ÉPALE272-JORGE ELIÉCER GAITÁN

NADIE PARECÍA MEJOR ENCAMINADO HACIA LA PRESIDENCIA DE SU PAÍS TENIENDO, COMO TENÍA, ASCENDIENTE SOBRE TODOS LOS ÁMBITOS DE LA VIDA PÚBLICA. SU DESAPARICIÓN, SU ASESINATO, VINO A TRUNCAR LA APUESTA POR UN FUTURO QUE SE ABRÍA PARA LOS COLOMBIANOS Y QUE LUEGO SE CERRÓ POR UN TIEMPO YA INTERMINABLE

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

Puede que en la política colombiana de verdad haya funcionado ese esquema llamado “meritocracia”: surgen y se elevan a la presidencia los que han hecho carrera en el monstruo de la administración pública, y en ese otro monstruo llamado Academia. Así que ese era otro punto a favor de Jorge Eliécer Gaitán en su carrera hacia el cénit estatal colombiano. Dos veces ministro, una experiencia de casi dos décadas como parlamentario, alcalde de la capital; rector de la Universidad Libre, abogado, doctor en Derecho con brillante postgrado en Roma; columnista, dirigente del Partido Liberal, del que fue candidato presidencial en 1946. Lo tenía todo, incluido el favor y las simpatías del pueblo llano.

Con esas ventajas y sólidas credenciales se aproximaba a las elecciones de 1950. Pero sucede que en la política colombiana funciona también otro esquema: nadie que haya escrito una tesis que lleve por título algo como Las ideas socialistas en Colombia puede ser presidente de ese país, jamás. Tal vez haya pesado también el haber nacido hijo de humilde maestra y humilde vendedor de libros. El caso es que, cuando todo indicaba que estaba llamado a inaugurar o al menos intentar un tiempo de redención para el ser humano colombiano en pobreza, viene el rancio espíritu de la oligarquía más fea y pervertida de América y manda a liquidarlo a balazos.

A balazos liquidaron la esperanza de un pueblo, y a balazos se las está cobrando la Historia; del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán se ha dicho que detonó un período conocido como “La violencia”, y aunque muchos tratan de demostrar que ese período culminó en la década de los 50 o 60, es fácil verificar que el largo estallido colombiano comenzó en aquel abril, hace ya 70 años, y todavía no se disipa.

DICE FIDEL

Abundan los testimonios acerca de su personalidad, sus ideas y su talento. Es multitud la gente que lo pinta como un político entregado a las causas populares. La militancia en el Partido Liberal hace que quepa más en el molde del socialdemócrata que en el del revolucionario socialista, pero un episodio crucial en los inicios de su activismo lo dibuja con mejores relieves. Durante la presidencia del liberal Enrique Olaya Herrera (1930-1934) impulsó una división o ruptura de ese partido, y en 1933 crea junto con otros liberales de izquierda la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR). Fue un movimiento que estremeció el bipartidismo y que centró su radio de acción en las luchas campesinas.

Durante una marcha de la UNIR, la policía de Cundinamarca reprimió a balazos a un grupo de campesinos y dejó varios asesinados, en febrero de 1934, y el 14 de agosto de 1934 tuvo lugar otra masacre en Ibagué, a manos de terratenientes. La denuncia antilatifundista y la posición de Gaitán en defensa de su gente dio forma a su imagen y ya más nunca logró quitarse el estigma que lo catalogaba como comunista, en un país gobernado por dueños y patiquines de pedigrí. Ese criterio está tan expandido y generalizado que la derecha solía y suele referirse a él con el adjetivo más común con que pretende el conservador de librito insultar al activista de izquierda: “populista”, lo llamaban y lo llaman. Pero la opinión más interesante sobre él es la que expresó otro personaje que lo conoció en 1948, una semana antes de su asesinato, y cuyo nombre aparece anotado en la agenda de Gaitán; según la anotación del líder colombiano, debía reunirse con él a las 3 de la tarde, pero lo mataron una hora antes. Ese muchacho, estudiante de Derecho, que se quedó esperando en la cola, era Fidel Castro, el cubano.

EL DISCURSO PROMEDIO PRETENDE EXHIBIR COMO MISTERIO Y COMO CUESTIÓN INCONCLUSA EL PORQUÉ UN LOCO SIN SEÑAS NI ANTECEDENTES NOTABLES DECIDIÓ MATAR AL MÁS QUERIDO DE LOS LÍDERES COLOMBIANOS DE LA ÉPOCA

Dice Fidel sobre Gaitán, entrevistado por Arturo Alape para una obra monumental sobre el Bogotazo: “La tuve —la impresión— de la conversación con él; un hombre con su tipo indio, sagaz, muy inteligente. La tuve por sus discursos, especialmente de la ‘Oración de la Paz’, que era realmente el discurso de un orador virtuoso, preciosista del idioma y, además, elocuente. La tuve porque se identificaba con la posición más progresista del país y frente al Gobierno conservador. La tuve como abogado también por lo brillante que era. Es decir, brillante político, brillante orador, brillante abogado, todas esas cosas me causaron una impresión muy grande”. Fidel andaba tratando de animar la celebración de un Congreso Latinoamericano de Estudiantes en repudio a la creación de la OEA, por la entrega del Canal a Panamá y la devolución de las islas Malvinas a Argentina; por la independencia de Puerto Rico y contra la dictadura en República Dominicana. Toda esa cascada de ideas en ebullición en la cabeza de aquel loco de 22 años iba a ser apoyada y apadrinada por Gaitán. Pero la locura de la Historia llegó primero.

Del momento en que le quitaron la vida han trascendido versiones y puntos de vista, todos usados generalmente para incriminar a alguien. La más famosa de esas versiones quiere hacer creer que el joven Fidel tuvo algo que ver con ese asesinato, solo porque su nombre aparecía en la agenda del mártir colombiano como la próxima reunión pendiente. Se oculta cuidadosamente el hecho de que también estaba anotado en esa agenda el nombre de un tal Rómulo Betancourt; allá cada quien con su forma de manejar los datos y las sospechas.

De su última noche se sabe que estuvo ocupado en el caso judicial que llevó en los tribunales, la defensa de un militar en un caso de asesinato en contra de un periodista. Luego, en la mañana del día 9 de abril, una jornada ligera temprano y luego el simple acto de salir a almorzar a mediodía. Se han hecho docenas de conjeturas acerca del origen oscuro y casi desconocido del sujeto que le dio muerte a la salida del edificio donde trabajaba, un Juan Roa Sierra que le dio tres tiros con un revólver. Cuenta el relato más difundido que una turba enardecida capturó al asesino, lo linchó y paseó su cadáver por las calles de Bogotá mientras el resto de la ciudad se incendiaba. 300 personas fueron masacradas a tiros en los alrededores del palacio presidencial, docenas de comercios y edificios fueron destruidos o saqueados y ese es el largo incendio y aquella la larga masacre que no ha terminado en la historia de Colombia.

El discurso promedio pretende exhibir como misterio y como cuestión inconclusa el porqué un loco sin señas ni antecedentes notables decidió matar al más querido de los líderes colombianos de la época, pero dos exagentes de la CIA reconocen en el libro The invisible government la participación de la agencia estadounidense en el asesinato de Gaitán.

Su rostro aparece en el actual billete de 1.000 pesos del cono monetario colombiano.

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