POR FREDDY FERNÁNDEZ • @FILOYBORDE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE276-FILO Y BORDELos españoles se asombran de latinoamericanos insatisfechos por la herencia española. A su entender, nosotros deberíamos agradecer, al menos, el idioma castellano. En contraste, se molestan cuando alguien opina que lo mejor que tiene España es su herencia morisca, su cante hondo, su flamenco, sus más de cuatro mil palabras de origen árabe, incluidas “ojalá”, “elixir” o “alaja”, por no mencionar “olé”. No es fácil que reconozcan con afecto tal herencia. Muchos se forman para menospreciar lo árabe y, en contraste, añoran ser como los germanos. No es de extrañar, puesto que los germanos lideran hoy lo europeo. Lo curioso es que Europa nació defendiéndose de los germanos, la tribu “bárbara” que asediaba al Imperio por el Norte.

Aunque, claro, la idea de Europa ya no se parece a Roma, reconocida como su cuna. Hoy se sustenta en la visión de una ciudadanía multinacional que reúne lo más “avanzado” del mundo en términos culturales, políticos y económicos (lo militar no parece querer disputarlo, por ahora). Aún así, uno tiene el prejuicio de que lo mejor de los ingleses es lo que aprendieron de India; de Francia, lo que adquirieron de África; y en Italia, lo que trajo Marco Polo de China. Por si faltaran detalles, las religiones de Europa nacieron en Palestina y su desarrollo se ha pagado con la riqueza expoliada a otros continentes.

Tales antecedentes no logran cuestionar el prejuicio europeo de “saberse” culturalmente más sofisticados. La grandeza de lo persa, lo chino, lo mongol, lo eslavo, lo maya, lo inca y lo turco, como mucho, la consideran superada. Entienden que todo el planeta debe “avanzar” hacia niveles europeos. Incluso, se “saben” más refinados que Estados Unidos, aunque de USA copiaron el modelo político, el bipartidismo y su sensación de democracia y cambio, cuando en realidad en el poder siempre están los mismos. El modelo en Europa, además, aportó la ventaja de que las monarquías no aparecieron más como responsables de lo político ni de lo económico.

Nosotros no estamos exentos de tales prejuicios. También pensamos en Europa como europeos. “Sabemos” que es el centro cultural y político más avanzado. Nuestro impulso primario es copiarlos, acompañarlos y menospreciarnos. Por esos prejuicios Europa, “superior” cultural y políticamente, es incapaz de aceptar que los pueblos se hagan responsables de su destino. Lo percibimos hoy en Venezuela. En su visión debemos aspirar a ser como ella. Sus prejuicios raciales y culturales, una y otra vez, hacen que sus gobiernos, junto a Estados Unidos, cometan genocidios contra pueblos de Asia, África, América Latina y el Caribe, sin que ello cuestione su aparente refinamiento. Sus prejuicios, incrustados en nosotros, nos hacen sus cómplices.

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