Cuando el fuego purifica

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer

Por qué y cuándo se celebra el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer ya casi pasa a ser un episodio más. Lo trascendental es la coincidencia asombrosa de la lucha de la mujer con las luchas fundamentales de toda la especie, a principios del siglo XX. No sólo hay que hablar de incendios, sino de historia humana en movimiento

Por José Roberto Duque@JRobertoDuque / Ilustración Daniel Pérez

El contexto inmediato fue y todavía es controversial: ¿así que las mujeres de la fábrica de camisas Triangle no estaban exigiendo el fin de la explotación, sino que los explotadores las trataran mejor, que su esclavitud no fuera tan perra y amarga?, ¿así que eso de conquistar el derecho al voto significó, en realidad, el derecho a votar por los machos que se lanzaban de candidatos? Como para ir anotando: estimada, o estimado, usted puede exigir e intentar grandes saltos adelante en la Historia, pero a veces, o casi siempre, conviene ir paso a paso, realizar conquistas parciales, pequeñas, avances. Ya invadiremos la Casa Blanca en Washington, tranquilo; vamos primero a ver cómo tomamos la plaza Francia de Altamira. Un paso a la vez.

Sobre la primera vez que se conmemoró o se celebró el Día Internacional de la Mujer se ha dicho y escrito profusamente, como profusa y larga es la lista de las ocasiones en que ese día se celebró “por primera vez”: en Estados Unidos, en Dinamarca, en Alemania y en Reino Unido hubo movilizaciones y actos de masas que se llamaron expresamente así: Día Internacional de la Mujer y, también, de la Mujer Trabajadora, entre 1908 y 1911. Remontándonos atrás, al siglo de la Revolución Industrial, incluso en el rebulú posterior a la Revolución Francesa, nos encontramos con hitos de mayor o menor envergadura. En 1791 hubo una Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, autoría de una Olympe de Gouges como respuesta a la muy de avanzada y todo, pero machista, Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano del 26 de agosto de 1789.

Y antes de todo este vaporón, que tenía que ver con derechos laborales (era el tiempo del surgimiento de la fábrica como campo de concentración donde los pobres iban a dejar su vida a cambio de un sueldo) y políticos, en la antigüedad ya una Lisístrata, real o imaginaria (500 años antes de Cristo), puso en jaque a los machos de Grecia mediante una huelga sexual: si no me detienes la guerra no hay más cuchara, coñoetumadre. Los interesados en saber el desenlace, favor consultar la obra de Aristófanes.

Bautizo de fuego

Pero, para efectos de lo que ha sido la celebración moderna o contemporánea de este hito, el 28 de febrero de 1909 se realizó en Nueva York el Día Nacional de la Mujer (otro más), organizado por las Mujeres Socialistas, producto, consecuencia y combustible de un homenaje del Partido Socialista de Estados Unidos: se conmemoraba la huelga de las trabajadores textiles de 1908. Protestaban contra las condiciones inhumanas de trabajo. Una marcha de mujeres, que se calcula en 15.000 personas, se desplazó por la ciudad de los rascacielos exigiendo una reducción de la jornada laboral, mejores salarios y derecho al voto y todo eso que suena tan obvio y aburrido ahora. Pero ubique mentalmente todo eso en el contexto estadounidense y comience a espantarse: ¿Partido Socialista de Estados Unidos?, ¿mujeres obreras haciendo movilizaciones púbicas? Así estamos de atrasados, un siglo y pico después.

Poco después, el 19 de marzo de 1911, en varios países de Europa se propagaron varios capítulos de esa celebración y el día 25 se produjo el evento que marcaría con sangre el fin último de la lucha de las mujeres: no es una lucha aparte idiota, es que sin lucha de las mujeres no hay humanidad que valga la pena.

La fábrica de camisas marca Triangle estaba situada entre los pisos 8 y 10 de un edificio ubicado en Washington Square Park, Nueva York. Una fábrica más, pero con unas características singulares: la mayoría de los 500 esclavos que allí laboraban eran mujeres inmigrantes de Europa del Este e Italia, entre 14 y 23 años de edad. Han trascendido datos de las condiciones opresivas y miserables del lugar de trabajo y del régimen laboral: diez horas diarias de lunes a viernes y siete más los sábados.

El fuego causó la muerte de 146 personas: 129 trabajadoras y 17 trabajadores, más 70 heridos. Cuando el incendio se originó y comenzó a propagarse ya no hubo oportunidad de escape, ya que los geniales vigilantes cerraban todas las puertas para que no entraran los delincuentes. Presas en esa trampa patronal, las trabajadoras y los trabajadores comenzaron a saltar desde esa altura, prefirieron esa muerte a la inevitable incineración.

Casi siempre, al final de ese recuento, se concluye diciendo que la gran consecuencia de ese incendio fue que la legislación norteamericana humanizó o suavizó un poco la legislación laboral. Semejante tragedia fue necesaria para un simple reacomodo de las ideas, datos y frases en algún maldito papel con fuerza de Ley: el estado de Nueva York dizque ordenó mejores controles de seguridad contra incendios, organizó la pea del trabajo infantil y decretó que las escaleras de los bomberos fueran más largas, para que llegaran más arriba cuando los incendios no fueran en el piso 10, sino en el 40. Muy inteligentes.

En alguno de los cementerios de Nueva York existe un monumento en conmemoración de esa tragedia. Visual y simbólicamente la cosa es así: sobre una enorme placa de mármol hay una mujer arrodillada. Y eso es todo. Así que conmemórese el Día de la Mujer Trabajadora o martirizada el 8, el 19, el 25 o cuando quiera que las candelas de la Historia quieran recordar a las mártires de la Tierra. La historia humana habrá dado el vuelco crucial cuando los arrodillados sean los amos y no los expoliados.

ÉPALE 363