¿Desechar la idea de competir?

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Daniel Pérez

Los trotadores que nunca hemos participado en competencias —y que no teníamos previsto hacerlo, es decir, los que sólo nos ejercitamos— no estamos sufriendo la intensa preocupación de la que voy a hablarte hoy. Así que sólo lo haré como cronista de las angustias de otros.

Sucede que los corredores que sí compiten, los que se anotan en carreras de 5, 10, 12 o 15 kilómetros, medios maratones, maratones o ultramaratones (¡uf, sólo de escribirlo cansa!) son presa de grandes incertidumbres porque, por los vientos que soplan, pasará bastante tiempo antes de que este tipo de pruebas vuelvan a realizarse.

El problema de esta especialidad es muy peculiar. Fíjate que otros deportes han decidido realizar los encuentros sin público, lo que restringe el riesgo de contagio a los integrantes de los equipos o los atletas individuales. Pero en las carreras de las que estamos hablando (bueno, no los ultramaratones, que son para locos) participan tantas personas que pueden equivaler al público de un partido de beisbol, baloncesto o fútbol.

Por otro lado, un enjambre de 500, 1.000, 10.000 o 50.000 individuos (como ocurre en los grandes maratones) recorriendo las calles y avenidas de una ciudad no es, precisamente, la mejor manera de detener un virus tan agresivo y traidor como el covid-19.

La pandemia ya ha obligado a suspender la mayor parte de las carreras que estaban pautadas para este año, incluyendo varios de los maratones más concurridos del planeta. Y todo indica que seguirán ocurriendo las suspensiones porque la enfermedad no ha cedido y, por el contrario, tiende a rebrotar cada vez que se aflojan las medidas de distanciamiento físico.

Entonces, los corredores de la raza competitiva tendrán que acostumbrarse a la idea de que no habrá carreras públicas, al menos, por algún tiempo. Un auténtico drama, sobre todo para los que tenían entre sus sueños ir a correr a otros países y un desestímulo para los que utilizan las pruebas como impulso para
entrenarse día a día. “¿Para qué tanto esfuerzo si no puedo ganarle a nadie?”, se preguntan los muy fajados.

ÉPALE 380