ÉPALE310-LA TRAMA COTIDIANA

LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

Es difícil cuando alguien que quiera escribir una pieza teatral llegue frente a su instrumento de escritura, bien sea papel y lápiz, máquina de escribir o computadora, y sufra del “síndrome de la hoja en blanco”, entre otras cosas porque el proceso de escribir teatro suele comenzar mucho antes de sentarse a poner las ideas en palabras. Sin embargo, la situación puede generarse: el escritor tiene la idea, comienza a estructurarla en la mente, piensa en los personajes principales, vislumbra qué quiere el protagonista, cuáles son las fuerzas que se le oponen y qué obstáculos se generan, etcétera.  Estas ideas le exigen, además, imaginar el espacio físico y temporal en el que este enfrentamiento se va a desarrollar. Asimismo, puede tener intuiciones de cómo es el final y cuáles caminos conducen al mismo.

A pesar de todo esto, cuando está sentado y dispuesto a poner en “blanco y negro” todo lo imaginado, solo queda el blanco porque las palabras no le salen. Todo le suena hueco. A pesar de saber qué quiere su personaje protagónico no tiene muy claro los motivos, o le parecen demasiado gastados. Las razones del antagonista no existen, ya que solo se opone por mandato de la estructura. Comienza el rosario de pararse a ver por la ventana, servirse agua a cada rato, hojear libros, viajar por internet, jugar un solitario; y cada vez se aleja más de la posibilidad de enfocarse en su historia para poder vencer la nada que tiene frente a su ojos. Esa nada que pareciera ser el espejo de lo que ocurre en su mente.

Afortunadamente no es así… en su mente operan mecanismos complejos, miles de ideas que casi siempre se atascan, justamente porque son muchas, que interactúan obedeciendo al caos que conforman. Ese maremágnum, generalmente, adquiere una forma que permite el fluir de las ideas, los conceptos y los hallazgos para escribir la pieza. Muy frecuentemente transformando la idea primaria en otra cosa, producto de los procesos y dinámicas inherentes a la escritura.

El inicio de un año tiene mucho de “hoja en blanco”, en el sentido que acabamos de describir; pero también y con mucha más pertinencia en el sentido de lo que los griegos llamaron tabula rasa, que se refiere a una hoja o tablilla inmaculada que hay que llenar.

No hay dudas que este 2019 en Venezuela solamente está inmaculado en las hojas del almanaque, porque mucho de los acontecimientos por venir están diseñados, precedidos, prefijados por los años anteriores, donde las intenciones, los deseos, los planes están acompañados de obstáculos e intereses cada vez más claros, más contundentes y peligrosos. La hoja que vamos a escribir este año no está en blanco. Lo que no sabemos, y tenemos que encontrar, es el desenlace.

ÉPALE 310

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