POR GUSTAVO MÉRIDA • @GUSMERIDA1 / ILUSTRACIÓN L. “RAZOR” BALZA

ÉPALE SOBERANÍAS 223

Lo difícil fue empezar, pero una vez que se agarra el ritmo, todo es como ir en bicicleta bajando… a menos que a uno se le olvide abrir la tapa del envase para recolectar orina que, en este caso, es para recolectar los 0,1 mililitros de semen que salieron, sin espermatozoides. Cuando no se puede abrir la tapa por la humedad y la locación es un baño cualquiera, blanco y limpio, con un espejo y sin ningún material de ayuda, perder el ritmo del vaivén resulta en un retraso que, para retomarlo, hay que esforzarse y echar mano, con la otra mano, de recuerdos difusos y orgías imposibles (ella jamás lo permitiría con aquella, u otra, por la razón más tonta: porque la conoce. “¡Mejor así!”, y me dejan —sí, es un plural— hablando solo. Soy un incomprendido). Pero nada es imposible.

Es mejor abrir la tapa primero, agarrar el potecito justo a tiempo y conformarse con sentir lo poco que se siente cuando se está pendiente de la recolección; son pensamientos que no tienen nada que ver con los pensamientos que se tienen cuando pasa lo mismo y uno no se tiene que ocupar de recoger nada, sobre todo cuando ella traga grueso, sin arcadas ni nada que la haga sufrir nada porque por lo bien que lo hace no merece más nada que la mayor suma de felicidad posible. Cada quien a lo suyo.

La vasectomía, comprobado está, es un método anticonceptivo seguro que no depende de la mujer, que es económico (en las jornadas de Plafam) y no disminuye en absoluto el deseo ni el placer. Es un paso más, tímido, pero un paso al fin, en el logro de esa igualdad de género que a veces resulta tan antipática porque el mensaje suena a “como nos han jodido durante tanto tiempo, ahora jódanse ustedes un rato”; y aunque lo primero es verdad, lo segundo es injusto.

Tan injusto como que Zuckerberg, “el multimillonario que no fabrica nada” (ver Épale CCS N° 221), sea multimillonario porque le regalamos toda la información sobre nosotros, nosotros y 1.800 millones de personas más. Cada vez usamos más los celulares inteligentes para comunicarnos “más” y, al mismo tiempo, aislarnos más. Ya no necesitamos de otro ser humano: con mi teléfono me basta. Las orgías que no son se viralizan y somos parte de la audiencia en un set ajeno de Quién tiene la razón. Es como estar en un baño cualquiera y empezar a hacerse la paja sin tener ganas, recolectar algo que es importante solo para ti y unas pocas personas; pero, luego de hacerlo, vas y le cuentas a Marc y el algoritmo de los que también se hicieron la vasectomía le suma a la Data y él se hace más poderoso. Y no nos paga nada porque para nosotros, nuestra información, no vale nada.

ÉPALE 223

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