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COSAS QUE PASAN

El colmo de un trotador (o uno de los colmos) es ponerse a correr en busca de paz y terminar sufriendo ataques de ansiedad.

No es tan insólito como parece. Sucede con cierta frecuencia. Una persona se pone a trotar como fórmula para ganar tranquilidad mental y, de pronto, se ve enredada en gran cantidad de preocupaciones y angustias.

Una de las primeras causas del estrés del corredor es nuestro ancestral regusto por la competencia. No podemos hacer nada sin compararnos con otros. Funciona en todos los planos de la vida, desde el tamaño de ciertas partes anatómicas hasta el desempeño profesional, laboral, comercial, social, la amistad, el amor… todo. ¿Por qué habría el trote de ser la excepción?

ÉPALE289-TROTA CCS 1La ansiedad competitiva tiene dos versiones. Una es la que nos lleva a evaluarnos respecto a los demás. La otra deriva de compararnos con nosotros mismos. Las dos pueden ser muy peligrosas. Si te sorprendes en esa onda de tengo que ser mejor que el tipo del chor anaranjado ponte en alerta, porque puedes desembocar en una dolorosa zozobra.

El trote tiene factores que predisponen a ataques de competitividad. Uno de ellos es que te vas a encontrar con sujetos que, en teoría, deberían estar en peor forma que tú pero están entre mucho y muchisísimo mejor. Y eso pega en el ego. Por ejemplo: vas por tu ruta habitual, a tu paso habitual y, de pronto, ¡zuas!, te rebasa una doña de la tercera edad tirando a la cuarta y te saca como 200 metros en menos de lo que tú has dado 20 trancos. Entonces, una vocecita dentro de ti te zahiere con sarcasmos y se te mete en la cabeza que tienes que entrenar, tienes que mejorar, tienes que exigirte más… y todo porque te ganó una viejita. ¿Tú has visto, chico?, decía mi madrina Evangelina.

En cuanto a ponerse ansioso por competir consigo mismo suele suceder que el trotador se incomoda porque  en un tiempo pasado (años, meses o días) lograba mejores tiempos, digamos que, dándole una vuelta al parque. Entonces, se empeña tanto en volver a alcanzar o en batir su propio récord que la faena de trote, en lugar de un rato de relax, termina siendo un martirio.

Ojo: hay corredores que sufren ansiedad en términos clínicos, como los que experimentan ataques de pánico, temor a sofocarse o a sufrir un infarto. Esos casos merecen tratamiento con un psicólogo, preferiblemente con uno que también sea o haya sido practicante de algún tipo de ejercicio físico, para que entienda de qué le están hablando.ÉPALE289-TROTA CCS 2

 

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