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POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ • @CLODOHER / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

Si tienes cierto tiempo corriendo y no has tenido algún tipo de incidente con un perro, algo raro pasa contigo. Tal vez eres como el protagonista de El perfume, la novela de Patrick Süskind, que no olía a nada.

Las opciones de encuentros con perros son variadas. Lo más clásico es que te gruña, te ladre, te persiga, te atosigue y hasta que te muerda alguno que esté malhumorado. También puede pasar que te encuentres con un perro atleta, que corra contigo y luego quiera que lo adoptes y lo lleves a tu casa.

Hay unos perros perseguidores que tienen amo y otros que no. Entre los primeros están los que actúan agresivamente a pesar de los regaños del dueño, y están los que se portan mal y al dueño le parece graciosísimo. “¡Es que Bandido es muy tremendo!”, te dicen, luego de que el rottweiler te ha tirado un tarascón directo al tendón de Aquiles.

ÉPALE277-TROTA CCS 1 En cuanto a los perros sin amo, los callejeros poco se ocupan de los corredores; aunque nunca falta uno de esos que persiguen motos y bicicletas y que también les da por pegársele atrás a un cristiano al trote. Ciertos canes realengos ejercen dominio territorial sobre alguna zona específica y actúan contra quien pase corriendo. Esto suele ocurrir en las playas o en terrenos baldíos.

En estos días descubrí que hay un tipo de perros callejeros, pero con amo, que pueden ser hostiles con los trotadores. Se trata de los perros de latero o, para decirlo de un modo políticamente correcto, los animales de compañía de personas en situación de calle. Iba yo por el campus de la UCV un domingo temprano y, por los lados de la Escuela de Antropología, salieron tres callejeros criollos en actitud amenazadora, me acosaron por varios metros hasta que salió el aparente indigente (ahora que lo pienso, tal vez era un estudiante de Antropología) y les ordenó dejarme en paz. La mejor fórmula parece ser ignorar a la fiera. No es fácil porque esas persecuciones son como viajes ancestrales a los tiempos en que los primeros humanos eran devorados por depredadores. El miedo y el instinto de escapar están grabados en el ADN. Entonces, es un ejercicio también para el autocontrol.

Un amigo me confió que ha aprendido, con El encantador de perros, a reprenderlos enérgicamente con un simple ruido, algo como “¡shiiit!”. Asegura que se van tranquilitos, con el rabo entre las patas; pero yo no me fío de esas técnicas. Lo mejor es evitar, a toda costa, tomar represalias contra el perro, como caerle a pedradas o arrojarle gas pimienta. Si haces algo así, en 99% de los casos aparecerá el dueño del perro; y del 1% restante te caerá algún defensor de los derechos animales. Es difícil decir cuál de los dos especímenes humanos es menos recomendable para tener como enemigo. ¡Peeerro!

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