Mision internacional de solidaridad  con Venezuela

AL COMANDANTE LO QUERÍAN LLEVAR AL PANTEÓN NACIONAL, A SU PUEBLO O A LAS SABANAS DE APURE. AL FINAL SE QUEDÓ EN UNA COMUNIDAD CARAQUEÑA ADONDE PODEMOS IR A VISITARLO

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE  ⁄  FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

Si lees la revista completa, esto te parecerá un déjà vu.

La noche del 3 de febrero de 1992 subía Hugo Chávez con 60 soldados en rebelión por el largo callejón que sube desde Agua Salud, paralelo a la Calle Real de La Cañada. Justo al salir de ese callejón, que pasa por el mero centro del Barrio Sucre del 23 de Enero y desemboca frente al Bloque 7, miró alrededor y vio (es imposible que no viera esto) los alrededores de la Plaza Bolívar, el Kiosco Mérida, los últimos bloques de Monte Piedad (el 6 y el 7), la entrada de las comunidades La Piedrita y El Arbolito, el comienzo de la calle que sube hacia Sierra Maestra. Siguió caminando hacia el sur, buscando hacia la bajada que conduce a El Guarataro, pero en lugar de entrar en este barrio cruzó hacia la izquierda y ahí estaba, un poco gris pero siempre imponente, el pequeño fortín que entonces se llamaba Museo Histórico Militar. Desde allí habría de dirigir la rebelión cívico-militar que le dio en la madre al régimen puntofijista.

Ya antes había estado por ahí el Comandante, como cadete y como suboficial, y más tarde, después de su prisión, en calidad de líder y personaje proponente de transformaciones. Allí, detrás del Bloque 4, a unos 200 metros de la desembocadura del callejón del Barrio Sucre, queda una edificación que alguna vez fue una escuela y que en el año 1997 estaba tomada por un colectivo organizado denominado Fundación Cultural Simón Bolívar. En ese edificio vi y oí, por primera vez en persona, al Comandante en un conversatorio con grupos organizados de la parroquia. A su lado, reforzando la conversa, se encontraba Freddy Parra, camarada emblema de las luchas del 23 de Enero, fallecido unos años después. En ese lugar deben quedar recuerdos y testimonios de esa visita.

 

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Y tú también…

PUNTO Y CÍRCULO

Este tipo de detalles es bueno porque nunca está de más seguirles los pasos a las figuras históricas; el sabroso ejercicio de conocer ciudades es, en cierta forma, andar y desandar los pasos de otros que se fueron o que permanecen. Hay varias formas de llegarle, en camioneta o carro particular, a esa edificación que hoy se llama Cuartel de la Montaña, pero la forma más interesante de caerle es repetir las caminatas que hizo el que ahí reposa antes de llegar y entregarse, por ahora.

El lugar donde Chávez duerme es el punto y círculo del Chávez pueblo; esto es, su lecho de mármol, el monumento que lo alberga y la comunidad que lo custodia. Desde la entrada del cuartel, mirando hacia el suroeste, puede verse el tanque monumental que sirve de corona o sombrero al barrio El Guarataro. Ese tanque siempre fue feo, adecamente feo; tenía unas rayas azules que no decían nada, pero que estaban dibujadas así, recostaditas como con un tumbao, para que no fueran a decir que el pintor no se ganó los reales que le pagaron. En la década pasada se lo entregaron, a modo de lienzo, a los muralistas de La Piedrita, y el aspecto de todo el entorno cambió. Ahora no solo percibe uno el trabajo de unos artistas populares con ganas de plasmar algo más digno y trascendente que unas malditas rayas sino que, además, queda constancia del amor y el interés por la Historia de América Latina de una comunidad militante.

Antes de llegar el Comandante a reposar en el cuartel, ya este había sido puesto al servicio del pueblo. Que recuerde, fue sede para congregar a Barrio Adentro, a la Misión Cultura, a la Milicia Bolivariana. En una antesala al aire libre podía verse a ciudadanos humildes esperando su turno para hacerse tratamientos odontológicos gratuitos. Más tarde hubo que trasladar esos servicios a otros lugares, pero quedó entre la gente la sensación de que aquello ya no era un castillo medieval y un poco tétrico, lleno de militares engreídos y poco dados a mezclarse con la gente de los alrededores. A pocos metros de donde reposa el guerrero ha habido tomas culturales, y ya esto indica que difícilmente están solos sus restos.

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Tanque de El Guarataro

 

Chávez popularizó en vida el viejo museo, y al morir y lo elevó a categoría de mausoleo para el disfrute de su pueblo.

El mirador estelar es el que permite apuntar hacia Miraflores, desde el lugar donde el cañón resuena todos los días a las 4:25 de la tarde o desde unos metros más a la izquierda, donde hay unas barandas y uno aparece de pronto instalado encima de la inscripción “4-F”, que se ve desde lejos.

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El 23 desde el cuartel

Con el pequeño protocolo o ritual con que reciben las visitas los militares y miembros de la milicia puede tener uno emociones encontradas. Por lo general, el anfitrión o anfitriona que recibe al visitante despliega un sólido dominio de la historia nuestra, un conocimiento de lo que ha sido la edificación y lo que representa para el mundo su huésped permanente. Pero otras veces te recibe un miliciano o miliciana que no ha tenido tiempo de aprenderse un parlamento y unos datos, y parece no importarle ese detalle, entonces sobreviene la sorpresa que a algunos les puede molestar: en esos casos quien te está recibiendo no es un orador ni alguien que domine la escena o sepa conducir o atender grupos de personas, no es alguien adiestrado para pasearse con lenguaje fluido por la Historia ni por el discurso político que le gusta al buen lector o consumidor de análisis.

Ese anfitrión súbito, y tal vez improvisado, es alguien del pueblo profundo hablando de quien fue su ídolo y su emancipador. La señora que no alcanza a hilar frases esbeltas ni a recordar cómo es que se llama ese pasillo escoltado por banderas; el trabajador a quien un día le tocó la guardia y tiene que repetir en su lenguaje simple, y a veces monosilábico, dos o tres frases que le nacieron de adentro; la muchacha tímida que se limita a mostrar los hitos más resaltantes y se ríe de sí misma porque no logra modular, en un solo intento, el nombre de Cipriano Castro; y en eso se nos va el recorrido: en maravillarnos por la importancia que ahora tiene esa persona que no sabe construir oraciones rimbombantes, pero que entendió a Chávez mejor que todos nosotros.

El cuartel donde reposa el Comandante

El cuartel donde reposa el Comandante

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