ÉPALE 240 MINICRÓNICAS

POR PEDRO DELGADO

Encontrarme con un viejo colega de aquellas lides encuestadoras puerta a puerta, activó los canales de la memoria y la charla para recordar a compañeros de ruta y episodios vividos. Un cafecito en medio de la conversa, y dele a la evocación; elemental norma al momento del reencuentro entre dos panas. Fuimos plantel de Datos, C. A. por allá, por la década de los 70, donde militamos un montón de seres con la intención de resolvernos un sueldo a destajo: unos 30, y a veces hasta 50, bolívares diarios (malos no eran) en turnos de mañana, tarde o noche, dando la muela que jode.

Llegar temprano a las oficinas, en Los Ruices, era disputarse la ruta de trabajo tipificada en clases sociales que iban desde la AB  —grupos que, en términos cristianos, está conformado por el que tiene mucho biyuyo— pasando por la C, D y E , hasta la más pelabola. Argucia sociológica del mercado, sin meter a todo el mundo en el mismo saco, estableciendo de paso el llamado rating de oyentes y televidentes; averiguando preferencias políticas para luego perfilar un candidato; o el masivo gusto en el mercado consumidor para aconsejar propagandas, como manera de clavarle marcas y precios al comprador.

Llegada la hora de la chamba, enfilarnos cerro arriba por la Chivera San Miguel, Cota 905 hasta salir a Los Sin Techos, era un trajinar que en los tiempos de ahora ni amarrado por las dos; por El Manguito, La Charneca o Marín daba tiempo y cancha para afincarnos en un quiebre de cueros cualquier día de la semana; los ascensores de Lomas de Urdaneta, 23 de Enero o Cútira estaban en agenda a la hora de compartir de tú a tú con los convives, entrompándole a una fiesta a todo trapo, dejando carpeta y planillas a un lado para matar la fiebre de un sábado por la noche; a Bello Monte, Los Chaguaramos, Las Mercedes, Santa Fe, Macaracuay, por ejemplo, había que llegar tocando el intercomunicador anunciando ser un mensajero para poder entrar al edificio; en Alto Prado y Terrazas del Club Hípico, a paso de vencedores; en el Country sí que era jodía la vaina, pero también entramos: jauría amarrada, cuidado con el césped, vigilante a la zaga y la mucama diciéndonos: “Espere un momento que la señora ya lo va a atender”.

La encuesta hoy día no va de puerta en puerta. Intercepta a boca del Metro, en el bulevar, por la Cantv y hasta en las interioridades de un elegante mall.

¡Qué mantequilla!

 

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