Directv: entre la televisión en retirada y la hora de despertar

La salida unilateral del aire de la plataforma de televisión digital sumió a buena parte del país en el desasosiego. Es un ramalazo pandémico que delata la continuación del golpe, pero que no ha asestado la estocada final a un país que se crece en la conciencia. Eso sí, es necesario actuar

Por Marlon Zambrano • marlonzb@gmail.com / Fotografías Archivo

Sin duda, algo está pasando más allá de lo medible. No puede ser que Ronny Vivas haya atravesado el mismo suplicio dos veces, y en ambas ocasiones haya expresado compasión por sus empleadores, aduciendo que se trata de gente buena, que hasta último momento estuvo luchando por el bien de sus trabajadores.

Hace 13 años él era el director de transmisión cuando no se le renovó más la concesión a RCTV, y esta vez, desde casa por la cuarentena pero siendo vicepresidente de programación, vio cómo Directv sacó su plataforma del aire luego de 24 años, para dejar flotando sobre la trenza digital una publicidad medio engañosa que lo que anunciaba, sin decirlo, era la “ganga” de adquirir por 125 dólares, el kit prepago autoinstalable con antena y decodificador desde Colombia, abonando a través de Zelle los 20 dólares que cuesta la mensualidad.

A este caraqueño de 44 años, lo mejor que se le ocurrió declarar a los medios fue que: “Es duro pasar por esto dos veces. Más cuando fueron dos empresas que cuidaban mucho a sus empleados. En los últimos tres meses Directv nos otorgó bonificaciones especiales para que los trabajadores pudiéramos comprar comida debido a la emergencia por la pandemia. También aumentaron la tasa del seguro HCM para que tuviéramos la tranquilidad en caso de que necesitáramos ir al médico”.

Hay que ser muy masoquista en la vida, no por vivir la experiencia traumática del desempleo sobrevenido, sino por justificar dos veces a tu secuestrador, en un esperpéntico ataque de Síndrome de Estocolmo.

Juro que ni pensaba en El huésped alienante… de Marta Colomina ni en El mago de la cara de vidrio de Eduardo Liendo, cuando el martes 19 de mayo, casi al final de la tarde, sudando como pollo rostizado en el horno crematorio de una habitación en cuarentena, retozaba con mi compañera mientras nos sujetábamos a la ensoñación de que todo les estaba pasando a los demás menos a nosotros.

Ella comenzó a tararear espontáneamente la tonada “Corral de ordeño” de Simón Díaz y, como si surtieran efecto inmediato sus encantamientos de hechicera, salió del aire la señal de Deutsche Wallace en el mismo momento en que ella me musitaba al oído: “Seeee te fueeee quien te queríiia Melodíiiia, por los caminos del vieeeeento Barloveeeento, Barloveeeento”. Una vaina loca y mágica, en una Caracas que cada vez se entiende menos si no andas alucinado.

Una operación perfecta

Buscando señal. Foto Bernardo Súarez

En realidad, por la acción unilateral, inconsulta, premeditada y alevosa de la plataforma de televisión por cable al estilo direct-to-home gracias a contar con su propio sistema de satélites Galaxy, filial de AT&T, que introdujo en Venezuela en 1994 el multimillonario cubano-venezolano Gustavo Cisneros, quedaron sin empleo directo al menos 700 trabajadores de planta (incluyendo el pana Ronny); sin información y entretenimiento al menos 10 millones de venezolanos y venezolanas, el 45,32% del mercado de cableras del país, con lo que se borraba de un plumazo una ventana comunicacional relativamente barata a través de sus más de 200 canales internacionales, estaciones musicales, emisoras de radio, una herramienta fundamental de difusión sobre los últimos acontecimientos relacionados con el combate a la pandemia mundial del coronavirus e, incluso, un espacio para el desarrollo de las tareas escolares vinculadas al programa “Cada familia una escuela”.

Un desastre. Esa noche, mientras el vicepresidente de Comunicación, Turismo y Cultura, Jorge Rodríguez, actualizaba el estatus diario de las incidencias del COVID-19 en Venezuela, la espesura cóncava de una Caracas casi medieval por el acento sombrío que le imprimen la calima y el confinamiento, se dejó espolear por tremendo cacerolazo que se sintió, como siempre, en zonas del este caraqueño y algunas comunidades del centro y el oeste de la ciudad.

Quedaron sin empleo directo al menos 700 trabajadores de planta (incluyendo el pana Ronny); sin información y entretenimiento al menos 10 millones de venezolanos y venezolanas, el 45,32% del mercado de cableras

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La operación fue casi perfecta: en medio de un día “tranquilo”, sin escándalo ni preaviso, un lánguido comunicado de AT&T avisó del cierre de operaciones de la cablera en el país mientras se iban clausurando las celdas de conexión, por lo que el chisme llegó a muchos hogares primero que la pérdida del servicio, y casi se le acusó de fake new.

Un golpe maestro operado, como se ha ido descubriendo poco a poco, en el marco de la campaña de acoso liderada por el gobierno de Donald Trump contra Venezuela, que lentamente ha minado desde las prácticas materiales a través del bloqueo económico hasta las simbólicas despachando a la TV.

