ÉPALE259-CAROLA CHÁVEZ

UNO LLEGA Y SE LA TROPIEZA EN MARGARITA, SE INSTALA EN EL LOBBY DEL HOTEL CON ELLA A HABLAR DE DIOS Y DEL DIABLO, SALE A LA COSTA PLAYERA FULMINADA POR EL PLANCTON MARCHITO A HACERLE FOTOS, SE DESPIDE TÍMIDA PERO EFUSIVA Y A UNO LE QUEDA EN EL ALIENTO UN SABOR LIGERO A AQUILES NAZOA

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO ⁄ FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

Medirá 1,58 como mucho, 53 años, con una franela blanca inmensa (dos números por encima de su talla), toreritos bluyín gastados, converse en estado de abandono y lentes culo’e botella con diseño de leopardo; despeinada a modo indefinido, bolcito cruzado de vendedor de inciensos a la salida del Metro; pero lleva una belleza fresca de juguete de porcelana que administra con un encanto irresistible, entre la risa contagiosa y un brillo místico que tintinea en sus ojos, sobre todo cuando habla de la esperanza, de Chávez, de la resistencia valerosa del pueblo ante los duros retos que le ha impuesto esta guerra sin cuartel.

ES, DESDE HACE VARIOS AÑOS, UNA VOZ LATENTE DE ESE TRAMADO MULTIPOLAR QUE SON LAS REDES SOCIALES, DONDE HA IMPUESTO, COMO QUIEN NO QUIERE, SU ALIENTO

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A uno le cuesta creer que vive en Margarita desde hace 11 años porque se le siente cotidiana, casi vecina de apartamento, la prima que vive en Los Cortijos, comadre del barrio que comparte nuestros dolores y sobresaltos: ella está siempre allí. Es como si ayer me hubiera hablado del peo de la corrupción en las filas del Gobierno y antier me hubiera escuchado llorar por la quema de un ciudadano que pasaba por ahí, en Altamira; como si la semana pasada se hubiese espantado al confesarle: “Carola, cuando sea grande quiero ser como tú… escribir como tú, contagiar fe como tú”; y como si ella me hubiera respondido cualquier disparate para hacerme reír.

Es, desde hace varios años, una voz latente de ese tramado multipolar que son las redes sociales, donde ha impuesto, como quien no quiere, su aliento a través de las opiniones que vierte en sus blogs. Actualmente, Como te iba contando es el espacio donde expresa su punto de vista sobre el país que nos acontece, con un hilo de humor pulcro que, a veces, se vuelve denuncia eléctrica y, otras, un susurro nostálgico.

Carola se siente tortuga, defensora irredenta de su intimidad

Carola se siente tortuga, defensora irredenta de su intimidad

Caraqueña y amante de la ciudad, nunca ha calentado asiento a los pies del Waraira: se crió en Valencia y a los 30 años “se fue demasiado”, primero a Miami (EEUU) y después a Barcelona (España), pero llegó el día en que se dio cuenta de que en este país estaban cambiando las cosas de manos de un carajo atípico, luego de la debacle financiera y la descomposición política de los años 90. “Hasta que en 2004 vinimos de vacaciones y fue cuando vi todo lo que estaba pasando aquí; como cuando tú dejas de ver un chamo y un día lo vuelves a ver, qué dices: ‘¡Ese chamo sí creció!’, para mí fue impactante. Nada más llegar a Maiquetía sentí que estaba pasando algo serio… nos devolvimos a España a recoger y nos regresamos”.

Aquí hizo filin inmediato con Chávez. Desde su intimidad hablaba con él, le exponía —mentalmente— sus puntos de vista, le prendía peos y se reconciliaban. Desde esos días le amó. Fue tanto lo que fantaseó, con ese anhelo casi palpable de los sueños realizables, que terminó a su lado escribiendo para él las crónicas de las últimas cinco semanas de la campaña presidencial de 2012, y haciéndole reír en ese diálogo de pareja que terminó sosteniendo con el primer mandatario nacional hasta las postrimerías de su vida, cuando la llamó por teléfono desde Cuba para dar cuenta de su estado de salud, no sin antes llamarla “mi Carola”.

