POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

ÉPALE312-BOLEROSDe los boleros más románticos de Armando Manzanero, aunque sea aventurado compararlos con otros boleros de su vasta obra, uno es “Contigo aprendí”. Decirle a una mujer que de ella aprendió que existen nuevas y mejores emociones, a conocer un mundo nuevo de ilusiones, que la semana tiene más de siete días, a hacer mayores sus contadas alegrías y a ser dichoso yo contigo lo aprendí… ¡joder! Pero agregarle que ver la luz del otro lado de la luna, que tu presencia no la cambio por ninguna, que puede un beso ser más dulce y más profundo, que puedo irme mañana mismo de este mundo. Las cosas buenas ya contigo las viví… ¡ya es como demasiado!

En sus entrevistas siempre insistió que es la canción más importante de su catálogo y que la compuso en 1966. Su afecto por ese tema se nota cuando se atreve a compararla: “Yo no sé si ‘Nada personal’ vaya a durar dentro de 60 años. En cambio, ‘Contigo aprendí’ ya tiene 60 años de vida y cada día es más importante”. A la pregunta de ¿cómo se inspiró para componer “Contigo aprendí”?, don Armando respondía: “Mire, usted se va a desilusionar conmigo, porque yo no soy de inspiración ni de esas cosas que maneja mucha gente ni nada por el estilo. Yo soy un músico que estudió desde los 8 años, que lee mucho. Soy un fanático de la música. Escribí ‘Contigo aprendí’ en un momento en que creía que estaba escribiendo algo importante e interesante. La gente se abraza cuando va a bailarla. La gente la canta cuando tiene un romance. Siempre es un regalo de amor para la pareja. Por eso ve usted que pueden venir ritmos y hacer de todo, pero la canción romántica —no la llamemos bolero— va a estar siempre en un sitio. La pareja siempre necesita una canción para oír”… ¡y cómo!

La magia del bolero o canción, como Manzanero prefiere llamarla es precisamente esa: que un compositor escriba sus sentimientos para que nos sirvan al resto de los mortales para expresar la pasión, el amor mismo que sentimos por esa mujer que nos mueve el piso… o el hombre, según sea el caso. Me recuerda tanto aquel pasaje de la película  El cartero, adaptación de la novela Ardiente paciencia (1985) de Antonio Skármeta, en la que Mario Ruoppolo, el cartero, al verse descubierto por plagiarle los versos a Neruda para enamorar a su amada, le suelta esta perla: “La poesía no es de quien la escribe, es de quien la necesita”.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Y contigo aprendí, que yo nací el día que te conocí. ¡Más nada! Ahí no quedaron ni vidrios que recoger. Jajajá.

ÉPALE 312

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