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UNA BENÉVOLA AVENTURA POR LA COSTA ESTE DEL ESTADO VARGAS TERMINÓ ABRUPTAMENTE, ENTRE LA ADMIRACIÓN FASCINADA POR EL PAISAJE Y EL RUMOR DE LA TRAGEDIA

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

Si alguien me hubiera pronosticado en la mañana que acabaría el día cantando alabanzas al Señor, a las 10 de la noche, durante la apertura de una vigilia por la paz mundial que ofrecía una iglesia evangélica en el centro cultural y deportivo de Naiguatá, me habría parecido absurdo. Que nuestro recorrido por la costa dorada del Litoral Central terminaría de forma dramática y anticipada por un tropiezo casi mortal, menos que imposible.

La esperanza está en sus pequeñas manos

La esperanza está en sus pequeñas manos

Vargas es una incógnita velada por el manto del estío. Sus más de 150 kilómetros costeños de bahías infinitas, pueblitos desolados, muelles desconchados, cementerios de barcos vencidos y restos del kraken regados por sus arenas —a media hora del centro de Caracas—, parecen más que razón suficiente para mantener a esa apretada línea de tierra sacudida por el Mar Caribe y cobijada por la Cordillera de la Costa, como una tacita de cristal labrada en conjunción por la mano del hombre y de la naturaleza.

Si bien las fuerzas primitivas de la tierra han permitido dotar a su litoral de una belleza de gasa chamuscada, modelada por la potencia abrasiva de las aguas y del viento, la inercia le ha permitido sobrevivir y ser, a pesar de todo, un destino extraordinario para los que buscan playa, selvas y ríos en estado semisalvaje.

Desde Naiguatá en sentido este, pasando por Osma, Oritapo, Todasana, Urama, La Sabana, Caruao y Chuspa hasta besar la línea fronteriza con el estado Miranda a través de Chirimena, la carretera de la costa va serpenteando paisajes lunares imposibles, entrando al mar y emergiendo de sus espumas como Yemayá, con aerolitos dispersos a modo de restos volcánicos labrados por olas brutales hasta adquirir formas caprichosas de catedrales en ruinas o miradores escultóricos dispuestos para los pelícanos en orgía afiliando sus radares de pesca.

La vía, bombardeada en algunos tramos por ejércitos invisibles que han dejado troneras casi insalvables a lo largo del camino, sube y baja como una montaña rusa flanqueando barrancos absorbentes y paredes verticales de piedras movedizas que de vez en cuando, con cada lluvia, escupen rocas colosales que cortan el paso y recuerdan, por la evocación del pánico, los deslaves de diciembre de 1999.

Genoveva nos reveló la fórmula de la alegría

Genoveva nos reveló la fórmula de la alegría

MAR DE FONDO

Nos habían dicho que todo eso estaba absorbido por la delincuencia, que las posadas estaban cobrando en dólares, no había comida y los pecadores y posaderos eran muertos vivientes deambulando hipnotizados por el hambre.

Genoveva Bolívar, una matrona gruesa y alegre sentada debajo de una churuata de hojas de palma en la orilla de la playa de Todasana, nos reveló la verdad: “Nosotros somos un pueblo fiestero, bonchón, con parranda en diciembre, santos inocentes, el carnaval, coronación de la reina, samba, comparsas; tenemos velorio de Cruz, baile de San Juan, y el tambor de Todasana que es el mejor en todas estas costas”.

