Dejar volar la imaginación

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher  / Ilustración Daniel Pérez

El poder de la imaginación puede ser una gran ayuda para hacer ejercicio en cuarentena, sobre todo si tu salvavidas contra el sedentarismo es una bicicleta fija.

Esta modalidad de actividad es sumamente monótona y esa es una de las razones por las cuales la mayoría de las bicicletas estáticas terminan convertidas, ominosamente, en perchas para colgar ropa.

El recurso de la imaginación también puede serte útil si has aprendido a trotar de manera estacionaria en algún lugar de tu casa, aun cuando desde este rincón de la revista he insistido en que es un tipo de ejercicio que puede causar lesiones diversas.

Para combatir el aburrimiento, uno siempre recurre a la tecnología. Hace años, se utilizaban los walkman y los discman; luego vinieron los iPods y ahora los smartphones. En los gimnasios de lujo, las máquinas de spinning y las trotadoras de cinta traen pantallas incorporadas, para tripearse unos videos bien movidos o recorrer simuladamente ciudades, como si estuvieras en la calle rodando o participando en un maratón célebre.

Supongo que también debe haber aplicaciones para esto (las hay para todo lo concebible), pero quiero hacer énfasis hoy en que a los seres humanos de este tiempo se nos olvida a menudo el recurso más poderoso que tenemos en este campo de las apps: la imaginación.

En estos días de encierro, he recorrido varias veces mi ruta habitual mañanera, que parte de Parque Carabobo, pasa por la ancha acera de la Galería de Arte Nacional, sigue por el parque Los Caobos, el Paseo de la Resistencia Indígena y la Plaza Venezuela, con regreso por la avenida Bolívar. No, no he violado la cuarentena ni siquiera por un minuto. Lo he hecho con los ojos cerrados, en el Orbitrek familiar. Me he empeñado en recordar cada detalle del recorrido y, ¡te lo juro!, me ha servido para vencer el tedio de pasar 45 minutos pedaleando en el mismo sitio.

Te lo recomiendo ampliamente. Comprobarás que aún no se ha inventado una aplicación que se le compare a la capacidad de imaginar.

ÉPALE 373