Cuentos de camino electorales

POR MARÍA EUGENIA ACERO COLOMINE • @ANDESENFRUNGEN
ILUSTRACIÓN ERASMO SÁNCHEZ

Los recientes comicios parlamentarios nos dejaron reflexionando en torno a muchas de las anécdotas, mitos y leyendas que suelen acompañar a las elecciones. A pesar de que se dice que en el mundo la democracia es una tendencia mayoritaria, aún para nosotros sigue siendo nuevo, en nuestro inconsciente colectivo, el derecho y deber de ejercer el voto.

Así, podemos rememorar que quizás la primera elección popular que se celebró en el imaginario popular fue cuando Poncio Pilatos le pidió a la comunidad que decidiera a quién liberaría y a quién condenaría a la cruz. Tal vez en estos comicios no hubo miembros de mesa ni auditorías, pero el clamor fue aplastante, y lo demás es historia. Eso nos pone a pensar que no siempre el dictamen de las mayorías tiene que ser, necesariamente, el más justo o el que más se alinee al bienestar social.

Antes, y aún en muchas partes, las elecciones eran representativas. Esto es: sólo unos cuantos eran considerados dignos de ser electores. Normalmente estas cualidades estaban atribuidas a su raza, condición social y abolengo. Un caso interesante es el de Estados Unidos. Aún tiene un sistema electoral en el que jamás eligen directamente a su presidente.

Que se incorpore a los sectores más desfavorecidos de la población sigue siendo algo muy del siglo XX. Los indígenas, los campesinos, los negros y las mujeres ni siquiera eran considerados personas. Cuando se empezó a hacer campaña para que las mujeres votaran, se decía que terminarían siendo marimachas y adoradoras del demonio.

Durante la Cuarta República, los adecos y copeyanos eran expertos en repartirse la cochina. Por lo general, solían distribuirse entre sí los votos del Partido Comunista con la frase: “Kikirikí, este voto es pa mí”. Antes de que el sistema electoral fuera moderno y automatizado, como el actual, las historias de cajas que desaparecían misteriosamente eran clásicas. Actualmente, cuando Duque ganó las elecciones, hubo muchas denuncias de cajas de votos que aparecieron en botaderos de basura.

Otra leyenda clásica de los comicios es la de los muertos votantes. Ni el “Thriller” de Michael Jackson ha logrado sacar a tantos fallecidos del descanso eterno como unas elecciones. Durante la Cuarta República esta práctica era muy común, y en muchas partes del mundo se sigue ejerciendo. Los votos duplicados, las nacionalizaciones express y las cédulas falsas también entran dentro de esta dimensión desconocida que infla votos. Otra maña típica de la historia electoral es pagar para que voten por un candidato.

Cuando Capriles Radonski existía políticamente, se dice que él y su séquito solían comprar almas de esta manera. Pero ni aún así con eso pudo levantar vuelo.

Llegamos a los tiempos actuales de pandemia y bloqueo y nos topamos con que la paz fue aplastante en esta edición. Con 31 % de participación, el pueblo eligió una nueva Asamblea Nacional. Curiosamente, esta edición no trajo consigo cuentos de camino ni misterios que desenmarañar.