LA ALEGRÍA DE VIVIR, HONESTA E INAGOTABLE, ES LA MANERA QUE TIENE EL PUEBLO DE AFRONTAR LAS DIFICULTADES, Y UN ARMA DEFENSIVA DE LOS PESCADORES Y AGRICULTORES DE ESOS PARAJES QUE NO SE DEJAN SOMETER POR LOS MALOS AUGURIOS

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La alegría de vivir, honesta e inagotable, es la manera que tiene el pueblo de afrontar las dificultades, y un arma defensiva de los pescadores y agricultores de esos parajes que no se dejan someter por los malos augurios y que si se les dificulta ofrecer comida porque no hay punto, ni luz, ni agua, ni gas, sacan la mantelería y disponen mercancía de tocador para vender en el mismo muelle desde donde zarpan las humildes embarcaciones a depositar turistas en las paradisíacas y lejanas playas de Majaguán, Caribe, Mono Manso y Los Indios. Como Marlene Zambrano que cuando no alquila la casa de su comadre —con cocina, nevera y ventilador—por 120 mil bolívares la noche, vende desodorantes a 50 mil y el jabón azul a 30 en un costado del bulevar que corona el antipático busto del conquistador Francisco Fajardo, que a mediados del siglo XVI desembarcó sobre las arenas metálicas en sus primeros amagos de conquista de las tribus Caracas.

Lebranche, lisa, cazón, atún, pargo y cojinúa son las especies que abundan

Lebranche, lisa, cazón, atún, pargo y cojinúa son las especies que abundan

Los pescadores parten de madrugada. Se internan 33 millas mar adentro dejándose mecer por el intenso oleaje, con temor a los piratas de aguas saladas y de aguas dulces. En la orilla los asaltan con el precio del aceite para motor que adquiere una organización de base (la Asociación de Pescadores de Guanape) a través de subsidios del estado en menos de 40 mil bolívares y luego revende en 480 mil. Los piratas de alta mar los someten, les obligan a tenderse sobre el fondo de sus embarcaciones y los despojan de los motores y la pesca, dejándolos muchas veces peligrosamente a la deriva. Pero no logran arrebatarles la sonrisa perlada que aflora de sus labios.

Amada Castillo no pudo salir a pescar por culpa del mar de fondo, pero ante nuestra búsqueda desesperada de alimentos nos ofreció cariñosamente llegarse hasta su casa para freírnos unas empanadas y amortiguar el almuerzo. “Ven pa decirte mi eslogan: si quieres comerte un buen pescaíto frito y unas ricas empanadas, visita el rinconcito de Amada… más nada, jajajajá”.

Desde chiquiticos aprenden la faena de la pesca

Desde chiquiticos aprenden la faena de la pesca

Es una exageración afirmar que están abandonados. El gobernador del estado, Jorge García Carneiro, parece estar absuelto ante la opinión pública por su buena índole (hasta los escuálidos lo adoran): en casi todas las esquinas de la entidad se habla bien de él. Hay una evidente preocupación de su gestión por la calidad de vida, por eso que Chávez llamó el “buen vivir”. A las obras de la Cinta Costera, la plaza Bolívar y Chávez, el Parque Temático Armando Reverón, el terminal de transporte interurbano y suburbano La Guaira-Naiguatá-Caruao, el gimnasio vertical de Mare Abajo, el estadio de los Tiburones (que va ralentizado), la ciclovía (que en algunos tramos es devorada por la maleza), la ornamentación carnestolenda que desde ya engalana la entidad y las playas en óptimas condiciones, se le debe agregar un trabajo consecuente sobre los tramos de asfalto y pavimento que se han visto afectados por los constantes derrumbes, como el trayecto que sale de Naiguatá a Playa Los Ángeles y el puente de La Sabana que está siendo reparado tras colapsar, antes de que arranque la temida y esperada “temporada alta”.

David Curvelo pesca desde hace más de 50 años frente a las playas de Chuspa. Piensa en retirarse cuando cumpla la venerable edad de 70 años, en menos de una década, pero por ahora parte cada madrugada en busca de lisa y lebranche, que son su especialidad. También abundan el cazón, pez espada, atún, pargo y cojinúa que atrapan Michel Camacho y cuatro tripulantes más dedicados a las faenas mar adentro, cuando no hay turistas para movilizar en sus naves con motor fuera de borda.

