Cupido no es un santo

Por Ketsy Medina Sifontes / Ilustración Erasmo Sánchez

Este angelito de alas, pañales, flechas y arquito, imagen oficial del día de los enamorados, no siempre fue un niño pudoroso y virginal.

Algunas escrituras señalan que Cupido es fruto del romance entre dos amantes; Venus (diosa de la fertilidad, la victoria, la belleza y el amor) su madre, y su padre Marte (dios protector de los cultivos, la guerra, la violencia, la pasión).

Desconocemos la razón, pero argumentando que Cupido traería males al universo, Marte (su padre) intentó eliminarle al nacer, es decir, asesinarle.

Angustiada, Venus decidió encargar su crianza a unas fieras salvajes de los bosques de la isla de Chipre (más cercana a Siria que a la Isla de Margarita por cierto), quienes mostrando ternura sólo por él, le amamantaron y cuidaron durante su crecimiento.

Cupido, hermoso como su madre, temerario como su padre, y de razonamiento salvaje como el de sus niñeras, desde el momento de su alumbramiento fue reconocido como el Dios del deseo amoroso, quien procuraba tanto en mortales e inmortales placeres fugaces, deseo vehemente, ansias y pasión desenfrenada.

Con maderas del continente europeo, el ballestero del amor fabricó a corta edad su propio arco y flechas. Al volver al Olimpo, Venus le obsequió una aljaba elegante, para transportar a su espalda, las nuevas flechas de hechizar; unas con puntas de oro (para conceder amor) y otras con puntas de plomo (para sembrar el olvido, la ingratitud y hasta el odio en los corazones).

Desconocemos igualmente las razones que suscitaron en Venus colocarle una venda en los ojos a su infante, lo que podemos deducir, es que este niño alado (porque tenía un par de alas), quien se desplazaba libremente por la tierra y los cielos con su pene al aire, solía tirar, según retratos de algunos grandes pintores, un montón de flechas ciegas.

Cupido se la pasaba bien, gozaba una y parte de la otra haciendo travesuras, jugaba con los sentimientos de cualquier humano, humana, Dios o Diosa, dejando a su paso, o a sus flechazos, unos cuantos problemas.

Pasaba el tiempo y el putto no crecía, tampoco maduraba, su madre preocupada decidió consultar a su oráculo Temis, quien le respondió: El amor no puede crecer sin pasión. Esta respuesta no fue entendida por la Diosa hasta el nacimiento de su otro hijo Anteros (Dios que representa al amor correspondido y vengador del amor no correspondido).

Mientras los hermanos se encontraban separados, Cupido se mantenía niño, cuando se juntaban, Anteros provocaba el crecimiento de su hermano mayor, convirtiéndolo en un joven adulto.

Este estira y encoge, no tenemos idea de cuánto tiempo duró, lo que sabemos es que en una de ésas, Cupido fue enviado por Venus a la tierra para flechar a la humana Psique, una mujer hermosa, tan hermosa que le empezaba a robar adeptos del culto a tan importante Diosa; por eso utilizando en palabras de la Eneida de Virgilio: insuflar sin que advierta tu fuego y la engañes con tu droga, Venus ordenó al impúdico volador, que aplicara su poción mágica y la hiciera enamorar de un ser horrible y despreciable.

Al ver tan hermoso ser, Cupido lanzó su flecha al mar, “enamorado” tomó a Psique como rehén, a quien mantuvo por mucho tiempo encerrada y alucinada en la oscurana.

Este cuento da para más, pero con estos antecedentes, deberíamos preguntarnos qué agencia de publicidad se encargó de transformar y posicionar en el imaginario colectivo moderno, a este ser como el tierno ángel nené de pañales que acompaña tarjetas, bombas de corazones y cajas con bombones de chocolate.

Cada 14 de febrero, se clama por Cupido como ícono del amor romántico, pero antes de hacerlo, asegúrese de si es a él a quien quiere llamar, desintoxíquese de tanta mediática y decida con los ojos abiertos, qué amor desea experimentar.

EPALE 360