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EL FUTURO DE LA INDUSTRIA EDITORIAL ES UN DILEMA. PARECE POCO PROBABLE QUE EL IMPRESO SOBREVIVA FRENTE A LAS INFINITAS VENTAJAS DEL ESPECTRO DIGITAL, MUY ÁSPERO PARA LOS NOSTÁLGICOS DEL PAPEL

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

Cuando se anunció que las computadoras sustituirían a las máquinas de escribir en las salas de redacción de los diarios más importantes del país, finalizando los años 80, el gremio periodístico se negó rotundamente porque ese artefacto diabólico estaba llamado a desplazar la mano de obra.

Diez años después, viendo la inutilidad de aquella batalla, los redactores convencieron al Colegio Nacional de Periodistas de asumir la nueva tecnología que aún parecía amenazante, pero ya lo arropaba todo, o casi todo.

Un chamo de 25 años, empuñando su teléfono inteligente como espada samurái, nos acusará de mentirosos.

En los 90, cuando un utensilio enano y farandulero llegó pretendiendo sustituir al disco de acetato, los defensores de una especie de “honra a la memoria musical” se batieron en un encarnizado duelo para “frenar” las ínfulas de dominación del mercado de eso que rápidamente se hizo parte del argot melómano, con toda su inmensa carga de esnobismo tropical: el CD (sidí, porque aquí nunca pudimos decir sedé).

La mayoría de las publicaciones hoy juegan en los dos bandos

La mayoría de las publicaciones hoy juegan en los dos bandos

Una hija de vecino, de 15 años, aferrada a su Ipod Nano de 16 gigas, sexta generación, nos preguntará: “¿De qué hablan?”.

INTEGRADOS

Algunos expertos en predecir el futuro aseguran que la prensa escrita desaparecerá en el 2020, otros dicen que en el 2043. Sin entrar a considerar las razones de semejantes augurios, no caben dudas de que más pronto que tarde los diarios, los libros, y cualquier publicación que amerite soporte físico, pasarán a ser una rara avis.

La tendencia es irrevocable: los principales diarios del mundo han fortalecido sus portales electrónicos, sin contar los que han abierto una puerta y cerrado definitivamente la otra. Fue emblemático el fin del diario británico The Independent el 26 de marzo de 2016, luego de 40 años de una añeja tradición impresa. Su titular de cierre fue tan luctuoso como exacto: “¡Paren las máquinas!”.

El camino del libro es, por lo pronto, menos estridente pero igual de firme en su ceremonia de despedida: el mundo editorial se ha contraído en las operaciones comerciales de todo el mundo, migrando vertiginosamente hacia el libro a la carta, por demanda, el E-book, que han posicionado a portales como Amazon -que antes fue una modesta librería real- en poderosas trasnacionales dedicadas al comercio del libro electrónico a través del formato kindle, por ejemplo.

Como en todo, hay apocalípticos e integrados, afortunada clasificación acuñada por Umberto Eco en un famoso libro de 1954 para diferenciar las audiencias a favor o en contra de la cultura popular, en el marco de la comunicación de masas.

“YA NO SE NECESITAN LOS PROFESIONALES DE LA FOTOGRAFÍA NI LOS PROFESIONALES DEL PERIODISMO PARA PRODUCIR INFORMACIÓN, LO CUAL NO QUIERE DECIR QUE LA COMUNICACIÓN VAYA EN DECLIVE, AL CONTRARIO, VA EN AUGE…”

Ociel López es un integrado. Fundador del sitio de información digital Supuesto Negado y sociólogo, lo certifica en términos pragmáticos: “Las opciones editoriales cada vez pasan menos por el papel, sobre todo en Venezuela. Los que son lectores ya están conectados, ya tienen computadora y las herramientas mínimas de conexión. Los que leían El Nacional, El Universal, ya no le ven sentido al papel, les quedará será el hábito. Los libros desde hace años recibieron el golpe de la fotocopia y ahora pasan al desuso, terminan siendo para determinadas élites, lo que es fuerte para los sectores desconectados, que cada vez serán menos también. La tendencia es la fragmentación de los textos: la idea de un libro de 200 o 300 páginas ya está siendo sustituida por pequeños artículos, papers, memes que a veces dicen más que un libro. Las experiencias digitales están creciendo y se están posicionando en determinados públicos. Lo analógico tiene la tendencia no a morir, sino a ir al museo, como esos DJ’s que coleccionan acetato. Sí: se acaban los libros, se acaba el papel, y esa es una muy buena noticia ecológica; además, se acaba esa hegemonía del que hace un libro y se cree un letrado. Aquí alguien que escriba dos cuartillas se puede hacer famoso y su producción puede circular más veloz y universalmente sin tener que sentarse dos años a escribir, además de eso cualquiera puede tomar una imagen y hacerla viral. Ya no se necesitan los profesionales de la fotografía ni los profesionales del periodismo para producir información, lo cual no quiere decir que la comunicación vaya en declive, al contrario, va en auge, lo que está en declive es una forma de hacer comunicación que es el periodismo de periódicos.