En los pueblos de Vargas, no solo de pesca vive el hombre

En los pueblos de Vargas, no solo de pesca vive el hombre

7 PUENTES

La chamba de la pesca es cosa fácil, cuentan los muchachos con erudición de sabios espartanos. En una jornada de media mañana es fácil colectar hasta 80 o 100 kilos de pesca que luego venderán entre 120 y 180 bolívares el kilo a los posaderos y negocios locales, o a los intermediarios de distintas procedencias, que luego ametrallarán al consumidor de la urbe con sus precios de “dólar today”.

En un quisco de techo de zinc y cervezas calientes, en alguno de los corredores turísticos que solo fluyen en temporada, un pargo o una cojinúa frita llegan a costar entre 350 y 400 mil bolívares con sus contornos, dependiendo del peso.

Los pueblitos, trazados por la conquista y adoquinados por indios bravíos y negros esclavos, no se ven sembrados por el desorden sinfónico de la civilización. A pesar de las puertas y ventanas abiertas para que corra “la calol”, existe una sensación de lugar deshabitado, devastado por la borrasca. Pero en los palmos de sombra reinan los pescadores recios, auténticos jinetes de la mar con los brazos forjados en acero y marchitos por el sol, que también encuentran tiempo para el béisbol profesional, pues de allí han salido varios nombres que han brillado en el firmamento del deporte rey de los venezolanos como los grandes ligas Ángel y Kelvin Escobar y Adonys Cardona. También son de allá apellidos como Ugueto, Blanco, Izaguirre, Echarry, Gámez, descendientes directos del árbol genealógico del mestizaje.

Los lancheros son una especie vital para la subsistencia costeña

Los lancheros son una especie vital para la subsistencia costeña

Miguel Ángel Romero vive plenamente del turismo. Como muchos otros, alquila su lancha en 50 mil por persona, hasta llenar al menos 12 puestos que justifiquen el viaje hasta los destinos más alejados del litoral, donde la gente aprovecha la soledad paradisíaca y lo abrupto del paisaje para hacer turismo “made in casa” pero con sabor a alto standing. Trabaja con efectivo y punto y atiende a su gente con pasión desbordada, siempre que paguen y pidan varios mandados, que incrementen la comisión y garanticen su regreso en una próxima temporada.

Bullen la alegría de la subsistencia, el sopor en la epidermis, la humedad del follaje y la negritud marcada con el hierro hiriente de la nostalgia. En la entrada a La Sabana el marialonzero Diego López ofrece desde hace 10 años un brebaje ensalmado a base de “lecho vacuno” que se extrae de un árbol local y que sirve para sanar todo el cuerpo y parte del alma, con algarrobo, artemisa, orégano, propolio y varios ingredientes secretos a 100 mil bolívares el litro. Nos hace ingresar a su altar de consultas, al fondo de un bosque de cariaquito morao, y las energías desatadas nos remueven el escepticismo. Del patio nos robamos tres ajicitos picantes “ajiputico” o “puta la madre” y salimos de allí con un pálpito, que luego recibiría la confirmación de los poderes vengativos del más allá.

Siete puentes sobre siete ríos, o más, entre Naiguatá y Chuspa

Siete puentes sobre siete ríos, o más, entre Naiguatá y Chuspa

Se atraviesan siete puentes —contados por Yonel Montañez en una estadística un poco falla porque aparecen más— gravitando sobre los innumerables ríos que vierten con fuerza tropical sus aguas turbias en la herida costera, desde el macizo montañoso que juguetea con el Waraira Repano y le dan al paisaje un aura apocalíptica.

Tan relajados de regreso y enamorados, como siempre, de nuestro pueblo combativo que contradice con hechos las matrices mediáticas, y de repente ¡tracatataaaannnnn! como canta el insigne Rubén Blades: “Pito, choque y la pregunta: ¿Qué pashó? Pa la eternidaaaaa”. Unos borrachos nos embistieron y estuvieron a punto de frustrar esta crónica festiva.

Siempre simpáticos, alegres y hermosos, los chamos son los mejores anfitriones

Siempre simpáticos, alegres y hermosos, los chamos son los mejores anfitriones

 

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