poster el triunfo del espiritu

El filme del director británico Stephen Hopkins Race (2016) está hábilmente realizado, es decir, no deja ninguna arista histórica por fuera en su desmedida pretensión de ser políticamente correcto. Sin embargo, como se verá más adelante, más allá de las precisiones técnico-narrativas, el texto fílmico no deja de exhibir sus costuras. Ciertamente, el corpus del guion muestra —por enésima vez en el cine— el maltrato físico y psicológico al que fueron sometidos los judíos en los años previos a la II Guerra Mundial, la condición de segregado del negro estadounidense en su propio país, la precaria situación del americano promedio en medio de la crisis que tuvo lugar durante la depresión de los años 30, la hipocresía de los capitalistas gringos, quienes así como condenaban el régimen nazi, no vacilaban en realizar jugosos contratos con el mismo; en fin, un rosario de circunstancias muy bien hilvanadas en torno a una hazaña histórico-deportiva: las cuatro medallas de oro ganadas por Jesse Owens en las Olimpíadas de Berlín 1936. Dentro de este maremágnum, el personaje de Owens está psicológicamente construido como alguien que está sometido a un innumerable cúmulo de presiones; en este sentido la representación del canadiense Stephan James es acertada, más aún cuando se trata de un corpus histriónico más bien anodino.

El filme narra, al igual que lo reza la historiografía occidental, la negativa de Hitler a extenderle sus felicitaciones al atleta, arguyendo razones de corte étnico y racista; y también instala como un logro del “bien occidental” sobre el “fracaso nazi” las medallas ganadas por Jesse. Solo que la historia se encarga de poner las cosas en su justo lugar. El mismísimo Owens se encargaría de desmentir el supuesto desaire del Führer, dejando claro que el canciller alemán sí tuvo ocasión de felicitarlo; por supuesto, a falta de la histórica foto —que en vista de las circunstancias resultaba más que improbable— Occidente pudo armar su tinglado en torno al hecho. Pero por ningún lado el filme menciona que el presidente Roosevelt no le extendió ni siquiera un telegrama de congratulación a su laureado compatriota, toda vez que se encontraba en campaña electoral y necesitaba el voto del sur de EEUU, región fuertemente segregacionista. Como lo dice el mismo Owens en el filme: cuando corría los 100 m planos, solo durante esos diez segundos era auténticamente libre. Lo del fracaso nazi se cae por sí solo: Alemania ganó sus juegos olímpicos con 33 medallas de oro, 26 de plata y 30 de bronce; mientras EEUU quedó segundo con 24, 20 y 12, respectivamente.

ÉPALE 305 

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