ÉPALE251- MITO- PETRÓLEO CRUDO

POR MARLON ZAMBRANO •@MARLONZAMBRANO / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Al mediodía de un viernes ladró el teléfono. Una, dos, tres veces, hasta que entré en cuenta de una intuición: puede ser una vaina seria. Del otro lado una voz cortante me anunció una noticia con 72 años de retraso: “A Petróleo Crudo lo mató el cabo de presos Rafael Cadenas Lobo de tres balazos y un tiro de gracia, a las 8 de la mañana del 1° de octubre de 1945 en el Pabellón 2 de la Cárcel Modelo de Caracas”.

Ese dato no lo había escuchado jamás. Realmente no esperaba demasiado que no fuera las desdibujadas versiones, multiplicadas ad infinitum, de una vieja crónica de Oscar Yanes que refiere a las anécdotas del  delincuente Cruz Crescencio Mejías, quien conmovió a la sociedad caraqueña entre los años 30 y 40 del siglo pasado y que la corte calé del espiritismo utiliza como una de sus deidades.

Realmente yo quería hacer una crónica sobre el atrevido periodista Julio Navarro, precursor del periodismo gonzo en estas tierras (un estilo de reportaje “protagónico”) al hacerse apresar en la isla del Burro para entrevistar al malandro más famoso de Caracas.

De Navarro no encontré dato alguno que no fuera sus aportes a la creación de la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP). Al guglear su nombre se extendía una lista infinita de trabajos de otro periodista, el maracucho Ernesto Navarro, quien me negó cualquier posible vinculación con nuestro pesquisado. Dejé a los Navarro atrás.

Persuadido de mi fracaso, allané un camino empedrado en busca de algún esfuerzo “serio” de indagación sobre Petróleo Crudo, más allá de los clichés, los estigmas y las copias burdas que abundan en las redes. Me alojé en monografias.com y los prodigios obraron milagros porque apareció, como por arte de magia, un tratado de 242 páginas escrito por un personaje que se tornaría mucho más atractivo, de nombre León Morales, quien abunda sobre Cruz Crescencio desde una pasión desenfrenada con acento en su afrodescendencia y, para ñapa, dejaba a la vista su número celular.

Más por inercia que por arrojo, le pasé un mensaje sin mucha esperanza. No solo me respondió enseguida sino que me llamó, se puso a la orden y me bombardeó a diario con dos o tres correos electrónicos por minuto desde entonces, con un acopio de anécdotas, testimonios, valoraciones históricas y vanas divagaciones de la vida propia y patria de todo el siglo XX, y parte del XXI. El tipo tiene espesor de mito.

El aporte de Morales nos permitió desmitificar a Petróleo Crudo, con sus fases sobresalientes, gracias al recurso del testimonio oral del que el autor es un privilegiado: su abuelo Manuel Morales fue quien trajo a Cruz desde Güiria a La Guaira y lo bautizó “Petróleo Crudo” por la tintura de su negritud. Su madre, María Hilaria Morales, compartió junto a él siendo muy niña en distintas jornadas comunales. Su vecino de las alturas de Tarma, estado Vargas, Nicanor León Mayora, fue su compañero de trabajo en el Ministerio de Obras Públicas (MOP) en Catia La Mar en 1943 y acompañante de celda durante su presidio en la Modelo.

Con estas referencias, bien podría rebanar a destajo la vida íntima y profusa de Petróleo Crudo y quedaríamos fallos usted que lee y yo que escribo con estos escasos caracteres, que poca luz dan de su epopeya. Recomiendo, más bien, la monografía de León y que establezca usted su destino: o malandro de baja ralea o vengador de los pobres y mártir negro.

ÉPALE 251

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