POR GUSTAVO MÉRIDA • @GUSMERIDA1 / ILUSTRACIÓN L. “RAZOR” BALZA

ÉPALE 234 DICHO TONTO

Rodríguez Torres andaba con Chávez. Confirmado: el dicho es muy tonto porque se conjuga en tiempo presente y aunque él anduvo con él, mientras lo hacía, alguien pudo hacer uso del dicho; se explica entonces, con y por los hechos —que, según dicen, es lo mejor para conocer quién es qué—, tamaña tontería. No se puede saber (del verbo “saber”, en su acepción correspondiente) quién es solo porque cualquiera nos diga que anda, o lo veamos, con alguien. Ahí está Ismael García.

Con alguien como Hugo Chávez, además, porque Rodríguez Torres, es indudable, también cree que Chávez ya no está.

Convertir la traición, a través de una explicación que no es tal, en algo inevitable es tan insensato como hablar de dictadura en esta república bolivariana desde que es bolivariana; la culpa de tanta insensatez, tanto odio, tanta traición (aunque hay quien puede negarlo) es del periodismo y su inmediatez que rima con estupidez. Confundimos noticias con “pases en vivo”; redactamos como aprendimos a redactar porque así se enseña a redactar desde antes que esta república fuese bolivariana: dejando lo más importante para que pueda suprimirse de modo rápido, de modo que el espacio editorial se adapte a las necesidades de los anunciantes aunque no se necesiten anunciantes, de modo que todo se siga haciendo igual porque solo Simón entendió bien al otro Simón y nosotros entendimos que si inventábamos errábamos; y no, es que si no inventábamos lo hacíamos mal y de ese mismo modo el periodismo venezolano también yerra cuando, además, ya la palabra no importa.

Ha llegado la hora de la eutanasia, si convenimos que el periodismo, tal como está concebido, es un paciente que no tiene posibilidades de cura. Repetimos e imprimimos noticias mal escritas en toneladas de papel importado que terminan absorbiendo los orines de los cachorros que aprenden a mearse fuera del apartamento o, peor, vendiéndose por kilos o pacas sin siquiera ser leídas; hacemos guardias de fines de semana y pautas apuradas y trasnochadas (aunque hay publicaciones dominicales que se salvan de ese supuesto rigor periodístico) que, apenas se publican, son viejas noticias; escribimos diariamente pequeñas notas que se leen sin leerse porque no da tiempo de leerlas todas, escritas de ese modo que no cuenta nada ni dice nada porque la forma de escribirlas está llena de la prisa por producir. Correo del Orinoco, por ejemplo y para hacerla poco a poco (la eutanasia), puede seguir circulando diariamente; Ciudad CCS puede ser un semanario que incluya todo lo que debe incluir un semanario para toda Caracas, con el cambio de ritmo obvio y de formas de escribir que esa periodicidad da; y esta revista puede ser una publicación mensual propiedad de las y los trabajadores, administrada por nosotros mismos para que vean que así (porque el dinero que se gasta se resta de las ganancias) no se malgastaría ni una solita y maldita hoja de papel de la resma carísima, llena de la tinta carísima; ninguna persona —sobre todo las chavistas— que no pueda —o no quiera— formar parte de una organización que se haga responsable de algo tiene con qué criticar al Gobierno del presidente Maduro. Y menos si es “periodista”.

El próximo Dicho tonto, si lo hubiere, será “No me hago responsable”.

 

ÉPALE 234

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