ÉPALE255- CIUDAD

VENGA CONMIGO A RECORRER EL MERO CENTRO DE LA MITAD DEL MEDIO DEL CASCO HISTÓRICO, BUSCANDO EL MEJOR ESPACIO PARA COMPARTIR UN BUEN CAFÉ

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

Vamos a pasear juntos y tomarnos un café por los alrededores de la Plaza Bolívar de Caracas. O digamos medio pasear, porque el recorrido no lo haremos a pie sino guiados por el siguiente relato. Y medio juntos también, porque en lugar de ir caminando a su lado echando cuentos, hoy voy a ser una voz que le narra la ciudad desde estas páginas. Y medio tomar café, porque no ha llegado la quincena y, si acaso, nos alcanza para un café entre lxs dos. Por último, el paseíto será por los medio alrededores, porque de Gradillas para allá no nos metimos, el oeste de la plaza y sus confines quedará para otro día. Así que corrijo: le invito a medio tomarse un café conmigo aunque yo no esté.

Escojamos el lugar: le voy a describir uno por uno los pros y los contras de cada espacio y usted decide en dónde va a terminar de leer esta revista y resolverá nuestro enigmático crucigrama de los misterios mientras toma cafecito. Para empezar, nos desplazaremos hasta la esquina de Traposos, ahí, donde los vestigios del grandioso hotel León de Oro se mezclan con materiales nuevos y mantienen en pie el recuerdo de uno de los espacios más lujosos e importantes de la Caracas de antaño.

Nos quedamos como la niñita del jamón plumrous

Nos quedamos como la niñita del jamón plumrous

EL FRÍO DEL PÁRAMO EN EL CENTRO CARAQUEÑO

El Café Páramo, instalado desde hace siete meses en ese espacio de calle empedrada, ofrece al usuario un choque de temperaturas un tanto extraño: las cuatro enormes pantallas modernísimas y brillantes que instalaron para que usted pueda ver proyectado, fríamente, el precio de sus antojos en alta definición, intercalan la información del menú con el blanco de la nieve en el páramo merideño. En contraposición a tan gélido paisaje, un usuario cualquiera en un día caluroso meditará sobre el costo de tanta tecnología en términos de calentamiento global, emisiones de carbono, derroche energético y la pregunta de rigor: ¿qué porcentaje de los Bs. 6.000 que cuesta un café pequeño es destinado a los gastos producidos por este impresionante, pero muy prescindible, recurso tecnológico?

Traen el café de Mérida y Coro, lo producen ellos mismos. Y ofrecen una variedad de cafés fríos especiales, que son de los productos más solicitados por los asiduos visitantes del lugar. Los postres tienen un aspecto maravilloso, pero sus precios han escalado tan arriba que no quisimos probarlos por temor al mal de páramo.

SAN JACINTO ELEVADO A LAS GRADILLAS

La mayor parte de los cafés de nuestro recorrido se encuentran en esta bonita y muy transitada cuadra de la ciudad. El Café San Jacinto, con 62 años de antigüedad, es uno de esos locales donde licúan el jugo frente a sus ojos, en unas potentes licuadoras de aluminio, limpiecitas, de los tiempos de Matusalén.

En El Techo se toma café bajo las estrellas

En El Techo se toma café bajo las estrellas

El café, según José Texeira, encargado del local, lo hacen muy bueno. Luego de 40 años atendiendo el lugar, asegura que busca mantener la tradición familiar, iniciada por su tío, de hacer café bueno, así como la calidad de su servicio. Es un espacio sencillo, de estética de otros tiempos, que recuerda a los paseos de la infancia de nosotros los
millennials (léame sifrineao). Ese era el sitio, o se parece, donde la abuela nos llevaba a tomar jugo. Ya entonces, el café San Jacinto era un local de los “de antes”.

Unos pocos comercios más allá, se encuenta El Techo de la Ballena, a punto de cumplir tres años el próximo diciembre 22. “Los cafés nos hacen especiales, preparamos un buen café. También traemos DJ los sábados, o fechas próximas a la quincena. En Navidad traeremos un stand up comedy”, dice Carlos Rodríguez, el flaco amable que está encargado del funcionamiento general del local. Poco después me revela que el café grande lo venden a Bs. 10.000, mientras el pequeño cuesta Bs. 8.000. Pienso que prefiero viajar en el tiempo visitando el cercano San Jacinto “cofi” (léase en espanglish), donde los precios eran 7.500 y 3.500, respectivamente: algo menos de la mitad que en El Techo. No me imaginaba que luego pasaría por el invisible túnel paradimensional de la multiplicación exponencial del valor de las cosas, y llegaría al mítico
Bistró Libertador, donde el café grande alcanza, a fecha del martes de esta semana —cabe aclarar—, el precio de Bs. 16.000, mientras el café pequeño tiene un costo de Bs. 10.000.

Con razón siempre está pelao

Con razón siempre está pelao

Menos mal que solo hace falta salir en retroceso, en línea recta, hasta aterrizar en la tranquilidad del Café Venezuela, todavía con un ojo temblando raramente, y recuperar la alegría de existir al ver que el café grande con leche tiene un costo de Bs. 3.000, el guayoyo pequeño un costo de Bs. 1.000. Las mezclas más elaboradas y costosas de café cuestan
Bs. 4.500. Los cafés son tan sabrosos, cremosos y cargaditos como cualquiera. La única cosa que creo tuvieron que sacrificar en Café Venezuela para poder mantener los precios accesibles fue la prima por buen humor, simpatía y amabilidad de algunos empleados del lugar. Por ahorrar, nos la calamos.

Artesano, lindo lugar lleno de linda gente

Artesano, lindo lugar lleno de linda gente

LOS MÁS AL NORTE

De camino hacia el Panteón, se encuentran, a la derecha, más allá de Catedral, el Café Artesano, donde se toman las mejores fotos de comida para el instagram de toda la ciudad; y ahí mismito, a 20 metros de la esquina Veroes, el Melosa Café, donde se toman las mejores fotos de zapatos sobre un piso de mosaicos y comparten cafés y se echan los cuentos los paseantes de la Casa de las Primeras Letras Simón Rodríguez.

Lo mejor de Café Artesano son Héctor Pedrique, el más sonriente y agradable chico de la barra, que recuerda las cosas que te gustan y te hace recomendaciones de los postres más ricos, y Natalí Rodríguez, una de las chicas de la caja, cuya sonrisa es más grande que ella mismita, toda. Siempre está de buen humor y atiende rapidito, haciéndose memorable para siempre con un hola y un adiós. El café grande ahí tiene un precio de 12.600 y el pequeño cuesta 7.600.

En el café de las Primeras Letras lo que hay son unas tortas exquisitas: de yuca, plátano, jojoto y otras preparaciones tradicionales. Solo venden cafés grandes a Bs. 7.500, para sentarse a sorber los pensamientos largo rato, en ese patio abierto bien bonito que es cuna de saberes para muchos.

 

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