DUELO OLIMPICO

LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

Tercer y último round: Duane Bobick sale al centro del ring; acaba de ganar la vuelta anterior y empató el primer asalto, un tremendo manotazo lo echa a la lona, se levanta, está aturdido. Vuelve a caer por una derecha que no se ve venir. Se levanta apocado, es víctima de una furia tempestuosa. Cae de nuevo. Ha quedado fuera de los cuartos de final. Teofilo Setevenson dio el paso definitivo para coronarse campeón olímpico en Múnich 1972 y convertirse en una leyenda eterna del boxeo.

Federica Pellegrini tiene su sensual y tatuado cuerpo expedito para la competencia. Es un animal de agua dulce, rebelde y dispuesto. Missy Franklin acaba de debutar y ya acapara oro. Es más bien como una buena chica estadounidense. Toda la atención en las piscinas y en los 200 metros libres en Londres 2012 está en ellas. Sin embargo, la presea se la lleva Allison Schmitt.

Larisa Latynina, rusa, y Agnes Keleti, húngara, protagonizaron un duelo gimnástico en los juegos de Melbourne 1956. La gracia, fuerza y precisión de ambas ya habían bordado una leyenda. Empataron en suelo para la medalla de oro. Pero Larisa ganó en saltos.

Bartosz luce confiado; Rubén, zurdo, se nota un poco ansioso. El noruego tiene un estilo clásico, le lleva una cabeza de altura a su rival. El zurdo alcanza una puntuación límite, no llegó allí como favorito pero sí pelo a pelo, le falta un punto. Piasecki comienza a descontar, pero Limardo alcanza el punto necesario con maestría y valor. Oro para Venezuela.

Esquilo venció en la olimpiada 71, año 484, con Los persas. Se mantuvo invicto y es considerado el padre de la tragedia; 16 años después ocupa el anfiteatro y compite con una obra de cuyo nombre los historiadores no pueden acordarse. Miles de personas presencian el encuentro. Cada espectador pone su alma en vilo para experimentar la catarsis final. Esquilo es derrotado. Sófocles, llamado El Príncipe de la Tragedia, no solo por su escritura sino por su buen porte, es el vencedor. También él mantiene una larga secuencia de invictos, aunque se cuenta que, en una especie de venganza, en la olimpiada 87, Eufrión, hijo de Esquilo, obtuvo el primer lugar, relegando a Sófocles al segundo. De tercero quedó Eurípides con Medea, la pieza que hizo memorable esa olimpiada.

Es un largo periplo en el que la humanidad ha tenido la ilusa pretensión de evolucionar y ha creído presenciar un proceso de desarrollo. Sin embargo, sea una medalla o una corona de laureles, una obra teatral o un salto de garrocha, poco hemos cambiado.

ÉPALE 190

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