—¿CÓMO ENFRENTAR NUESTRA REALIDAD DESDE EL HUMOR?

—Uno tiene que luchar por la alegría. Cuando tú pierdes eso te apagas. Cuando la guarimba me sentí muy agobiada porque mi entorno es opositor, y de pronto veo a toda esa gente que quiero, con quienes convivo, convertirse en un monstruo peligroso, temerles. Eso de tener que recurrir a una semiclandestinidad entre tu propia gente es terrible. En ese momento busco algo que me dé risa, entonces es cuando aparecen estos artículos de una mujer hablando disparates que leyó en el wasap. Esa es una fórmula de rescatar la alegría, la risa; no burla. Si pierdo la risa, se acabó.

Sintomático de esa manera sonreída de vivir —madre de dos niñas, una de 19 y otra de 10—, el año pasado vivió uno de los episodios más dramáticos de su vida. En la puerta de su casa, un sábado a las 8 de la noche, tres malandros llegaron a asaltar a sus muchachas y su esposo (otro jodedor, dedicado a las artes plásticas), al tratar de defenderlas, recibió un tiro a quemarropa que casi le cuesta la vida. “En la sala de operaciones, el tipo desangrándose, le echaba vainas a la enfermera: que por favor no le cortaran la barba porque perdía la fuerza. Hasta de eso nos reímos”.

Comenzó a escribir, como terapia postparto, a los 42 años

Comenzó a escribir, como terapia postparto, a los 42 años

—NUESTRA HABILIDAD PARA HACER CHISTES DE TODO…

—Las gozaderas más grandes se dan en los velorios, a golpe de 2 de la mañana. Los que quedan, que son los más dolidos, están allí como para que el tiempo no pase, hasta que alguien suelta un recuerdo del muerto o un chiste y termina todo el mundo muerto de la risa… Lo que más extrañaba cuando no vivía aquí era eso porque, bueno, los gringos son como son; los españoles, por su parte, son otra cosa. Aquí hay un ají picante, un calorcito que no te sé definir.

—¿ES VERDAD QUE HAY UN SECTOR DEL PAÍS QUE NO QUIERE QUE SEAMOS FELICES?

—Hay un sector del país al que le fracturaron esa alegría. Vengo de ahí, de esa clase media. Nosotros éramos igualitos de alegres, quizás más exigentes. Me acuerdo de los años 80, cuando era sifrina, que veíamos por la tele la Bailanta Sensacional y aquel poco de gente gozando; desde nuestra “clasemediez” decíamos, con cierta envidiecita, que eso no era chévere, que esa gente sí gozaba barato. Estuvieron bravos en los mejores tiempos económicos y ahora, por supuesto, están furiosísimos porque estamos en una crisis.

—¿VIVES DE LO QUE ESCRIBES?

—Me dedico plenamente a eso pero no vivo de eso, jajajá. Si quisiera vivir de lo que hago me muero de hambre. De resto somos mi esposo y yo: mi esposo vende esculturas y si vende algo, bueno, nos alcanza para comer varios meses, y así vamos. Pero lo que hago, lo hago por fanática.

TODO LO QUE ESCRIBÍA, LO ESCRIBÍA PENSANDO EN ÉL. FUE UN ENAMORAMIENTO TERRIBLE JAJÁ. YO LE DECÍA A MI ESPOSO: GORDO, CUANDO CHÁVEZ LEA ESTO SE VA A ARRECHAR, O CUANDO LEA ESTO OTRO VA A LLORAR

