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MÚSICOS Y CANTANTES DE LARGA TRAYECTORIA, JUNTO A LA ORQUESTA GRAN MARISCAL DE AYACUCHO, HOMENAJEARON A “CANELITA” MEDINA EN UN AULA MAGNA A CASA LLENA

POR NATCHAIEVING MÉNDEZ  ⁄  FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

Hay una belleza que es inolvidable porque viene del alma, de la esencia misma del ser humano. Es la misma que transmite Rogelia Medina —o, como mejor la conocemos, Canelita—, quien, además, dentro o fuera del escenario le agrega un toque tropical, un “sabor a canela”, como bien lo resaltó en una oportunidad Ángel Méndez.

Y miren qué fuerza tiene este don de Canelita que ha logrado, por 65 años, cautivar con su sencillez, elegancia y talento a personas de todas las edades y de diferentes países del mundo. Quizás tiene que ver con esa felicidad que ella confiesa haber vivido en su “Guaira querida”, allí, en el sector que se llamaba El Playón, cerca del hotel Las Quince Letras, donde junto a sus siete hermanos vivió hasta los 10 años moliendo el maíz, repartiendo las arepas que su madre hacía para mantenerlos y, luego de la escuela, cruzando la calle para jugar en la playa. “Nosotros éramos muy humildes, pero éramos muy felices”, confesó Medina.

Esa misma frescura, serenidad y grandeza del mar pareciera haberse quedado en la esencia de Canelita, quien el pasado domingo 11 de noviembre fue recibida con los aplausos y las ovaciones de más de 1.000 personas, quienes se congregaron en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela para disfrutar de un homenaje que la sonera de Venezuela y del Caribe insistió en llamar celebración, pues dijo: “Yo he visto a muchos que, después de que son homenajeados, a los días se mueren”. Así de franca es Canelita.

Cantantes y músicos de reconocida y larga trayectoria como Verónica Rey, Dimas Pedroza, Floria Márquez, Alfredo Naranjo, Juan “Pecheche” Mijares, Juan José “el Indio” Hernández, Betzaida Machado, el trío Los Rodríguez, el Sonero Clásico del Caribe, Wilmer Lozano, Williams Mora, Ana Isabel Domínguez y Katherine Coll interpretaron diferentes sones, boleros y guarachas eternizadas en la voz de Canelita e hicieron de esta celebración un momento para el recuerdo de aquellos años en los que se vivía intensamente la rumba caraqueña en clubes y fiestas de Carnaval.

Una merecida fiesta musical a la primera mujer venezolana en abrir las puertas a otras cantantes en un mundo del cual ella dice: “Hay que ser muy tenaz porque esto no es como la gente piensa. Aquí se sufre, se pasa momentos difíciles; si te caes busca la fuerza y debes volverte a levantar, que de eso se aprende”.

Entre las tantas piezas interpretadas por la Dama del Son, una de las más ovacionadas fue “Canelita”, primer sencillo grabado por Medina, y su gran éxito “Besos brujos”, coreado por un público emocionado, que retribuía con su admiración tantos años de dedicación a la música afrocaribeña, la misma que la niña Rogelia escuchaba en la radio cuando sintonizaba emisoras cubanas y sonaban canciones en la voz de quien “es y será su inspiración”: Celia Cruz; muchas de las cuales grabó luego en 12 producciones como solista y diez con diferentes orquestas, tales como La Sonora Caracas, Los Megatones de Lucho, Los Caribes, Las Estrellas Latinas, Federico y su Combo y el Sonero Clásico del Caribe.

La emotividad fue el ingrediente principal de este concierto, en el que la Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho, bajo la magistral dirección de Elisa Vegas, mostró la fascinante riqueza melódica que se obtiene al combinar los instrumentos clásicos tocando diferentes géneros de música popular y afrocaribeña.

Un momento de encuentro promovido por Trina Medina, quien en su intervención no solo mostró la maestría en el escenario que solo se logra con la experiencia sino, además, el gran amor de madre e hija que ha sido característico en estas dos grandes de la música. Una vez más se demostró que “el son de Venezuela tiene el dulce sabor de Canelita”… más na. ¡Saravá!

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