ÉPALE269-ZAPATA

POR CÉSAR VÁZQUEZ / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

“Campanas de Villa Ayala por qué tocan tan dolientes, es que ya murió Zapata y era Zapata un valiente…” del cancionero popular, y de toda la literatura sucinta de los cuentos de caminos, se desprenden las versiones del Plan Ayala, y se titulará en la prensa, y en cada periódico de la época con carreteras y autopistas de versiones y de tratados que escribirán la siglas TLC.

Los académicos desmembrarán la historia que mucho antes los corridos del sur entonaron, los documentalistas rodarán metros y fronteras de cintas y de creencias, los viejos seguirán contando que en algún momento se cruzaron con el hombre, y todo el mundo hablará y alimentará esta criatura que respira, el mito sobre la muerte del águila del sur, el general en jefe Emiliano Zapata, “General del pueblo” y lider  de la primera revolución en masas del siglo XX contra la reforma agraria del gobierno de Venustiano Carranza.

Las más recientes investigaciones hablarán de los dobles de Zapata. Como en las películas de acción, otros llegarán a decir que huyó hacia el Líbano como el Sandokán Nuestroamericano, y mientras todas esas leyendas iban dividiendo al país, México y la causa zapatista se fueron desmoronando en lo sucesivo, por las políticas que han corroído la carne del Estado y se pierden en la “que no miente”,  las bibliotecas de la historia oficial aquella que se escribe sobre la espalda de ustedes saben, la que dirá que el general murió el 10 de abril, de 1919 en Chinameca, estado de Morelos traicionado, emboscado y acribillado por Guajardo quien ordena con el sonido del clarín descargar en su espalda los máuseres y pasar a la historia. De Zapata hasta el Cashback y la ridiculización del mexicano que hizo Trump en su campaña con el performance donde se representa con dobles de acción en la guerra contra el inmigrante mexicano, abatido en sus propias tierras, haciéndolos caer desde las alturas de los trailers en una caravana sobre el desierto, en el ejercicio forzoso de los dobles de acción, disfrazados con trajes de presidentes y copetes Pepsi.

SIGUE EL CORRIDO, LAS CANCIONES Y LAS PLEGARIAS

… Guajardo le dice a Zapata: / “Me les rindo con mi tropa /, en Chinameca lo espero / tomaremos una copa”. / Arroyito revoltoso / ¿qué te dijo aquel clavel? / Dice que no ha muerto el jefe / que Zapata ha de volver…

Pues la presencia de los imprescindibles que se hicieron espíritu, almas, sustancias y hoy fantasmas, en esa materialidad del recuerdos, Zapata no desaparece, lo dicen los hechos. Así sucedió el primero de enero de 1994 en el estado de Chiapas, comandando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, como lo aclara el testimonio del Subcomandante Marcos, al preguntársele frente a las cámaras que si él era el subcomandante, quién era el comandante. El mito se hizo decir, habla, lenguaje revelador, nos dio acceso a una comprensión que confluye en una constelación de interpretaciones, pero que pone la causa de los pueblos indígenas, las del campesino, la de los pobres de la tierra como el horizonte.

“Y tranquilo se dirige / a la hacienda con su escolta; / los traidores le disparan / por la espalda a quemarropa. / Jilguerito mañanero / de las cumbres soberano / mira en qué forma tan triste / ultimaron a Emiliano. / Cayó del caballo el jefe Zapata / y también sus asistentes, / así en Chinameca perdieron la vida / un puñado de valientes...

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