—PERO TIENES CIENTOS DE MILES DE SEGUIDORES

—Pero es una cosa que no me planteé nunca. Tuve una niña a los 42 años, cuando pensé que no iba a tener más hijos. Fue un embarazo muy complicado por la edad y por muchas cosas, y estuve ocho meses en cama. Esa vaina me trastornó. Cuando nació la chama me dio una depresión
postparto horrorosa. Empecé con una psicóloga que me recomendó que hiciera algo para mí, escribir mis experiencias con mi madre, mi familia. Entonces, agarro la computadora y empiezo a escribir y me sale una vaina chavista que se llama “Chávez en Cumbres de Curumo”, que cuenta el viaje aquel que hice a Caracas y que me permitió descubrir que el país había cambiado. Ahí me doy cuenta de que soy chavista porque no era como toda la gente con que me encontraba y que me decía que esto era un desastre horrible. Empecé así. Luego lo mandé a Aporrea y la gente me empezó a leer muchísimo y me llegaban mensajes por correo. Conocí a los Robertos y desde entonces me hice amiguísima de Malaver. Era fanática y una noche llamé a su programa haciéndome pasar por sifrina —la Kiki, que es uno de mis personajes— y ellos no sabían que era yo, y desde ahí nos fuimos acercando.

—¿Y CUÁNDO APARECE CHÁVEZ?

—Todo lo que escribía, lo escribía pensando en él. Fue un enamoramiento terrible, jajajá. Le decía a mi esposo: gordo, cuando Chávez lea esto se va a arrechar, o cuando lea esto otro va a llorar. En esa escribidera en mi blog me llama Ernesto Villegas para que escribiera en Ciudad CCS. En el Aló Presidente del día siguiente veo a Chávez ojeando el periódico, abre la página donde está mi artículo y pensaba que si no lo había leído, lo iba a leer. Después, en otros Aló Presidente veía que Chávez decía algo y sentía que era parecido a lo que había escrito ayer, juraba que Chávez me leía. Hasta que me di cuenta de que en verdad lo hacía cuando me leyó en vivo en un Consejo de Ministros. Estaba viendo el programa, íngrima y sola en casa, y yo pegando alaridos, mi mamá en camino con mi esposo y mis hijas; y yo grita y grita, y llorando, hasta que me encontró mi esposo, llorando, jajajá. Mi familia inmediata, todos chavistas, celebraron conmigo, pero mis amigos fueron descubriendo que era chavista y aquello fue una desbandada.

Un buen día, recuerda, mientras preparaba una espaguetada familiar, recibió la llamada del para entonces ministro Andrés Izarra pidiéndole que mantuviera la línea despejada porque en cualquier momento recibiría la llamada de Chávez. “Sí, pendejo, ya me va a llamar”, fue lo que respondió pensando que era su hermano que la estaba jodiendo. Al rato, y luego de todo el forcejeo con la duda, una voz desde La Habana le dijo: “Mi Carola”. A ella, que para entonces había escrito su graciosa y

polémica “Una cuaima para Chávez”, donde le reclamaba al primer mandatario en tono de esposa rabiosa, le temblaron las piernas. Hablaron 15 minutos y Chávez le sostuvo todos los reclamos que en tono jocoso le ventiló en el artículo. Fue la primera persona, lejos de su entorno directo, que habló con el Presidente en su primera partida a La Habana tras conocer su estado de salud. “Todas las agencias de prensa de todo el mundo me empezaron a llamar para saber del estado del Presidente”.

Advierte que hay que ver su casa para darse una idea de un ministerio a su cargo

Advierte que hay que ver su casa para darse una idea de un ministerio a su cargo

—¿NUNCA TE OFRECIERON UN CARGO?

—Cuando Chávez me llamó, al día siguiente tuve que ir a Caracas a un programa de VTV a echar el cuento. Siempre iba a Caracas a la Feria del Libro o me invitaban del Minci a acompañar a alguien a presentar un libro, y me daba risa y angustia —por ellos, no por mí— porque mucha gente me decía que me iban a nombrar ministra. No iba a ser ministra porque hay que ver mi casa para saber cómo sería un ministerio conmigo. No lo hubiera aceptado, es que no sé hacerlo. Sé escribir, eso es lo que sé hacer. Cada uno tiene que hacer lo que sabe hacer, y tratar de hacerlo bien.

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