ÉPALE274-LA VIDA ES JUEGO

POR GERARDO BLANCO • @GERARDOBLANCO65 / ILUSTRACIÓN RAUSSEO DOS

La dirigencia federativa heredada del ancien régime de la Cuarta República, tiene en común con esta su nulo dominio técnico del deporte que comanda y el desprecio por las instituciones democráticas, participativas y protagónicas establecidas en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Si no, fijémonos en el ex presidente de la Federación Venezolana de Baloncesto (FVB). Si usted le tira un balón y le pide que drible, realice un doble paso o lance en suspensión hacia el aro, Carmelo Cortez saldrá reprobado, porque nadie nunca lo ha visto de short y zapatillas de gomas jugando el deporte que durante 25 años dirigió a sus anchas, sin ninguna oposición que le hiciera sombra o lo incomodara.

Lo suyo siempre fue la dirigencia en mayúscula. Vestir de punta en blanco, impecable con su terno de moda, relojes de marca y una cadena de oro relucientemente cara. Con esa pinta de dirigente nadie le cuestionó sus desaciertos nacionales e internacionales, como la desaparición de la Liga Metropolitana que multiplicó la práctica del baloncesto en los barrios de Caracas, sustituida por una Liga Superior cuya superioridad viene de la millonaria inversión que hay que desembolsar para competir en ella. O aquel bochorno mundial de los balones que le costó salir por la puerta trasera de la presidencia de la Confederación Sudamericana de Básquet y una sanción de 50.000 dólares por parte de la Federación Internacional de Baloncesto; todo por querer hacer negocios con la marca Golty, violando los contratos de patrocinio de FIBA que establecen el uso de pelotas Molten en los campeonatos. Pero en la escena del básquet nacional apareció el movimiento Somos Baloncesto, encabezado por la antigua luminaria de este deporte: Bruno D’Addezio, implacable canastero desde larga distancia que, tras su retiro de los tabloncillos, se convirtió en uno de los más respetados entrenadores del país. Bruno lanzó su candidatura a la presidencia de la FVB y, tras una batalla legal, la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia ordenó que el Consejo Nacional Electoral organizara las elecciones de la entidad, en virtud de las irregularidades cometidas por la FVB para convocar, elaborar el cronograma electoral y presentar una lista preliminar de votantes que cumpliera con lo estipulado en la Ley del Deporte.

Como Julio Borges, el ex presidente de la FVB rechazó participar en las elecciones y prefirió invertir los dólares de la entidad en viajar a Suiza para rogar a la FIBA que intervenga la FVB y sancione al básquet venezolano, porque Cortez quiere seguir siendo presidente eterno sin la incomodidad del CNE ni nada que huela a la democracia participativa y protagónica, la que hace una semana le permitió al coach Bruno D’Addezio ser electo nuevo presidente de la FVB en inéditos comicios, donde por primera vez jugadores, entrenadores y árbitros tuvieron derecho a elegir. Está visto que jugar y competir nunca ha sido el fuerte de Cortez quien, al mejor estilo de Jalisco, si no gana arrebata.

ÉPALE 274

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