Un mimo que habla y su oveja negra

Un mimo que habla y su oveja negra

ASIMILAR EL ENCUENTRO DENUNCIANDO EL GENOCIDIO, Y QUE LA MÚSICA LO DIGA, ES UNA CORRIENTE, LA NUESTRA, Y ESTÁ POR ENCIMA DE CUALQUIER GÉNERO. 6TO FESTIVAL DE RESISTENCIA CULTURAL

POR CÉSAR VÁZQUEZ / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

“Esto es lo que somos, esto es lo que tenemos”, agitando las banderas libertarias de la rebeldía y la autogestión con un “cartel de lujo”, como dice Enrique Armas, su productor general se llevó a cabo el pasado 12 de Octubre, Día de la Resistencia Indígena, el 6to Festival de Resistencia Cultural, que organiza el Colectivo Rompecadenas en el Núcleo Endógeno Cultural Nuevo Nuevo Circo. Hace rato quedó atrás el mediodía, los micrófonos refulgen bajo las luces del escenario ubicado en la puerta principal para incluir, primero, la calle y recibir con las puertas abiertas a todo aquel o aquella que pase y quiera hacer juntura con la fauna urbana que se congrega esta tarde. Un universo musical que va desde el jazz, el rock, el hip hop, el hard core y el ska hasta la salsa, entre otros géneros más eclécticos que definen al público de todo pelaje que se llegó para conmemorar el genocidio universal que hace 526 años trajo la conquista de América.

Más de 10 agrupaciones confirmaron, y con ellas una muestra de la escena musical subterránea caraqueña.

“Nosotros aquí, dentro del Nuevo Nuevo Circo, tenemos dos fechas importantes: una es el 27 de febrero; y, la otra, el 12 de Octubre. Ambas son programadas desde un punto de vista reivindicativo, cultural e ideológico”, afirma Armas mientras oímos como se vocifera la rabia y se machacan las guitarras de los Zikóticos Armados, quienes invitan a descargarla sobreviviendo al pogo más salvaje que se ha visto por estos días. “Lo que hacemos desde la práctica es, primero, un ejercicio de autorreconocimiento y autoafirmación, más allá de lo respetable que sea toda teoría refiriéndose al enfoque de efeméride con que se toma una fecha como hoy. Este evento tiene la aplastante solidez de la práctica cultural que desarrollamos en este lugar”, dice.

ENTRE LOS COMUNES: LA DIFERENCIA

Un par de clowns aparecen como maestros de ceremonia. Creen que animan al público en los intermedios mientras se prepara la próxima banda: el mimo con incontinencia verbal rompe su pacto con el silencio; el otro, el antagonista, es la otra oveja negra. El concierto había empezado cerca de las 3:30 con los Cacri Jazz y La Ventolera, para dejar claro que eso de ser “callejero con criollo” es estar propenso a la improvisación; una de las razones por las que nos conquistaron.

Si hay un sonido que define la banda sonora de esta ciudad, entre muchos otros —algunos, quizás, pasaron o pasarán por este escenario—, y que combina la música con el performance en el purpúreo de la psicodelia tropical, es el de El Quinto Aguacate y Las Caimaneras: En sus hamacas consiguieron a unos indios y les dijeron que eran flojos e indolentes, y lo afirmaron, y los filmaron, y al poco tiempo la mentira fue verdad. Así, se pudo oír la letra de uno de sus temas, que lleva por nombre “Sentimiento oscuro”.

El Quinto Aguacate también soñó libertad

El Quinto Aguacate también soñó libertad

En otra frecuencia, Yatu, acompañado de los Gopinath Band, también dijo presente en esta edición para reafirmar la complejidad de nuestro entramado cultural, marcando su entrada con el saludo acostumbrado en sánscrito sobre algunos acordes. Antes que suene Walking Dead —su nuevo clásico— el espiral de zombis emancipados empezaremos a buscar algunos sorbos de cocuy contra todo pronóstico.

Al bajista de Zicóticos Armados, David Thomas, tuve que arrancarle el cigarrillo cuando vino la crisis; el cocuy había muerto, pero el punk no. El hombre que tardó en bajarse de la tarima aceptó que uno venga a tomarse concesiones a cambio de casi nada; hace tiempo que en Caracas no se hacía un pogo como el que acabamos de ver: “Esto es lo que uno quiere, que los mismos chamos se expresen y se puedan montar en la tarima a cantar con nosotros. Un día combativo como hoy tiene que expresarse de esta manera, eso es el hard core caraqueño”.

De La Vega llega la resistencia afroparlante, quizás se trate de Ritmo y Poesía (Rhythm and Poetry, para decir rap). Alguien ya decía que la poesía maldita del siglo XIX la encarnaban estas líricas, y en la ciudad esto se había hecho cultura de barrio, de gueto, de suburbio, para contenerse a sí misma y elevar la conciencia trascendiendo desde la penumbra, la insatisfacción, la necesidad, el desencanto y transformarlo todo en un signo de lucha.

Familia Negra, la agrupación de rap que integran Ricardo Scot y Simón Urquiola, tiene más de 20 años haciendo comunidad a través de las rimas e indagando en nuestra identidad. “Esto es un llamado a la conciencia colectiva que ha despertado en toda Latinoamérica y que empieza por nuestros ancestros, para que se haga justicia en nuestros territorios”, dice Scot, mientras Simón recuerda que durante estos años han sido consecuentes con las luchas por la emancipación de nuestros pueblos.

A través de la música contestataria Familia Negra sabe a que lado de la Historia hay que tirarle.

Unos niños con símbolos antinazis y antibélicos juegan para recordarme los coros del “V Centenario” de Los Fabulosos Cadillacs: un no hay nada que festejar hace memoria y encuentra el título de esta crónica en ese himno del rock latinoamericano.

Atrás dejamos al Son Cimarrón con el intro de un beat box. Esto seguía. Yo tenía que irme siguiendo a la luna sangrante.

ÉPALE 299

Artículos Relacionados