Hasta ahora no ha valido orden del Tribunal Supremo de Justicia que valga, pues aunque el TSJ se pronunció ordenando la ocupación e inmediata restitución del servicio de televisión de pago, tú enciendes el decodificador y te aparece en pantalla una publicidad corporativa que te invita a llamar a un número en Colombia, o algo así.

La televisión por cable dejó de ser un lujo para ser una necesidad

El pesimismo: ese lujo burgués

Lo resume el editor Raúl Cazal con acierto: “Las armas de las transnacionales de medios de comunicación actualmente son más sofisticadas y no pueden quedarse atrás con el papel que jugó ITT en contra de Salvador Allende. AT&T madrugó a quienes consumen el discurso audiovisual de Directv. Durante 24 años se instaló en buena parte de los hogares del país y ahora que tiene a la familia bajo una mayor exposición a la pantalla televisiva, debido a la cuarentena, retira su dosis alienante. Buen momento para despertar”.

En el marco de la “nueva normalidad” que ya se viene, podría entenderse entonces como un ensayo de terapia de shock que contribuya al golpe continuado.

Por ello, el psicólogo José Garcés recomienda al pueblo venezolano “aprender a vivir en guerra y entender que en el futuro la vida va a ser distinta, eso no significa que sea peor. Solo distinta”.

“La idea -continúa el experto- es tratar de implosionar a la familia desde adentro para convertir en un infierno la convivencia familiar, ahora que estamos obligados a vivir juntos en virtud de la cuarentena”.

Un golpe maestro operado, como se ha ido descubriendo poco a poco, en el marco de la campaña de acoso liderada por el gobierno de Donald Trump

“No te olvides que quien está detrás de todo esto es Gustavo Cisneros, el hombre con más hambre de montarse la banda presidencial de este país en toda la humanidad entera”, nos refiere la docente y periodista Cristina González.

— ¿No era previsible que pasara esto, y siga pasando, tomando en cuenta los cierres técnicos de las demás cableoperadoras que están funcionando a menos de media máquina?

– Paséate por esto un momento: imagínate el servicio de Photocall.tv, que tiene no sé cuántos miles de canales. ¿Qué te parece que esa plataforma ya se puede abordar directamente, por tanto no tiene ningún sentido que sigan existiendo cableras?

— Claro, son servicios

Son line.

– Y hacia allá vamos todos, porque aquí lo primero que hicimos fue propiciar eso cuando dimos las “canaimitas” y se abrió ese mundo digital. ¿Y qué tal si lo que está pasando es que todas esas empresas van a la bancarrota porque se abrió un canal que decidió no impedir que tú te manejes a través de internet, usando todas las plataformas que ellos te estaban cobrando?

— El boom de la televisión a la carta.

– Pero qué pasa, que llegó el momento y hay que aprovecharlo políticamente y echarle la culpa a alguien para no decir que yo fui un fracasado. ¿Entraron en bancarrota o es que desde hace tiempo ellos venían abandonando la plataforma, pero seguían cobrándonos por ella?

— Pero también es un tema de emocionalidad: por ahí están diciendo que el chavismo terminó de matar lo que fuimos como venezolanos.

– Ahí está la trampa. Que estábamos acabando con nuestra memoria, dijeron cuando lo de RCTV. ¿Memoria de qué? ¿Radio Rochela, las mujeres bailando, reguetoneando? ¿De qué memoria me estás hablando? Lo que está pasando es que la hipótesis del pensamiento único se está instalando, y ¿quiénes la están instalando?, las transnacionales de la comunicación, de la inteligencia artificial y la tecnología.

— Pero dentro de esta dinámica pandémica y medio apocalíptica, ¿cuál cree usted que sea el impacto emocional para el venezolano promedio?

– Bueno, para la clase media te voy a repetir lo que dicen los cubanos: el pesimismo es un lujo burgués que el pueblo no tiene. Aquí no ha pasado nada, la gente que vive en los sectores populares se está divirtiendo con otras cosas. Ya ellos tienen cómo ver películas directamente, ya están montados en Photocall.tv; además: por aquí pasó Chávez. Ellos pueden tener todas esas estrategias muy finas para hacernos daño, pero por aquí pasó Chávez y nos despertó la conciencia.

Quizás hay un plan. Quién sabe. Todo confluye en pequeños guiños. Lo peor es atribuirlo a Dios, a Antonio Pasquali, o a Cisneros. ¿Qué poder pueden tener las sagradas figuras de esa trinidad sobre el estado del tiempo, la higiene mundial, la llegada de los marcianos, las comunicaciones?

La profe Cristina cierra con una justa reflexión: “No podemos dejar de ser críticos con nosotros mismos. No nos hemos ocupado de prever todo lo que está pasando. Yo recuerdo cuando Chávez le entregó un montón de dinero a Andrés Izarra para que creara un cable venezolano. Con contenido. ¿Qué pasó con ese cable? ¿Y el satélite Simón Bolívar? La gente dice que ya murió, pero eso es mentira, lo mataron puesto que él tenía 3 años más de vida, pero lo sacaron de sintonía y nadie averigua por qué. Tenemos que reconocer que nunca hemos tenido políticas de estado porque nunca fuimos autónomos desde el año 36 del siglo XX, y no nos vamos a poder resetear desde donde debemos”.

“No te olvides que quien está detrás de todo esto es Gustavo Cisneros” dise Cristina González

ÉPALE 374