Es probable que en poco tiempo las librerías terminen siendo museos de la nostalgia

Es probable que en poco tiempo las librerías terminen siendo museos de la nostalgia

El libro a la carta sigue la égida de las corporaciones transnacionales del mundo editorial, pero ahora en el ámbito electrónico. Tiene, a su favor, las redes sociales y su imbatible poder de penetración; el WhatsApp y el formato PDF que vehiculan, en cuestión de segundos, desde los grandes clásicos de la literatura universal hasta cualquier edición artesanal de un pana que se da colita en esa oportunidad tecnológica para decir: “Eeeey, aquí ando, léanme también”.

Y existen las experiencias alternativas, contrahegemónicas, como los cartoneros, una propuesta editorial artesanal con gran auge en países como Argentina y Chile que ha merecido la atención de las editoriales alternativas venezolanas, e incluso del aparato editorial del Estado.

Yaneth Rodríguez Herrera, de la Editorial La Mancha, nos cuenta que desde hace rato se vieron obligados a salir del espectro físico por el tema de los costos del papel y las planchas, y se alistaron en las filas de la edición digital. En 2017 hicieron dos libros y han podido producir 4 números de su revista.

“Lo que no queremos -se lamenta- es que de ahora en adelante nuestra producción editorial sea en PDF… Nuestro planteamiento es crear libros digitales que hagan uso de la plataforma digital, es decir: libros interactivos con videos, realidad aumentada, enlaces a otras páginas, bilingües o audiolibros. La Mancha, como siempre, quiere asumir la crisis para crecer”.

La Fundación Editorial El Perro y La Rana también dio el salto digital, argumentando “el acceso abierto al conocimiento”. Para ello desplegó como una novísima iniciativa la publicación de ediciones digitales y creó el espacio La Biblioteca Más Liviana del Mundo, donde las lectoras y los lectores pueden descargar y leer libros gratuitos de su catálogo.

Tenía que hacerlo. A la crisis del papel, las estadísticas suman argumentos a favor de la migración.

Según los resultados de la encuesta de Tendencias Digitales, la penetración de Internet en Venezuela para el año 2017 se ubicó en 55%, es decir, un total de 17.220.192 usuarios.  El 80% de los internautas pertenecían a los estratos D y E, las edades más recurrentes oscilan entre los  25 a 34 años (24%) y los principales usos que le dan los internautas van desde enviar y recibir correos, realizar operaciones bancarias, visitar redes sociales y, finalmente, leer noticias.

APOCALÍPTICOS

La mirada internacional -y apocalíptica- nos la ofrece Gerardo Szalkowicz, periodista y editor del portal Noticias de América Latina y el Caribe (Nodal)con sede en Argentina, epicentro de un ingente mundo editorial, por muchos años poderoso surtidor de libros para Hispanoamérica.

Para él existen marcadas diferencias en ese proceso vertiginoso de cambios paradigmáticos. El éxodo del periodismo es avasallante y tiene varios años en proceso de migración del físico al digital. Los jóvenes, allá como acá, cada vez compran menos diarios y lo que se estila es ingresar a los portales de noticias a través de las redes sociales (en su caso Facebook o Twitter).

“Casi todos los medios van enfilando a lo digital por una cuestión de recursos y posibilidades: el papel cada vez más costoso, en Argentina también han subido mucho los precios de impresión. En materia de libros, literatura o divulgación a través de ese formato, yo soy de la idea de que cuanto más se pueda conservar, mejor. El libro es una cuestión cultural, de identidad, y espero que se pueda revertir esta situación y no se extinga”.

“… NOS PUEDEN VENDER QUE DEMOCRATIZAN PORQUE TODO EL MUNDO PUEDE TENER SU BLOG O SU PÁGINA EN FACEBOOK, LA REALIDAD ES QUE LAS REGLAS DEL JUEGO LAS SIGUEN PONIENDO ELLOS, EL SISTEMA CAPITALISTA”

– ¿Qué priorizas del libro físico?

– No sé si es una cuestión más de tradición, pero desde el aroma, el contacto, no es lo mismo que internet. Obviamente hay que utilizar todas las tecnologías nuevas y aprovechar que las generaciones más jóvenes se habitúan más rápido. Hay que utilizar todas las plataformas, no elegir una u otra. En la medida en que se pueda conservar también la posibilidad de tener libros impresos, me parece que está bueno. O sea, en todo caso que sea una decisión y no una obligación que nos impone el sistema económico mundial. A mí todavía me gusta conservar el olorcito del papel, llevarlo a todos lados, en el autobús, en la camioneta, en el tren, leyendo y viendo a la gente leer. El formato digital además atenta quizás contra la lectura de cosas en más profundidad.

– ¿Y el tema de la brecha digital en América Latina?

– Sí, porque toda la estructura del sistema digital es parte del sistema capitalista y responde a esas lógicas. Si bien nos pueden vender que democratizan porque todo el mundo puede tener su blog o su página en Facebook, la realidad es que las reglas del juego las siguen poniendo ellos, el sistema capitalista, y el sistema en sí ya tiene de por sí una matriz de desigualdad que hace que algunos sectores no puedan acceder, no tengan esa posibilidad. Es un peligro creer que el mundo digital es democrático e igualitario.

– Los grandes medios no van a perder…

– Sí, ellos claramente tienen a la información como una mercancía, es la concepción clásica de las empresas periodísticas. Todas sus decisiones van en el sentido de favorecer a sus intereses que no son meramente vinculados a los contenidos, sino a las ganancias económicas. Si migrar al digital cien por ciento les reduce costos y les multiplica ganancias, lo van a hacer más allá de la concepción periodística.

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