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COSAS QUE PASAN

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ . @CLODOHER / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

Voy a cerrar ya este tema de los dolores porque es, por naturaleza, odioso. Pero quiero dedicar unos párrafos a un fenómeno muy traicionero: el dolor que —aparentemente— se quita corriendo.

EPALEN301_03Me explico: hay dolores que surgen de resultas del ejercicio, es decir, que solo se notan o se agudizan cuando corres. Entonces, es sencillo entender que si quieres que el dolor cese debes parar de correr o bajar la intensidad. Pero otros dolores van en sentido contrario y son, en cierto modo, más peligrosos.

La cosa funciona así: te levantas de la cama y te duele algo al andar. Puede ser la planta del pie (fascitis, que no tiene que ver con las ideas políticas), o la parte de atrás del tobillo (tendinitis aquilea), o las rodillas (condromalacia rotuliana), o los muslos (síndrome de la banda iliotibial). En tus actividades normales, el dolor te sigue fastidiando, al punto de que algún gracioso —nunca falla— te pregunta por qué estás caminando como Chencha. Sin embargo, cuando te pones la indumentaria de trote y te lanzas a la actividad, luego de un breve momento de intensificación de la molestia, esta se diluye mágicamente. Es el momento de ser prudente.

Según los expertos, ese alivio, en apariencia providencial, es producto de una serie de complejos procesos físico-químicos que terminan surtiendo un efecto anestésico o analgésico, pero que de ninguna manera están curando la lesión que produce el dolor, antes bien, podrían estar agravándola. Entonces, aunque sea agradable creer que el correr nos quita esos achaques, lo sensato es tratar de establecer la causa y tratarla. Casi siempre es recomendable bajarle dos a la intensidad del trote o guardar reposo. Después de todo, no corremos para expiar los pecados ni pagar el mal karma de nuestras vidas anteriores, sino para sentirnos mejor en esta. No dejes que el cuerpo te ayude a autoengañarte.

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