder desmentir sus falsas noticias”.

Para este activista y militante -que, además, se despliega en distintos frentes como la misión médica cubana en medio de la pandemia, en la región de los Valles del Tuy- resulta sumamente gratificante ver, durante su representación de personajes de la oposición o antagonistas de los valores revolucionarios, la empatía del público frente a la actuación y el rechazo hacia tan infames personajes extraídos de la realidad.

“Esto quiere decir que estamos comunicando”, remata, como cuando usan el Metro para promover el buen uso de sus instalaciones; o la “guerra económica”, encarnando a un personaje llamado el “bachaquero de los jueguetes”, a quien señalan y denuncian.

Lo mismo pasa con Laura Peña, joven periodista egresada de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), quien considera que llegar a Comunicalle representó una trinchera importante para seguir luchando por la construcción del socialismo del siglo XXI, a través del oficio más bello, el periodismo, y la hermosura del teatro.

“Yo creo que Comunicalle, Armando y todo el elenco que ha pasado hasta la actualidad han tenido la hermosa labor de moldear unos oficios, unas profesiones, que puede que en algún momento estuvieran en polos opuestos, pero que al hacerse comunicador que sale a la calle vestido de pueblo, de bandera, de Zamora, de Bolívar, de Juana, La Avanzadora; a la calle a hablar con el pueblo, a informar y a sentir, se complementan”.

Una de las dinámicas más apasionantes, describe, es llegar de la calle después de una acción comunicacional y establecer en colectivo, a partir de las experiencias que cada actor vivió junto al público, una sistematización en la sala de ensayo, para luego crear otra acción que necesita el pueblo o transeúnte y que se escenifica luego en esa esquina de la ciudad.

Para Comunicalle no es suficiente informar, es necesario tocar a la persona

Arma política

Agrega Armando Carías: “El asunto es que el teatro siempre ha sido un arma política, tanto de la derecha como de la izquierda. El teatro banal es una herramienta de distracción, pero para la izquierda es una herramienta de lucha, de guerrilla, de agitación”.

Celebra al panfleto citando al intelectual venezolano Luis Britto García, cuando dice, en Elogio del panfleto, que “… es la voz que clama en el desierto”.

“Cuando me defino como un comunicador artesanal, voy a contracorriente: yo reivindico la comunicación a pequeña escala”.

(Armando Carías)

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No cree en la efectividad suntuosa de la comunicación de masas. Al contrario, se decanta por la posibilidad de que la comunicación sea más efectiva en cuanto sea más afectiva, a través de lo cálido del sentimiento. “No es suficiente informar, es necesario tocar a la persona y eso es lo que hacemos cuando salimos a la calle”.

Por eso, apuesta por el mensaje hondo que se produce desde lo inmediato, cuando a la persona le dices algo mirándola a los ojos.

“Cuando me defino como un comunicador artesanal, voy a contracorriente: yo reivindico la comunicación a pequeña escala. He comprobado su efectividad”.

Así arribaron a siete años de existencia, el 25 de julio pasado, recordando la vez que, en un homenaje a Caracas en su día, tomaron los recovecos de la ciudad para celebrarla con actos consecutivos: primero Petare, luego la Plaza Bolívar y finalmente en el bulevar de Catia. Así empezó todo.

Armando Carías: comunicador “artesanal”, sí cree en el panfleto

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